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Familiarizado con exitosos guiones cinematográficos, Héctor González Iñárritu comprueba que la realidad puede ser más dulce que la ficción. Le quedó claro con el script que el destino le escribió durante su primer año como director de Selecciones Nacionales.

Los títulos en la Copa de Oro y el Mundial Sub-17, la medalla de oro varonil en los Juegos Panamericanos, el tercer sitio de la Sub-20 y el bronce continental a nivel femenil, adornan sus primeros 12 meses como guía del proyecto que aglutina a los representativos nacionales.

El primer balance anual es positivo, pero el directivo va más allá de los logros y recuerda las vicisitudes superadas, esas que dieron sorpresivos matices al largometraje tricolor del 2011.

“El torneo importante era la Copa de Oro, porque además nos dio el pase a la Confederaciones. Fue una Selección que sufrió, por el problema del clembuterol”, confiesa González Iñárritu, en entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL. “Varias veces, entrenamos con 17 jugadores, se enfermó Ricardo Osorio; faltando unos días para la final nos dieron permiso de traer refuerzos, quienes jugaron, y muy bien”.

“El guión fue como de película. Fue un gran logro por todo lo que pasó. La Selección gustó, convenció y ganarle a Estados Unidos siempre nos agrada, además cómo lo hicimos en esa final [4-2], y [el pase a] la Confederaciones, que para nosotros fue un paso importante, era algo que queríamos”.

Aquel episodio de la separación de cinco futbolistas, quienes dieron positivo por clembuterol en un control antidopaje preventivo, y la sanción a ocho integrantes de la Sub-22, por involucrarse con prostitutas en Ecuador, fueron los tragos amargos, las secuencias más álgidas de la película.

“Siempre he tratado de que el jugador y el cuerpo técnico disfruten el buen momento y yo tener que dar la cara, con mucho gusto, en las buenas y malas”, comparte. “De las malas también aprendes, al igual que de los errores”.

La segunda corona del planeta a nivel infantil fue otra parte trascendental de la historia, debido a la presión que existía sobre los chicos dirigidos por Raúl Gutiérrez, quienes —en el juego definitivo— se encontraron con un adversario ante el que solían pasarla mal.

“Lo de la Sub-17 también fue de película. La Selección vino de menos a más, luego llegó aquel famoso partido contra Alemania, con el gol de [Julio] Gómez en el último minuto”, rememora, emocionado. “Después, una final tremenda, porque esta Selección tuvo arriba de 60 partidos de preparación durante el último año y a Uruguay sólo le habíamos ganado una vez, perdimos tres, así es que fue una final muy fuerte, difícil”.

“Sacaron la mejor pasión, el mejor juego. Muy bien dirigidos por Raúl [Gutiérrez]. Ganaron el torneo, [estamos] muy contentos. Era un objetivo que teníamos, pero difícil, porque ser campeón del mundo es complicado”.

Clímax de una película en la que hubo de todo, hasta el esperado final que hoy disfruta. Conoce bien lo que un guión debe tener para ser exitoso… Y el de los tricolores cumplió con creces.