Los artistas michoacanos Jesús Escalera, Manuel Pérez Coronado, Gilberto RamÃrez y EfraÃn Vargas, tienen hoy en dÃa un lugar trascendental en la vida cultural de Michoacán, no sólo por las distintas épocas en que cada uno, compartieron en aulas y Casas de Cultura, sino por su visión acerca de la plástica para formar a nuevas generaciones de artistas en la entidad, asà lo reconoció Jaime Hernández DÃaz, secretario de Cultura de Michoacán, durante la apertura de la exposición colectiva “In Memoriamâ€, que se llevó a cabo en la Casa de Cultura de Morelia, el pasado viernes.
La obra de los cuatro artistas conmemorados, se expone en cuatro salas distintas de dicho recinto, donde igualmente quedaron grabados, en placas conmemorativas, los nombres de este grupo de artistas plásticos que fueron motivo del homenaje post-mortem.
“Estos artistas cubren una etapa de la vida cultural y de enseñanza artÃstica; dieron clases en la Casa de la Cultura y sintetizan momentos especiales en la formación de la plástica michoacana. El maestro Jesús Escalera tiene una enorme tradición, desde la Escuela Popular de Bellas Artes, de todo su esfuerzo como docente en la Escuela Normal Urbana Federal de Morelia, posteriormente sus actividades académicas. Lo mismo MAPECO, EfraÃn Vargas y Gilberto RamÃrez, reciban este reconocimiento, ya que estos muros, donde han quedado grabados sus nombres, no sólo representan una recuperación de un antiguo espacio colonial, recogen experiencias detrás, hay una historia de creatividad, de enseñanza, de esfuerzo y vida cotidiana y qué mejor que estos maestros tengan su nombre cada uno de los lugares emblemáticos de esta Casa de la Culturaâ€, expresó Hernández DÃaz.
Al mismo tiempo, el titular de la SecretarÃa de Cultura de Michoacán, recordó que durante la actual administración se realizó un importante recuento de la obra plástica de varios maestros michoacanos, a través de análisis biográficos y de la obra, dando como resultado su publicación.
El funcionario destacó el libro publicado acerca de la vida y obra de Manuel Pérez Coronado, editado por el gobierno del estado y con apoyo de la familia del pintor y poeta uruapense, además de varias investigaciones que recuperan distintos momentos y autores del arte plástico michoacano, coordinadas por el Centro de de Documentación e Investigación de las Artes que se ubica en el Centro Cultural Clavijero.
“Sà hay trabajos que, combinándose la parte institucional y académica, hoy nos permite irnos acercándonos a lo que ha sido la producción de los más significativos maestros del arte plástico de Michoacán, pero todavÃa tenemos deudas pendientes y se han dificultado ante las circunstancias por problemas financieros que nos impiden dar concreción, con el tiempo y la prontitud que uno quisiera. Sin embargo, fue atinado recuperar esta idea porque esta Casa de la Cultura cubrió una época en la enseñanza del arte y representó un impulso significativo en la formación de artistas michoacanosâ€, dijo el funcionario.
A la apertura de las exposiciones individuales, con obra significativa de cada artista homenajeado, se dieron cita las esposas-viudas de los autores asà como familiares, colegas y público en general que presenció tan merecido tributo a los artistas plásticos.
Es asà que la Sala Arcada Mayor de la Casa de la Cultura, a partir del viernes pasado lleva el nombre de Jesús Escalera, la Sala de Patrimonio el de Gilberto RamÃrez Arellano, y la Sala de Protocolo ostenta la placa con el nombre de Manuel Pérez Coronado. A su vez, la Sala EfraÃn Vargas permanecerá con el nombre del artista michoacano, a quien también se le rinde este homenaje.
Las obras pictóricas y escultóricas elaboradas bajo las más diversas técnicas, podrán ser apreciadas por los visitantes a esta muestra, que permanecerá abierta al público de manera gratuita hasta el 6 de febrero del 2012.
Trayectoria de los artistas (Jesús Escalera, Gilberto RamÃrez, Manuel Pérez Coronado y EfraÃn Vargas)
Es el historiador del Arte Juan Carlos Jiménez Abarca quien, a través de los siguientes textos, deja entrever el entorno histórico-social dentro del cual se desarrolló la labor creadora de los cuatro artistas michoacanos, quienes han dejado huella en el quehacer cultural michoacano en particular, y mexicano en general.
Jesús Escalera Romero (1933-2009) Nacido en Peribán de Ramos, comunidad cercana a San Juan Nuevo Parangaricutiro, Escalera convivÃa en las comunidades artÃsticas mexicanas con la imperiosa necesidad de salir al encuentro con un estilo personal que además diera rostro y forma tanto al artista, como al pueblo al cual pertenecÃa. Sus maestros, compañeros y amigos le rodeaban con el universo simbólico de quienes buscan aportar a la lucha social desde las artes.
En sus autorretratos, se advierten incursiones en diferentes modalidades formales, a veces geométricas, a veces cromáticas. La experimentación del oficio como pintor le llevó a buscar los lÃmites de su disciplina, sitio donde nada termina.
Colaboró intensamente en la producción escenográfica para puestas de teatro, incursionando en la interdisciplina que permite a diversos artistas construir una obra común desde diferentes quehaceres. Realizó murales con pintura y con mosaico de cerámica. Planteó, sin alcanzar a realizarlo, un mural colgante y volumétrico; vástago de la mente experimental de Escalera, que se esforzaba por encontrar la novedad dentro de la pintura y la práctica mural heredada por sus maestros. Ingenió una forma ‘otra’ de pintar: la transpintura corta el aceite del óleo para distribuirlo en zonas caprichosas de blancura y color que después acompañará con frutas y desnudos, alegorÃas y metáforas propias, fuera de todo discurso regionalista.
La muerte, como la inspiración, le encontró trabajando. El panel central del mural ubicado en el Supremo Tribunal de Justicia de Michoacán, es la última gran pieza de su legado.
Gilberto RamÃrez Arellano 1942- 2006 .No es nuestra la elección de dónde nacer, pero queda en nuestra voluntad dónde vivir, y cómo. Gilberto RamÃrez Arellano nació y se formó en la ciudad de México, pero se naturalizó michoacano, haciendo de Morelia su nicho vital.
El padre de Gilberto, titiritero, le contaba a su hijo sobre la ciudad y las reuniones a las que asistÃa en casa de Miguel Bernal Jiménez; coincidÃa en ese espacio con Pablo Neruda, MarÃa Zambrano, Silvestre Revueltas. El mismo Gilberto visitarÃa Morelia en 1979, motivado por las conversaciones que tenÃa con Alfredo Zalce al trabar amistad en la Escuela Nacional de Pintura y Grabado “La Esmeraldaâ€.
Hombre versátil, su talento era tan variado como sus intereses. Ensayista, narrador, periodista, cartonista, pintor de caballete y de muros, envolvente conversador; el sitio que ocupa entre los maestros michoacanos es limÃtrofe, especial. Aunque dedicó buena parte de su obra para pintar y dibujar sobre los mitos p’urhépecha, no fue precisamente un ‘michoacanista’. Apostó, en cambio, por la reflexión acerca de una cultura mexicana en sentido amplio, sobre todo de cara a las comunidades de mexicanos en los Estados Unidos, sitios en los que, al igual que en Michoacán, se prestó para hacer murales y talleres que respondieran a las muy particulares necesidades identitarias de la frontera y más allá.
La espiritualidad que buscaba condensar en su pintura trata lo mismo de la religión p’urhépecha y la católica. En ambos casos, establece un canon propio del cuerpo, modifica los colores, dota a la imagen de un carácter mágico y luego mÃtico. El sincretismo implica, necesariamente, la apropiación de lo ajeno inyectándole algo de lo propio. Esta es la huella de Gilberto RamÃrez Arellano.
Manuel Pérez Coronado (1929-1970). Manuel Pérez Coronado conoció la abundancia de la naturaleza. Originario de Uruapan, lugar de amplios follajes, correr de rÃos y árboles frutales, guardó en la memoria el paraje exquisito que sólo la humedad y el sol ofrecen combinados en una misma geografÃa. Además, esta región michoacana también es rica en el “quehacer de un puebloâ€.
La producción artesanal se integra a la vida cotidiana no solamente como oficio sino como marco para la realización de las fiestas; los barrios antiguos fundados por Fray Juan de San Miguel y las nuevas colonias que aportó la urbanización moderna conforman el binomio de los vestigios del pasado y la presencia de lo actual. Integración social que, p’urhépecha y a la vez mestiza, se reconoce en el pasado remoto pero con tintes de hibridación.
Este carácter marca el temperamento de MAPECO, acrónimo de su nombre que utilizó desde niño para firmar sus participaciones en el periódico mural de su escuela primaria. Su obra es, sobre todo, una continua afirmación del vÃnculo con la tierra y el pasado para afirmar la identidad del presente.
La presencia de la modernidad -con sus máquinas hidroeléctricas y turbinas, torres eléctricas e ingenios industriales- tanto en cuadros de caballete como en pinturas murales, anuncia ese periodo histórico en la que el desarrollo tecnológico intervino y modificó los modos de vivir de las comunidades y sus recursos naturales. A veces para mejorar, otras con efectos perniciosos para la naturaleza. El ojo del artista estuvo atento a todo ello.
En su gráfica trabajó con la precisión del relojero para mostrar nobles valores sociales y luchas colectivas; también para dar retrato a sus colegas artistas como Diego Rivera, sin abandonar la capacidad de adentrarse en la sensibilidad que le permitÃa, en un linóleo, grabar cabellera y semblante de una niña triste y sola.
EfraÃn Vargas (1935 1987). Universidad o Muerte fue el tÃtulo de un grabado, impreso en hojillas a manera de un volante distribuido libremente, por el cual el gobierno de Michoacán exigió a EfraÃn Vargas abandonar el estado. FatÃdica fecha de 1963, año de represión contra el movimiento estudiantil que prefiguró el frente organizado que serÃa masacrado en 1968.
Vargas, en ese año de expulsión, trazó la imagen de una marcha de jóvenes rodeados por fusiles y bayonetas. Al frente del contingente, cuatro hombres sostienen con una sábana el cuerpo inerte de Manuel Oropeza, muerto durante la protesta, sÃmbolo del pueblo violentado por la autoridad regente.
Originario de Uruapan, EfraÃn Hiram Vargas Mata se trasladó a la ciudad de México cuando tenÃa 12 años. Trabajó como vendedor de periódicos, bolerillo de zapatos, botones de hotel. En este tiempo pudo darse cuenta de la desigualdad de una sociedad diversa y polarizada, haciendo suyos los valores de una clase trabajadora y vulnerable necesitada de organización y lucha social.
Al volver a la perla del Cupatitzio, su padre le destinaba un futuro universitario que EfraÃn rechazó debido a su muy temprana inclinación para el dibujo de ingenio y crÃtica, que incluso ejercÃa con su propia familia. De la mano de su padre, entra en 1956 al taller de Gráfica y Pintura José Guadalupe Posada que dirigÃa Manuel Pérez Coronado. Asà encontró un nicho de formación no sólo artÃstica, sino también ideológica y polÃtica.
Figurador de semblantes emblemáticos de la lucha social, Vargas fue selectivo pero preciso en sus decisiones plásticas. Retrata al general Lázaro Cárdenas y la calavera de Emiliano Zapata; también lanzó la mirada allende sus fronteras, incluyendo las efigies de Salvador Allende y Fidel Castro. Pero trascendiendo el nivel de los rostros reconocibles, anónimos e imprescindibles fueron para él los artesanos y mujeres trabajadoras; los campesinos y vendedores de globos habitan escenas de campo y ciudad.
En el paisaje urbano depositaba todo su empeño técnico mediante el grabado en madera y linóleo. En los monotipos –mezcla de estampa y pintura, medio que vincula gesto plástico e impresión- combinó el control del accidente cromático y la intención deliberada para figurar auroras y caprichosas topografÃas, envolviendo arrieros y aguadoras. Naturaleza y sociedad, paz y resistencia: motivos de un grabador que se esforzó por conservar los valores de un mundo perdido.
























