ocampo

El 6 de enero, los nicolaitas en su colegio conmemoran el natalicio de Melchor Ocampo, sucedido en la Hacienda de Pateo en 1814.

El Real Colegio de San Nicolás de Obispo, fue clausurado en 1810, después de doscientos setenta años de historia, que a Valladolid hoy Morelia había llegado en 1580. Institución de donde habían sobresalido como alumnos, maestros o rectores, José María Izazaga, Ignacio López Rayón, José Sixto Verduzco, Ignacio Fernández de Córdova, Miguel Hidalgo y José María Morelos, entre otros. Por eso no creo que en dicho año haya sido cerrado por sus números rojos, mas bien por las ideas rojas que ahí se habían sembrado y desarrollado por Vasco de Quiroga, inspirado en la Utopía de Tomás Moro y los jesuitas expulsados de Valladolid en 1767, vinculados a la historia del Colegio de San Nicolás, recordemos que el mismo Hidalgo tomó clases en el Colegio de la Compañía de Jesús.

Fue Melchor Ocampo quien como gobernador, respalda decisivamente las inquietudes de reabrir el Colegio de San Nicolás. Como tal se presenta a reinaugurarlo el 17 de enero de 1847, ya con independencia del Cabildo Eclesiástico de la Iglesia Catedral de la Provincia de Michoacán. Hecho que proyecta a partir de entonces en nuestra querida ciudad, y en el Estado, al Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, como la piedra angular del conocimiento, la ciencia, la investigación científica y la vida universitaria, con su respectivo papel político, histórico y cultural, para el desarrollo social de la región, que en su momento es el corazón fundador de la Universidad Michoacana, como si don Pascual Ortiz madurara la visión que Ocampo tuvo, al refundar el Colegio creado en 1540 por Quiroga en Pátzcuaro, anterior capital del obispado michoacano.

Si a nuestra ciudad se le había bautizado, a partir de 1828, con el nombre del nicolaita Morelos, había razón suficiente para reabrir su colegio y del Padre de la Patria, para alimentar y revivir la historia de una institución formadora de hombres generosos, rebeldes e insurgentes; trinchera de héroes, ciencia y cultura; indispensable en el origen y crecimiento de México, donde el iniciador de la lucha por nuestra autonomía y nación había dejado su ombligo intelectual; en el contexto de invasiones extranjeras de todo tipo.

Ocampo además de haber estudiado la profesión de abogado, se dedicó a estudios de botánica, agricultura, astronomía, física, filosofía, entre otras disciplinas. En 1840 había viajado a Europa, principalmente a París, con el fin de ampliar sus conocimientos y visión. Llegó a ser considerado Filósofo de la Reforma y el mejor consejero y secretario de Juárez, para consolidar la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma.

El Patricio de la Reforma, asesinado el 3 de junio, por su pensamiento y acción liberal, todavía antes de morir en su testamento legó a los nicolaitas sus libros, como su último mensaje para nunca dejar apagar la llama del Colegio de San Nicolás, luz de historia patria y visión universitaria gracias a Ocampo.

Por eso al recordar en enero el natalicio de Ocampo, también recordamos el renacimiento del Colegio de San Nicolás, de Morelia y Michoacán.