Cada generación ha vivido sus propios desafíos, desde luego que las dos últimas guerras mundiales del siglo pasado han sido cruciales con una inmensa dosis de problemas por resolver, primeramente pasando por el hecho mismo de la supervivencia en medio de la guerra.
Esas fueron generaciones marcadas por el dolor inmenso de la devastación con considerables pérdidas humanas y gran destrucción material. Lo más increíble de todo es que el cerebro tiene la capacidad a largo plazo de olvidar el dolor.
En la actualidad, las generaciones presentes enfrentamos una época de transición en la Cuarta Revolución Industrial, padecemos además los estragos de una pandemia por un patógeno de origen desconocido y encima, hay otra pandemia que es la del cambio climático de la que ya no podremos librarnos bajo ningún concepto.
Me atrevo a decir, que tenemos conjugadas varias variables que obran en nuestra contra, como si tuviésemos otra gran guerra que nos obliga a reinventarnos, a sobrevivir y a buscar en la resiliencia la clave para no sucumbir.
La Cuarta Revolución Industrial que es, tecnológica y digital, de hecho ha acelerado su ritmo gracias a la pandemia; con la variante Delta acelerando los contagios, diversos gobiernos en el mundo se cuestionan si la vuelta a clases en este nuevo ciclo escolar podrá ser presencial o de plano se continúa en línea.
La adquisición de tablets, computadoras fijas y portátiles, de teléfonos y otros dispositivos tecnológicos ha incrementado exponencialmente convirtiéndose en infaltable para hablar con los seres queridos; pero igualmente, para trabajar y para la educación.
Hemos debido improvisar sobre de la marcha y readaptarnos lo más rápidamente para atender lo más prioritario; me parece curioso igualmente que muchas personas mayores que nunca antes habían realizado una reunión por Zoom o inclusive, efectuado una compra por Internet, lo hagan ahora.
Está pandemia que todavía no tiene fecha de caducidad –me refiero a la del virus– ha significado la quiebra de múltiples subsectores económicos, basta con salir alrededor a la calle y dar un paseo por el barrio o dirigirse hacia el centro de la ciudad para ver la cantidad de locales cerrados con letreros de se traspasa, se alquila o se vende.
Sinceramente asusta, porque detrás de cada negocio quebrado hay una familia por alimentar, con deudas, gastos… posiblemente con una hipoteca y un futuro que de momento se ha tornado grisáceo.
¿Qué hacer ante la adversidad? La experiencia relacionada con las dos guerras mundiales anteriores, así como las etapas atribuidas con metamorfosis trascendentales como las anteriores revoluciones industriales demuestran que solo sobreviven a la adversidad las personas que se adaptan rápidamente y ven, en medio de la oscuridad, la creación de nuevas oportunidades.
A COLACIÓN
En donde hay una necesidad por cubrir hay una oportunidad… hay que localizarla y planificar cómo satisfacerla. A mí en lo personal siempre me han sorprendido cómo las ideas más simples pueden llegar a generar fortunas considerables.
En especial, recuerdo la historia de María de Lourdes Sobrino, a quien conocí en un evento en Guadalajara, Jalisco; ella es conocida en Estados Unidos como la “reina de las gelatinas”. Y todo sucedió un día, en San Antonio, Texas, de visita con su hija recién casada con un sencillo antojo de una gelatina.
Sobrino se dio cuenta que, en ningún supermercado ni de pequeña ni de gran superficie, había las gelatinas a las que ella estaba acostumbrada a comer en su natal México. Y sabiendo que hay un amplio nicho de mercado hispano, ella comenzó en la cocina de la casa de su hija vendiendo quince gelatinas en vasitos en las tienditas que le permitían hacerlo.
En medio año ya tenía pedidos de más de 300 gelatinas y terminó montando Lulu´s Foods Inc y lo mejor de todo es que actualmente tiene el liderazgo de ventas de gelatinas en la Unión Americana. Así es que, en las circunstancias actuales, esto es lo que necesitamos para no sucumbir: resiliencia, tenacidad e identificar las nuevas oportunidades. ¡No decaigamos!
























