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Durante las últimas dos décadas, el ingreso real de las familias de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) incrementó en promedio a una razón anual de 1.7%, sin embargo; el ingreso real incrementó a una tasa mayor para las familias pertenecientes al 10% más rico de la población que para el 10% más pobre de la sociedad. La brecha salarial ha incrementado y se atenúa cada vez más al igual que la desigualdad que se vive en el mundo. Este desequilibrio en los ingresos reales que se agudiza año tras año, me ha llevado a pensar que la desigualdad no es una cuestión cíclica o de coyuntura, sino un problema estructural que deriva del sistema económico que impera en la mayoría de los países. Actualmente, la región de América Latina presenta la mayor desigualdad de los ingresos en el mundo. Los estudios realizados por la OCDE, revelan que México tiene el segundo nivel más elevado de desigualdad de los ingresos en la población activa en la OCDE, solamente por debajo de Chile pero muy por encima de la media. La desigualdad salarial y la desigualdad en general, no es problema menor ya que tiene fuertes consecuencias en el desarrollo, bienestar y condiciones de vida de una población. Por lo tanto, es importante cuestionarnos, ¿Qué genera la desigualad? ¿Cuáles son sus consecuencias? Y finalmente, ¿Qué acciones puede implementar el gobierno para combatir la creciente desigualdad?

Se podría llegar a pensar que la desigualdad en México es reciente o que es un fenómeno que empezó a surgir hace algunas décadas, no obstante; esta diferencia socioeconómica entre la población tiene profundas raíces históricas y es cada vez más compleja. De hecho, este fenómeno ya se estudiaba desde hace algunos siglos por algunos filósofos y pensadores del mundo, entre ellos, Jean-Jacques Rousseau. El filósofo de origen suizo, en su obra sobre el origen de las desigualdad entre los hombres, afirma lo siguiente: “El hombre no nace con la desigualdad sino después de que se compara con sus semejantes y ve sus diferencias es cuando entonces se pierde la igualdad del ser humano”. Las primeras teorías sobre la desigualdad plantean principalmente que la desigualdad va aumentando conforme aumenta la especialización laboral de un sector de la población con respecto de otro. Este argumento concuerda con el estudio realizado por la OCDE en el que especifica que una razón por la cual en la mayoría de los países ha incrementado la desigualdad salarial, se debe a la diferencia entre los salarios percibidos por los trabajadores más calificados en relación a los trabajadores con poca preparación. El estudio revela que durante los últimos 25 años el salario real del decil más bajo de la población mexicana incrementó a una tasa anual de 0.8%, pero los salarios reales para el decil más alto incrementaron a una razón anual de 1.7%. Otro dato que confirma la magnitud de la desigualdad en México, es que el ingreso medio de los hogares mexicanos con mayores ingresos en el 2008 era de $228,900 pesos, mientras que el ingreso medio de los hogares mexicanos con menores ingresos fue de $8,700 pesos. La diferencia entre los salarios promedio de la OCDE es de 9 a 1, es decir, una persona perteneciente al sector de ingresos altos tiene en promedio 9 veces más salario que una persona del sector de bajos ingresos. Sin embargo, en México la brecha es aún mayor; un mexicano con ingresos altos tiene un salario 26 veces mayor que uno con ingresos bajos.

 

Desigualdad de Ingreso (1985-2008) – Coeficiente de Gini

Nota: El coeficiente de Gini es un medida de la desigualdad de ingresos que tiene un rango de 0 a 1.
0 = perfecta igualdad de ingresos  1= perfecta desigualdad de ingresos

Pero, ¿Por qué tanta diferencia?

Existen diversos factores económicos y sociales que impactan y explican el comportamiento de la creciente desigualdad de ingreso en nuestro país. Entre ellos se encuentran: una enorme economía informal, diferencias étnicas y geográficas, educación deficiente, baja productividad, precarias condiciones laborales , entre otras. En los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, el tema de la posición y retraso geográfico ha jugado un papel muy importante que actúa como restricción para acceder a mejores oportunidades e ingresos. En México, por ejemplo, existen municipios o regiones del sur que no cuentan con los servicios básicos para cubrir sus necesidades de salud o educación. Además, son poblaciones en donde existe una pobre presencia institucional y al mismo tiempo se encuentran alejadas de los grandes mercados y, por lo tanto, marginadas de mejores oportunidades laborales. La OCDE confirma en su reporte que la productividad y los salarios son menores en las zonas rurales que en las urbanas. Sin duda alguna, existen zonas en nuestro país realmente marginadas que cuentan con pocas oportunidades de desarrollo económico y social.

La informalidad acompañada de una pobre y deficiente educación han sido dos de los grandes lastres que nuestro país arrastra y que sin duda contribuyen a aumentar la desigualdad. La mayoría de los empleos informales están concentrados en sectores intensivos en mano de obra y que requieren de poca preparación. Ahí se encuentran personas que laboran en el campo, constructores, empleadas domésticas, vendedores ambulantes, por mencionar algunos. Según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) afirma que en el 2010, 64 de cada 100 personas ocupadas (equivalente a 28.4 millones de mexicanos), labora sin acceso a servicios formales de salud. La economía informal en México es inmensa y tiene grandes repercusiones tanto económicas como sociales en nuestra sociedad. Por su parte, la educación juega un papel intrínseco muy importante al hablar sobre desigualdad de oportunidades. Vivimos en un mundo muy competitivo y para poder mantenerse dentro del mercado es necesario poseer un nivel alto de preparación. La educación provee a la sociedad de las herramientas necesarias para poder en un futuro acceder a mejores oportunidades laborales y, en consecuencia, a mayores salarios. En nuestro país existen diversos factores que frenan el progreso de la educación como: intereses sindicales, baja preparación por parte de profesores y un ineficiente gasto público. En nuestro país no conocemos lo que significa largo plazo y no somos capaces de desarrollar un plan educativo que nos saque del rezago y que en un futuro nos provea de mejores condiciones socioeconómicas para todos los mexicanos.

PISA Resultados en Matemáticas (2009)