Una tapa es también un repositorio de la historia, lo sabe bien el guanajuatense, David Quevedo, con su exquisita creación: una tapa bautizada como Chile Ceremonial que lo ha llevado directo a la conquista del V Campeonato Mundial de Tapas organizado en Valladolid. Se trata de una  ciudad con mucha personalidad ubicada al noroeste de España y a 190 kilómetros de Madrid que, en sus monumentos y documentos históricos, esconde la llave del pasado hispanoamericano.

            Por lo que corresponde al XVII Concurso Nacional de Tapas,  ha sido también una victoria para otra tapa mexicana pero esta vez elaborada por el chef local, Alejandro San José, con su Salbut Criollo.

            Hasta la Cúpula del Milenio asistí invitada, como periodista, para ser  testigo de este magnífico encuentro, para la justa nacional participaron 45 cocineros de diversas partes de la geografía ibérica y solo 16 chefs para la competición mundial.

            La inauguración del evento contó con la presencia de Óscar Puente, alcalde de Valladolid, Ana Redondo, concejala de Cultura y Turismo, así como de João Mira-Gomes, embajador de Portugal en España.

            El jurado,  tanto para el certamen nacional, como para el  mundial contó con la calidad de los  siguientes chefs: Jesús Sánchez, que fungió como presidente del jurado, y estuvo acompañado por otros estrellas Michelin como Elena Arzak, Ricardo Costa, Marc Segarra, Miguel Ángel de la Cruz, Víctor Gutiérrez y Cristóbal Muñoz; a los que se unieron, Lourdes Plana, presidenta de la Real Academia de Gastronomía, Miguel Pereda, director de Marketing Michelin,  Luis Cepeda, periodista gastronómico, Pepa Muñoz, presidenta de la Federación Española de Cocineros y Reposteros de España,  entre otras más personalidades y destacados chefs.

            Se valoró la creatividad, el sabor, la fusión de ideas que la tapa cumpliese con el mérito de ser “ese pedazo pequeño de comida” que pudiese ser comida entre uno a dos bocados –siempre sin despedazarse– y que fuese asequible para las personas con un precio de 1.20 euros. Los concursantes que pasaron a la fase final debieron demostrar la habilidad de cocinar 8 tapas en 25 minutos.

A COLACIÓN

            El vallisoletano, Alejandro San José, del restaurante Habanero Taquería ganó el trofeo nacional dotado con 10 mil euros y  un trofeo como el campeón de España de Tapas.

            El anuncio del chef, David Quevedo, como campeón del V Campeonato Mundial de Tapas, desató la algarabía de los presentes sobre todo de la delegación que, desde Guanajuato, acompañó a Quevedo en su aventura por conquistar los paladares internacionales. También se llevó 10 mil euros, diploma y trofeo.

            Quevedo  participó por parte de Viñedo San Miguel, con su restaurante Trasiego, y eligió una fusión de corrientes indígenas con su Chile Ceremonial, una tapa majestuosamente presentada en una colorida Catrina.

            Entre tanto barullo pude hablar con el chef  Quevedo quien me explicó que lleva tiempo (diez años) estudiando la cocina ancestral-tradicional mexicana y por eso decidió competir con esta creación con ingredientes tales como: el chile, la tortilla y la carne de conejo y además utilizó una hierba, el Muicle, como parte de la cultura Otomí para grabar la tortilla.

            “He querido plasmar los sabores de México, mostrar lo mejor de nuestra cultura y por eso elegí el chile y la tortilla. Me he encargado de darles una estética con base a lo que nuestra cocina tradicional de nuestros ancestros hacían de una forma de ritual… de agradecimiento a la vida, a los alimentos. Por eso lo he traído porque he  querido transmitir esa pasión que había en la cocina tradicional nuestra”, dijo Quevedo rebosante de felicidad tras conocerse como ganador.

            Algunos ancestros indígenas,  utilizaban el Muicle,  para hacer un sellado como una especie de troquel en sus tortillas para identificarse en las festividades en los pueblos; y ha ido pasando de generación en generación.

            Una victoria que sabe a fiesta, alegría, jolgorio, sabor e historia porque sigue entretejiendo destinos comunes entre México y España. El bello estand de México, instalado en la Cúpula del Milenio, se adornó con un par de monigotes uno de ellos dedicado al gran pintor Diego Rivera. Desde el otro lado del Atlántico, se trajeron 75 kilogramos de comida preparada y envasada al vacío para ofrecerle a los participantes y visitantes un pedacito del cielo gastronómico mexicano que brilla por todo lo alto.