Otra vez, el marcado como favorito, quedó a merced del octavo; el SuperlÃder se cae a la hora buena y la maldición volvió a aparecer, en el peor momento para Guadalajara.
Fernando Quirarte sólo se llevaba la mano izquierda al rostro, en un inequÃvoco signo de impotencia, de rabia. Chivas fue noqueado en 90 minutos, y en grandes tramos del partido, ni las manos pudo meter.
Chivas sufrió mucho durante el encuentro de ida, por momentos parecÃa liquidado, ni las manos lograba meter, pero en la última jugada del encuentro, logró rescatar un gol que acorta la distancia en la eliminatoria, y le mantiene respirando, a pesar de ser derrotado ante los Gallos Blancos, por 2-1 en el encuentro de ida de los Cuartos de final de la Liguilla del torneo Apertura 2011.
El torneo pasado, Chivas se encargó de liquidar al superlÃder Tigres, ahora, los Gallos Blancos parecen tenerle lista la medida a los Rojiblancos. El marcador final no reflejó la realidad del encuentro, en el cual, el “Rebaño†recibió dos “izquierdazos†de Carlos Bueno, para nublarle la visión por completo a un equipo rojiblanco que, desde el inicio, ya se veÃa azorado, pero que en la última jugada del encuentro pudo reaccionar.
Nunca como hoy fue evidente la ausencia de Marco Fabián en la cancha, siendo este un factor que le ha cambiado la cara a Chivas, en los momentos importantes y decisivos. Hoy el “Rebaño†no tuvo a esa figura que se echara al equipo al hombro, que tomara la pelota y marcara la diferencia.
Querétaro fue amo y señor absoluto del encuentro. Aprovechó su momento, ése en el cual Guadalajara no encontró la fórmula para soportar el vendaval queretano del inicio del encuentro, donde los locales salieron a comerse vivo al SuperlÃder, con una magistral actuación colectiva, donde sobresalieron los desempeños individuales de Carlos Bueno, y el hijo pródigo de Chivas: Adolfo Bautista.
En el minuto 9’, Carlos Bueno recibió un pase de Sergio Amaury Ponce, otro jugador de los Gallos que llevó durante algún tiempo los colores rojiblancos. Ante la total displicencia de Mario de Luna, el uruguayo se acomodó y disparó de zurda, mandando su tiro por encima de la estirada de VÃctor Hugo Hernández, poniéndole diferencia al marcador, pegando temprano el primer golpe mortal.
Chivas nunca encontró respuesta, a pesar de los constantes regaños de Fernando Quirarte, quien no tuvo un planteamiento inicial que se adecuara a las necesidades del equipo. Los rojiblancos fueron ineficaces, no pudieron tomar la pelota y controlar las acciones, reinventarse dentro de la cancha y el nerviosismo del resultado, en combinación con su pobre funcionamiento, los fueron disminuyendo cada vez más.
Fue hasta la recta final del primer tiempo, cuando Chivas pudo encontrar un desempeño regular, haciendo paredes, tocando la pelota y tratando de llegar de manera frontal al arco de Liborio Sánchez, quien nunca fue exigido a fondo en el cotejo.
En la parte complementaria, Guadalajara intentó reaccionar, pero la pobreza de su ataque no le alcanzó para superar a un equipo Gallo bien parado en el campo, sólido, pero sobre todo, bien cobijado por su afición y con la motivación por los aires.
Quirarte buscó modificar el esquema, pero tampoco le funcionó meter a Jorge Mora, tampoco el ingreso de Xavier Báez representó una mejorÃa considerable. El puntillazo final lo colocó Carlos Bueno, al 69’, en una definición de riñones al anticiparse en la definición a la cobertura de la zaga, tras una jugada individual por el costado izquierdo que reflejó la mala marcación del Guadalajara.
Al 93’ en la última jugada del encuentro, Jorge “Chatón†EnrÃquez, quien ingresó como el último cambio, remató de cabeza un centro desde la izquierda, para mantener vivo la ilusión rojiblanca, pero hará falta mucho más que sueños para reaccionar de tan duro golpe que Chivas sufrió, a pesar de que el marcador no exhibió la realidad del juego.
Chivas sigue vivo, y seguirá respirando hasta el próximo sábado, cuando en el Estadio Omnilife pueda demostrar que tiene argumentos para, al menos, avanzar a la siguiente ronda y poder romper el estigma del “maldito superlÃder”.

























