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En éste artículo no se plantea el generar una cacería de brujas o satanización en contra de las personas con preferencias sexuales distintas. Si el mundo fuera viceversa; es decir, donde lo “normal” fuera que hombres se relacionaran conyugalmente con hombre y mujeres con mujeres y lo “atípico” o “fenómeno” (como erróneamente se ha calificado), fuesen las relaciones con el sexo opuesto, también sería una aberración el tratar de coaccionar, amedrentar e imponer leyes que coartaran la libertad sexual. Sería como exigirle a un hombre que se convirtiera en mujer y viceversa. Pues sin importar la sexualidad, el ser humano tiene sus emociones, sentimientos, sueños y deceso de alcanzar ciertos objetivos en la vida y una de ellas, es el compartir su vida con el ser amado. Y si esa otra persona es un ente de la misma afinidad anatómica sexual y éste está plenamente de acuerdo en dicho proyecto; no queda más que la aceptabilidad por la sociedad misma; pues es “AMOR” lo que está en juego, por tan aberrante y descarado que se escuche, pero en esos sentimientos ni Dios puede mandar y tal como los “normales” tienen derecho a amar, así mismo lo tienen ellos.

Lamentablemente como sociedad nos hace falta mucha educación con respecto a la forma en que hay que asimilar este tema; al que muchos puritanos lo catalogan de “tragedia” ó “degeneración”. Existe una desigualdad y discriminación hacia esos grupos por parte de la misma sociedad y a la vez una contradicción de actitudes. Cuyo ejemplo más claro ocurrió durante una de las bodas reales ocurrida recientemente en Inglaterra; en la que las cámaras de televisión captaron al famoso cantante, Elton John acompañado de su bebé  y de su –“flamante “esposo”–; así lo expresaron todos los medios de comunicación. Aquí resalta la hipocresía y desigualdad social; pues si la persona de preferencia sexual diversa, hubiese sido algún pobre desconocido, la misma prensa o sociedad hubiera amarillado la nota. Reputando al primero de ser un –“¡Maldito afeminado!”– (suprimiendo palabras soez) y al acompañante calificándole de ser un artículo o utensilio de cocina (expresión del vulgo). Y probablemente; ni siquiera le hubieran permitido estar en dicha celebración matrimonial ¿Acaso los lésbico-homosexuales necesitan de dinero y fama para tener un trato social con dignidad?

Recientemente en el Distrito Federal; su asamblea legislativa local aprobó la reforma a la ley de convivencia social, en la que se les faculto a las personas del mismo sexo a poder contraer matrimonio. Adquiriendo así mismo; las garantías establecidas en la ley como el derecho a ser asegurado ante las instituciones de salud, derecho la transmitir derechos y obligaciones como la herencia vía testamentaria. Y como todo largo proceso por los litigios y ambigüedades de la ley, recientemente se aprobó el derecho a la adopción. Lo que saco a luz el debate sobre la confiabilidad de dichos matrimonios para facultarles responsabilidades de crianza, educación y formación infantil. Polarizándose en dos frentes; donde los primeros expresaban que serían un mal ejemplo y que por consecuencia, traerían degeneración a las nuevas generaciones. Y los contrarios enarbolaban la igualdad social y argumentando que el ser hijos de padres del mismo sexo no eran factores de degeneración.

En lo particular; tampoco se deben satanizar las familias “anormales” porque de hecho; hasta en las familias “normales” o comunes, brotan los malos hijos, los sin corazón. O los padres amorosos de la comodidad y holgazanería; que prefieren prostituir a sus hijas y explotar a sus hijos para alcanzar dichos objetivos. Todo radica en la educación, atención y amor que le dediquen a la formación de la personalidad que le fomenten al infante. Si le implantan buenos valores; el resultado será la riqueza misma y si le dejan a la libertad como muchos matrimonios irresponsables de hoy en día lo saben hacer; es obvio que se cosechara un mal producto. Conozco amistades que fueron criadas por parejas de la misma afinidad sexual y no sufrieron las tan cacaraqueadas desviaciones que tanto argumentan los puritanos. Y la degeneración no es característica exclusiva de la homosexualidad; todo ser humano en su afán por perseguir sus propias depravaciones e instintos pecaminosos es fiel candidato de formar malas generaciones.  

Pero esta parte del tema; tampoco es elemento esencial de nuestro objetivo de análisis. Sin embargo, se hizo necesario expresar los anteriores párrafos para tomarlos como base del problema real que se les presentan a los juristas del derecho. Y es que gracias a esta reforma; también se modificaron las garantías establecidas en el código civil del DF y el resto de los Estados en el país, generando un fenómeno de vacío legal. Y dejando plenamente comprobado que no existe tal autonomía institucional entre los Estados que integran a la república mexicana. Dicha reforma dejo aplastada a la propia carta magna; pues ¿Dónde queda la ley que establece que los Estados son “autónomos”, libres y soberanos? Repito; ésta crítica no es en contra de los derechos sexuales de las personas, sino en contra la falta de atención, respeto e inclusión que tuvo la legislación local del Distrito Federal, para avalar las modificaciones sin “incluir” al resto de las entidades federativas y por consecuencia, excluyéndolas del derecho. Pues dicha acción atento directamente en contra las garantías; no del hombre, sino de las garantías individuales de los Estados y como consecuencia; se incurrió en una violación a la autonomía de los mismos.

Esa teoría de que cada uno de los Estados que integran a la confederación Mexicana, son “autónomos” hoy quedo desfasada; para dar paso al nuevo término de “Estados Heterónomos”. Pues el contrato matrimonial como lo establece el código civil es inalienable, indivisible e inalterable sin el consentimiento de quienes lo conforman, pues es un acuerdo de dos partes, con sus atribuciones, derechos y obligaciones. Tanto en alimentos, bienes y derechos a las prestaciones y servicios de salud, educación, vivienda, entre otras. Es decir que; el Estado queda obligado a otorgar las facilidades, para que a través de sus instituciones, validen las solicitudes, atribuciones y exigencias  que los matrimonios ordinarios y lésbico-homosexuales soliciten, si así lo hicieren. Hasta aquí ha quedado bien comprendido todo éste asunto.  

Ahora bien; el matrimonio es válido en todos los Estados de la república, sin importar la manera en que estén constituidos estos. Luego entonces; los Estados de la república mexicana ¿Están obligados a cumplir con las facilidades para otorgarles el acceso a estas parejas a todos los derechos matrimoniales? Y más aún ante el hecho de que se basan en una ley que solo fue aprobada por una entidad o jefatura de gobierno como el Distrito Federal. Y de ser así ¿No se está violando la autonomía legislativa y soberana del resto de las entidades federativas al obligarlas a cumplir una ley externa? Ejemplo: Pedro y Juan se casaron en el DF; pero ambos radican en Guerrero, por lo que Pedro solicita el Estado (de Guerrero) el otorgamiento de derechos y garantías a los que Juan tiene derecho por ser el cónyuge. Luego entonces ¿Cómo debe actuar el Estado de Guerrero? Primera respuesta: ¿Debe desconocer dicha unión matrimonial? ¿Atentando en contra de las leyes civiles? Segunda respuesta: ¿Debe solicitarle a Pedro y Juan que se vallan a erradicar al DF para que adquieran sus derechos correspondientes? ¿Trasgrediendo las garantías individuales y la dignidad e igualdades a las que el matrimonio tiene derecho? Tercera respuesta: ¿Deberá someterse a una ley o norma heterónoma; aun en contra de sus propios preceptos?   

Ahora bien; si la respuesta es la tercera, basada en la tolerancia. Dónde ¡dónde queda ése monumento de autonomía! (parafraseando una declamación) y luego entonces; si al Estado de Guerrero se le ocurriese modificar sus leyes en materia de convivencia social y civiles ¿Podría el DF aceptar someterse a éstas leyes o normas heterónoma sin su consentimiento? Tal vez los Estados siempre han sido heterónomos y lo expresado en la constitución o códigos, siempre estuvo desfasado de la realidad social o tal vez la legislatura local del Distrito Federal tan solo pensó en lo mediático. En las circunstancias electorales o en la gran derrama económica que generan estos matrimonios; que no observo los alcances de antisoberanía e inconstitucionalidad que traería ésta reforma ante la falta de participación del resto de los Estados del País para su aprobación. Si se busca vivir en armonía; es necesario que nos quitemos las etiquetas de jóvenes o viejos, de hombres o mujeres, de ricos o pobres, de católicos o cristianos, de blancos o negros, de capitalistas o comunistas. Y recordar que todos coincidimos en dos cosas; la primera, que somos humanos y la segunda, que buscamos la felicidad. –“Pero así es el sistema”– dirán los mediocres. Mas no alcanzan a comprender que todos somos el sistema y cuando nos decidamos a cambiar y digamos –“¡Basta!”–; entonces dejaremos de ser parte de él y éste cambiará. La trasformación se alcansa con la inclusión de las ideas de todos y no con la imposición y coacción de unos cuantos.

Lo mismo para los Estados Gobiernos; antes de tomar una decisión, debe incluir a todos los que se van a ver afectados en dicha trasformación. Y que dichas iniciativas de ley tengan el sustento científico; para que después no estemos lamentándonos por los fenómenos o abortos legislativos que se convierten en nuestros propios verdugos. Y solo después de la sordera social a la invitación de legislar juntos; será necesario emprender el camino legislativo. Pues hay que recordar que –“el respeto al derecho ajeno, es la paz”– y que –“Mi derecho termina, donde comienza el del tercero”–. Hoy nos queda claro que no existe soberanía, Estado, gobernabilidad y autonomía. Lo malo de esta experiencia es que ya se abrió una puerta; un vacío legal y así como es el mexicano de ingenioso para los vicios ocultos, después de ver una puerta abierta a posibles corruptelas y ambigüedades ¿Qué nuevos monstruos nos esperan tras el armario?    Â