Hace unos días atrás, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció no saber, bien a bien, las razones al completo de por qué en España la pandemia se ha cebado con especial inquina; con tal dimensión, que es considerado el peor país en gestionarla a nivel global.
Ni siquiera figura entre los cinco países con mayor número de fallecidos como acontece con Estados Unidos, Brasil, India, México y Reino Unido pero las constantes confrontaciones políticas entre el gobierno central y el resto de los presidentes de las 17 comunidades autónomas aunado a una serie de decisiones erráticas e inadecuadas han terminado metiéndolo -más pronto que tarde- en una segunda ola del SARS-CoV-2.
El resto de Europa otea su situación tomando decisiones para prevenir que el otoño, junto con el invierno, terminen siendo una pesadilla con los hospitales públicos y privados desbordados de pacientes contagiados, unos por la epidemia estacional de la gripe y otros, afectados por la pandemia del coronavirus.
En Madrid fueron decretadas medidas de un confinamiento menos severo en medio de una creciente polémica, entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, perteneciente al Partido Popular y el gobierno central, liderado por el socialista, Pedro Sánchez; ayer, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid avaló el recurso presentado por Díaz Ayuso para impedir la injerencia del gobierno central con una ordenanza sanitaria carente de capacidades jurídicas reales para confinar a la población e impedir la libertad de movimiento.
Díaz Ayuso solicitó “la colaboración y cooperación” del mandatario Sánchez a fin de encontrar el modelo de cierre necesario para controlar la transmisión del virus sin incurrir en un mayor daño económico. Desde la Moncloa se ha llegado a sopesar la reactivación del estado de alarma (como sucedió desde el 14 de marzo, hasta el 21 de junio en toda España) pero esta vez solo para Madrid; una decisión que bien podría entrar en vigor hoy viernes.
Otras ciudades europeas han empezado a reaccionar viendo el desastre español anticipándose a los 500 contagios por cada 100 mil habitantes y a la saturación de las unidades de cuidados intensivos por encima del 30% de su capacidad.
La capital de Francia convocó un estado de alerta máxima, con la mitad de los casos de contagio diarios respecto de la capital española y con un índice por debajo del 30% de hospitalizados en cuidados intensivos.
A COLACIÓN
El cierre de bares, gimnasios y la limitación de horarios y aforos en restaurantes y universidades son las primeras medidas que podrían escalar dependiendo de la relación entre el número de contagios y el de ingresos hospitalarios.
Las ciudades europeas van cayendo en efecto dominó: Bruselas ha seguido el mismo ejemplo, con las infecciones en una creciente subida y reportes de 502 casos por cada 100 mil habitantes; la ordenanza local ha cerrado todos los cafés, salones de té y bares a lo largo de un mes.
No solo en Londres, sino en todo Reino Unido, han sido impuestas una serie de restricciones que durarán, al menos seis meses, el catalizador será el comportamiento del coronavirus una vez Europa entre de lleno al duro invierno lo que significa ventiscas, nevadas y mantener los lugares cerrados con la calefacción encendida mientras las temperaturas en el exterior están bajo cero en muchas ciudades.
“Siempre supimos que, aunque pudiéramos hacer retroceder al virus, la perspectiva de una segunda ola era real. Lamento decir que, como en España, Francia y muchos otros países, hemos llegado a un peligroso punto de inflexión”, reconoció el primer ministro, Boris Johnson, durante su intervención en el Parlamento.
Aquí la clave será cómo instrumentar un confinamiento light ya sea parcial, estratificado o zonificado, sin tener que volver a un lockdown que termine hundiendo todavía más a las economías europeas.
Se trata de la última frontera a la que se quiere llegar, aunque hay pronósticos inquietantes como el de Patrick Vallance, asesor científico en jefe del gabinete de Johnson, quien recientemente lanzó la alerta de los 50 mil contagios diarios en Reino Unido, a partir de la tercera o bien última semana de octubre; una expansión que dejaría en promedio 200 fallecidos diarios.
Por el momento, las medidas para enfrentar a la segunda ola son más o menos compactas a nivel regional y van dirigidas a controlar el aforo con reuniones que, en unos países permiten las seis, otros las diez o bien máximo quince personas en convivencia; los horarios de servicio son hasta las diez de la noche; unos flexibilizan los gimnasios abiertos otros han decidido cerrarlos así como el ocio nocturno; y las universidades funcionan con jornadas semipresenciales mientras se mantiene en las aulas a los grupos de edades menores.
El uso de la mascarilla va extendiéndose de forma obligatoria por todo el continente europeo, no exento de una serie de protestas de rechazo bajo la que convergen, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, contrarias a cualquier tipo de limitación.
























