Escribir y comentar sobre los deportes en México no es tan sencillo como lo pensamos. Si referimos al deporte en lo oficial, donde meten mano tanto los gobiernos como la iniciativa privada, el espacio y el tiempo se hacen chiquitos. Si lo particularizamos en torno al deporte que apasiona al mundo, el fútbol soccer, caeremos en un hoyo tan profundo del cual es difícil salir. Es un verdadero negocio en el que se comercia con la dignidad y la libertad de seres humanos; los jugadores son tratados como productos comerciales, se fijan precios y se trafica como en los bazares persas.

Desde hace años los comerciantes del fútbol determinaron como superar sus ganancias, sin importar que el fútbol como deporte sufriera una transformación radical. “Idearon” hacer sus torneos cortos, clasificar por grupos y hacer una “liguilla” para otorgar el título de “campeón” al menos malo de los equipos participantes. Los campeonatos durante mucho tiempo duraban un año, había un campeón de Liga y otro de Copa, para después enfrentarlos y tener un campeón de campeones.


En pláticas con don Fernando Marcos supimos de cómo auténtica y realmente los jugadores sudaban la camiseta. Entraban a la cancha con el ánimo muy elevado y un espíritu deportivo único. Corrían, driblaban, gambeteaban, hacían maravillas con el balón para incrustarlo en las porterías. Eran los días del Parque Asturias, todo construido con madera, que estaba en céntrica zona de la Ciudad de México. Eran los años 40s y 50s. Ya había pasado la época del Parque España, también enclavado en la capital del país.

Don Fernando fue toda una institución en la crónica deportiva, aunque destacó en la de fútbol, hablaba con propiedad de cualquier deporte y su cultura universal lo hacia un comentarista polifacético. En el deporte de las patadas fue jugador, entrenador (hoy le dicen director técnico), seleccionado nacional, entrenador de la Selección Nacional y árbitro. Compartimos escritorios en la redacción del diario La Prensa, por más de veinte años, tiempo en que Don Fernando tejió finamente para que se diera paso al apasionado clásico entre “los cremas” del América y “las chivas” del Guadalajara, a tal grado se hizo odioso en la Perla Tapatía que en el estadio extendían mantas criticándolo rudamente.

Otro que nos hizo comentarios al fútbol de hace un siglo fue el profesor de educación física Filiberto Navas Valdés, muy conocido y apreciado en Toluca, Estado de México. Hombre nacido a finales del siglo XIX formó parte de los fundadores del Club Deportivo Toluca, allá por 1917. Era portero y en esa posición, según registros deportivos, metió un gol despejando el balón de un puñetazo. Llegó a decirnos, meses antes de su muerte en 1988, que “en el fútbol de hoy, los que deciden un partido son los árbitros”. Tenía sus argumentos muy sólidos para decirlo.

Sin lugar a dudas el fútbol soccer se practica en todo el país, desde los modestos “llaneros” hasta los jóvenes estudiantes de secundaria. Son millones de los aficionados que acuden a los estadios, inclusive en entidades donde también el béisbol es dominante en afición y practicantes. Conocí en Chetumal, Quintana Roo, a un joven empresario seguidor del América que no descansó hasta tener un pequeño parque-estadio para promover el balompié.

Todo es muy bueno, sin faltar los peros o los prietitos en el arroz. Hoy en día los empresarios, los dueños de los equipos de la “liga mayor” o como quieran llamarle a los “primera división”, están inmersos en hacer negocio sin intervención de las autoridades, ya sean federales, estatales o municipales. Ellos imponen su ley, sus reglamentos y sus disposiciones. Los jugadores no pueden ni deben criticar a los “federativos”, tampoco censurar a los “señores árbitros” o sea que les vale el derecho constitucional de que gozamos todos los mexicanos.

Aquellos que se atreven a “violar” esas órdenes pasan a formar parte de las “listas negras” o simplemente los “congelan” que equivale a no alinearlos en los juegos formales, oficiales, así como no tienen derecho a irse a otro equipo. En los llamados “drafts” se comercia con ellos, sin consulta alguna.

Por supuesto que dados los intereses que se mueven y la tremenda fuerza política-económica de los dueños, se convierten en intocables.

Hemos leído y escuchado que todo un equipo de fútbol, un plantel como dicen los especializados, se encuentra transferible. Se trata de profesionales, entre ellos varios de origen sudamericano. Se les culpa de no haber realizado “buena campaña” y propiciado que el equipo quedara en los últimos lugares del minitorneo y fuera del negocio denominado “la liguilla” que los hace perder patrocinios millonarios. El dueño, poderoso hombre de la televisión, cree que ajusticiando a todos para el siguiente “campeonato” será campeón. Pobres “Águilas del América”, hoy viven lo que otro negociador del fútbol hizo en tierras hidalguenses. ¡Viva México!

Periodista, articulista, comentarista en Radio y Televisión. Ha sido Jefe de Información y Director de Noticiarios de Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional; Magistrado Numerario Fundador Tribunal Superior Agrario; Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México; Representante del Gobierno del Estado de México en el D.F.; Director del Centro de Estudios de Justicia Agraria “Doctor Sergio García Ramírez” del Tribunal Superior Agrario y Director periodístico de la Agencia Mexicana de Información (AMI). Autor del libro “Bob Kennedy y los Asesinos sin Cara”. 1968. Autor del libro “La Radio, El PRI y El Destape”. 1988. [email protected]