Al menos 26 personas murieron y otras 63 resultaron heridas ayer en un atentado en Damasco, según informó la televisión nacional siria. El ataque, aparentemente suicida, tuvo lugar en una intersección de tráfico del barrio de Midan, y tenía como objetivo un autobús de policía, de acuerdo con los medios gubernamentales, que afirman que la mayoría de las víctimas son transeúntes y civiles.

Se trata del segundo atentado de este tipo en dos semanas. El pasado 23 de diciembre, dos coches bomba en sendos edificios de la seguridad estatal se cobraron un total de 44 vidas. En ambas ocasiones, el régimen ha responsabilizado a un grupo terrorista vinculado a Al Qaida, presuntamente infiltrado desde el Líbano.


«El modus operandi de los atentados y la selección de las áreas atacadas», en las que se concentraba un elevado número de gente, «llevan las huellas de Al Qaida», indicó ayer el Ministerio del Interior. «Responderemos con puño de hierro ante cualquiera que intente jugar con la seguridad de este país o sus ciudadanos», declaró el ministro, Ibrahim Al Shaar.

Por su parte, el ministro de Exteriores, Yihad Makdisi, refutó las afirmaciones de que el Gobierno sirio haya perdido el control de Damasco. «No hay un solo país que pueda protegerse al cien por cien», aseguró, poniendo como ejemplo los atentados de Londres de 2005. Eso sí, preguntado por la represión contra los manifestantes, afirmó: «No ha habido un uso excesivo de la fuerza. Puedo asegurar que el Ejército está a la defensiva».

El general Riad el Asaad, líder del insurgente Ejército Sirio Libre, aseguró que el atentado «es obra del régimen, al igual que las dos explosiones anteriores». Según algunos miembros de la oposición, el propósito habría sido impedir la celebración de una manifestación convocada para hoy en ese barrio para pedir una intervención internacional y el establecimiento de una zona de exclusión aérea.

En todo caso, los acontecimientos parecen estar acelerándose. El Ejército Sirio Libre ha indicado su intención de «pasar a la ofensiva» en los próximos días, y ha solicitado la retirada de los observadores de la Liga Árabe, cuya presencia en el país no ha servido para detener la violencia. «Deseamos que anuncie que su misión ha sido un fracaso y que se retire. Que se aparte y permita que Naciones Unidas asuma la responsabilidad», declaró el general El Asaad desde Turquía.