La declinación del senador sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera a la inscripción para competir por la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Institucional tiene muchas aristas. Sorpresiva no lo fue, porque apuntaba desde el momento en que el propio legislador y su compañero de escaño, Francisco Labastida Ochoa, se pronunciaron en contra de la alianza priista con dos “partiditos”, de las concesiones que se les hacían en cuanto a espacios senatoriales y diputadiles, así como no estuvieron de acuerdo con la convocatoria para el registro de aspirantes a contender en el proceso electoral del 2012.

Beltrones Rivera estaba por un Gobierno de Coalición como también lo manifestó Marcelo Ebrard Casaubón, retirado de la contienda porque las encuestas le favorecieron a Andrés Manuel López Obrador. Dos políticos maduros. Un par de mexicanos con mucha fibra para seguir en la pelea. Hoy se dice que ambos son hombres con mucho y positivo futuro. El de Sonora podría llegar a ser presidente nacional del PRI o inclusive el coordinador de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. El jefe del Gobierno del D.F. es tan inteligente que por ahora se cuida.


La salida de estos dos personajes, uno por voluntad propia y otro por determinación de encuestas, deja en muy mal sitio a los dos precandidatos más visibles, porque ahora deberán de encontrar a sus contendientes para posibilitarse campos de acción en los medios electrónicos. No será extraño que Alberto Anaya o uno de sus cercanos quiera jugar el papel de “juanito” al lado de López Obrador, pero para Peña Nieto será más complicado aunque no falta un priista como lo fue hace seis años Everardo Cruz que compitió contra Roberto Madrazo. Aunque es factible que Peña Nieto sea declarado “Candidato de Unidad” y no requiera precampaña y la vanidad le permitirá a Andrés Manuel hacer lo mismo.

El caso de los dos gallos temporalmente “desplumados”, es muy diferente al de los precandidatos del Partido Acción Nacional. Primero Maderito, el “presidente nacional”, anunció tener a diez precandidatos, pero resultaron siete y de ellos cuatro tiraron la toalla: Javier Lozano Alarcón, fue el primero a pesar de que se decía el “seguro gallo azul”. Después el sinaloense Heriberto Félix y lo siguió el maestro Alonso Lujambio Irazábal, finalmente se fue el mal hablado y tequilio Emilio González Márquez, aún gobernador de Jalisco.

Los panistas no causaron mella alguna en los planes del Presidente Felipe Calderón Hinojosa, sino le favorecieron porque dejaron más libre el camino para seguir impulsando al actuario Ernesto Cordero Arroyo aunque la popularidad se la lleva doña Josefina Vázquez Mota y el senador con licenciad Santiago Creel Miranda no da su brazo a torcer. Todavía no deciden como llegar al final, aunque es probable que no se cumplan los deseos del “guanajuatense” Vicente Fox Quesada y sea un priista el que reciba las llaves de la mansión del Bosque de Chapultepec, convertida en sede del Poder Ejecutivo Federal.

Después de ese paréntesis obligado, retomo los pensamientos del senador Beltrones Rivera expuestos en un desplegado que apareció en los diarios, el pasado lunes. “Este no es el tiempo de las ambiciones ni de la simulación. Es la hora de las definiciones” y también apuntó certeramente que “La simulación y la ingratitud son los peores venenos de la política y nos han hecho mucho daño”.

Por más que se oculten las ambiciones éstas no desaparecen. La ambición legítima perdura y es refleja honestidad. La simulación, en política mexicana, se ha practicado de diferentes maneras y una muy conocida es la de las tristemente famosas “juanitas” en la Cámara de Diputados y que adquirieron el mote por la aparición un sujeto que apoyado por López Obrador se dijo Delegado Político o Jefe Delegacional en Iztapalapa, Distrito Federal, pero el mismo tabasqueño lo hizo que renunciara para dejar en su lugar a Clara Brugada, perredista del grupo de “El Peje”.

Cuando Beltrones escribió que la ingratitud es uno de los peores venenos de la política, simplemente nos hace recordar a aquellos que llegaron al mando nacional del PRI y lo primero que hicieron fue marginar a muchos de los valores, personajes o cuadros como les llaman ahora, que podían integrar un verdadero Consejo Consultivo de gran utilidad por la experiencia que asimilaron. Los aztecas, los mayas, los Olmecas y muchos grupos indígenas, eran sabios, tenían su Consejo de Ancianos.

En el PRI tienen al campechano Rafael “El Chel” Rodríguez Barrera, al mexiquense Guillermo González Martínez, al regiomontano Julio Camelo Martínez, al sinaloense Heriberto Galindo Quiñones, al zacatecano Rafael Cervantes Acuña, al guerrerense José Merino Castrejón. Mujeres experimentadas como la yucateca Dulce María Sauri Riancho, la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel –hoy diputada federal–, a María de los Ángeles Moreno. Los jóvenes, esos si ansiosos, ambiciosos y hasta incontrolables están en lista de espera y más bien de que les hagan caso.

Hay gallos de pelea, desplumados por ahora, pero que repuntarán en el 2012 desde la tribuna que se les asigne, porque ni Manlio Fabio ni Marcelo Ebrard cambiarán de plumaje, simplemente lo renovarán.

Periodista, articulista, comentarista en Radio y Televisión. Ha sido Jefe de Información y Director de Noticiarios de Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional; Magistrado Numerario Fundador Tribunal Superior Agrario; Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México; Representante del Gobierno del Estado de México en el D.F.; Director del Centro de Estudios de Justicia Agraria “Doctor Sergio García Ramírez” del Tribunal Superior Agrario y Director periodístico de la Agencia Mexicana de Información (AMI). Autor del libro “Bob Kennedy y los Asesinos sin Cara”. 1968. Autor del libro “La Radio, El PRI y El Destape”. 1988. [email protected]