Las referencias de Felipe Calderón respecto a la intervención del crimen organizado en los comicios que se desarrollan en el paÃs, es un tardÃo reconocimiento a una situación de la que desde hace tiempo habÃamos alertado y que el presidente de la República egoÃstamente minimizó por años, por lo que de no tomarse cartas en el asunto pondrá en riesgo la viabilidad no sólo de las elecciones federales de julio de 2012, sino del inacabado modelo de democracia que tantos años le ha costado construir a los mexicanos y mexicanas.
Ante un asunto de suma gravedad como a la que ayer se hizo referencia, el presidente de la República necesita pasar de las denuncias a las acciones concretas, dejar de repartir culpas y poner en operación, de una vez por todas, las recomendaciones que la clase polÃtica, los partidos de la oposición, los intelectuales, los analistas y la sociedad en general hemos elaborado para hacerle frente a una actividad que amenaza con imponer su ley sobre las reglas que hemos establecido para la convivencia social y polÃtica en nuestro paÃs.
Es criticable que Calderón tome como pretexto el reciente asesinato del alcalde de La Piedad, Michoacán, -de extracción panista- para pedirle a la clase polÃtica trabajar conjuntamente -ahora sÃ- contra el flagelo del narcotráfico, cuando desde 2008 han sido asesinados 32 presidentes municipales y varios candidatos a puestos de elección popular de diferentes partidos, periodo en el que el panista ha desdeñado una y otra vez las recomendaciones expresadas por la clase polÃtica durante los llamados diálogos por la seguridad a los que convocó.
Al poner énfasis en el caso de Michoacán y elevar a nivel de mártir a Ricardo Guzmán, Calderón no sólo minimiza que las amenazas del narcotráfico en las elecciones en México están presentes en todo el territorio nacional, sino que más bien parece lamentar que a pesar de los tres años que invirtió para desestabilizar al gobierno de Leonel Godoy Rangel con la infamia del michoacanazo, no haya podido imponer a su hermana Luisa MarÃa como gobernadora, y peor aún, que el beneficiario de dicha estrategia haya sido el PRI.
Como lo hicimos cuando fuimos convocados para externar nuestros puntos de vista sobre las medidas que se deberÃan tomar para combatir la inseguridad que priva en el paÃs, volvemos a externar nuestro deseo de abonar a cambiar la triste realidad que tiene sumido a sus habitantes en la zozobra y en la incertidumbre, pero requerimos un genuino cambio de actitud de parte del presidente de la República, quien debe dejar atrás la cerrazón y mostrarse receptivo incluso a aquellas propuestas que señalan que el modelo de combate a la delincuencia instrumentado desde el inicio de este sexenio está agotado.
En momentos tan apremiantes, lo que menos se necesita son los lamentos y reclamos de quien se supone es la máxima autoridad en este paÃs. Por el contrario, lo que se requiere es una posición clara y contundente sobre lo que su gobierno hará para blindar el próximo proceso electoral de narcocandidatos y dinero sucio proveniente de crimen organizado.
























