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La trágica historia de la bailarina rusa Olga Spessivtseva (1895-1991), considerada en la danza como la última estrella romántica del siglo XX, será representada por el Ballet de San Petersburgo el 29 de febrero y 1 y 3 de marzo en el Palacio de Bellas Artes.

Se trata de la puesta en escena Giselle Roja, en la que se describe la vida de esta intérprete marcada por la revolución bolchevique, hasta que los acontecimientos políticos en su país la trasportaron desde la gloria y la veneración al ostracismo, el exilio y la locura en Nueva York, donde permaneció los últimos veinte años de su vida en un manicomio.

La obra, creada en 1997 por el coreógrafo Boris Eifman, director del Ballet de San Petersburgo, se ha presentado en los cinco continentes y se ubica históricamente en la Revolución Rusa y el París de los años veinte y treinta, cuando Spessivtseva fue parte del reparto del Ópera Ballet de la Ciudad Luz, explica Arcelia de la Peña, directora de Escenarte Internacional e impulsora de las presentaciones en el Palacio de Bellas Artes.

“El destino de Olga es como el de Giselle: trágico. Pero el montaje no sólo cuenta la historia de Spessivtseva, sino aborda algunos fragmentos de La Artesiana de Georges Bizet, así como algunas piezas y poemas sinfónico de Pyotr Ilych Tchaikovsky”, dice en conferencia de prensa.

“La coreógrafa rusa fue considerada una de las mejores Giselle de la historia. Fue comparada con bailarinas como Ana Pávlova. Viajó por todos lados. Se presentó, incluso, en el Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina”, comenta De la Peña.

Tuvo un amante político que le dijo después del triunfo de la Revolución Rusa en 1917, que mejor se fuera del país: el ballet no tendría cabida en el nuevo régimen, menciona la también promotora cultural que trajo a México a compañías como el Royal Ballet de Gran Bretaña, por ejemplo.

El Ballet de San Petersburgo fue creado en 1977 por Boris Eifman. Desde ese momento, la compañía está dedicada a presentar los trabajos de su creador, caracterizados por fuertes movimientos escénicos. “Su primer montaje fue un Ballet Rock. En aquella época, esa música era considerada de perdición y por lo tanto su trabajo fue mal visto”, dice Arcelia.

Eifman logró sobrevivir al régimen ruso. Su coreografía Tchaikovsky, espectáculo que descubre luces y sombras de la vida del compositor de obras como El lago de los cisnes, El cascanueces, La bella durmiente y Romeo y Julieta fue con la que se internacionalizó, menciona.

“Esta agrupación es una de las más reconocidas en el mundo. En ella se entremezcla la sensualidad y la perfección de sus 45 intérpretes, los cuales llegan a medir hasta un metro noventa”, explica Arcelia.

Después de estar en México, el Ballet de San Petersburgo se presentará en Nueva York, donde estrenará una obra sobre el escultor francés Auguste Rodin.