No obstante el tiempo transcurrido del sexenio y a pesar de las múltiples masacres que realizan a lo largo y ancho de nuestro paÃs, los mexicanos tenemos la esperanza en el dicho que nos indica que no haya mal que dure cien años ni nadie que los resista, por lo que hacemos votos para que este año no se nos haga tan lento y transcurra rápido y asÃ, pronto, terminemos con el año mal nacido que nos trajo como regalo de navidad al hijo desobediente.
A la distancia de esa fecha y por todo lo acontecido hasta ahora, no nos extraña en lo absoluto el comportamiento de Felipe de Jesús Calderón Hinojoza ni menos las frecuentes declaraciones públicas que realiza relacionadas tanto en el aspecto internacional, en el agroeconómico y en tantas otras cosas y menos cuando emite su opinión en asuntos del crimen organizado.
Casi como regla general, sus versiones o su óptica polÃtica va en sentido contrario a la que expresa la opinión pública, no digamos la de los mejores pensadores o intelectuales que en el paÃs tenemos, sino de la opinión mayoritaria de la sociedad mexicana. Desde luego que hay quienes defienden su forma de hacer gobierno y no son pocos quienes salen en defensa de quien se rebelara en contra de la oposición de Vicente Fox que tenÃa pensado que fuese otro gallo el que cantase por todo el paÃs.
Como precandidato a la Presidencia de la República y en los albores de su campaña polÃtica, se auto nombró como “el hijo desobedienteâ€, y si bien, este auto mote le dio buenos resultados para llegar a la Presidencia, ahora le queda como anillo al dedo, pues con esa jugada maestra realizada, ahora certifica y se identifica como un fajador, como el pendenciero del corrido popular asà titulado.
Los tres pilares en que se habÃa apoyado para llegar a ser candidato presidencial (moderación, modernidad, transparencia económica) los ha trastocado y cambiado por los antónimos de despilfarro, obscuridad en los manejos económicos y continuación de la podredumbre polÃtica. Por eso, sus corifeos no pueden tapar la Estela con un dedo y menos negar lo torpe de sus falsos argumentos, porque de inmediato salta a la luz lo equivocado de los mismos.
Como ejemplo de lo anterior, cito parte de lo publicado el sábado 14 de enero en la mayorÃa de los diarios nacionales en donde Calderón asevera: “…que el narco es la causa de la violencia estúpida en el paÃsâ€.
Subrayo esas dos palabras del párrafo anterior porque estoy cierto que no es la forma prudente o adecuada de que quien ocupa (haiga sido como haiga sido) la primera posición de mando en el paÃs; segundo, porque con esa frase solo denota su incapacidad manifiesta ya no digamos de acabar con un mal sino medianamente de controlar al crimen organizado. La expresión anterior en una presunta autoridad, dicen los psicoanalistas, denota desesperación, impotencia, nulidad o ineficacia y que, desde luego, certifica a los mexicanos, que su impotencia o incapacidad, no lo es solamente en la materia del crimen organizado sino en general en todos los aspectos del desarrollo de nuestro paÃs.
Por otra, nadie puede afirmar que en los seis años del gobierno de Vicente Fox se hallan cometido masacres similares como las que desde hace cinco años se vienen suscitando con tanta frecuencia de tal manera que al dÃa de hoy, las matanzas llegan a un número que horroriza y atemoriza a todos los mexicanos. Pero los cuentos del hijo desobediente no terminan y en relación con el incremento en el consumo de las drogas, asevera que se debe “al aumento del ingreso percápita que han tenido los mexicanos en los últimos años†y que por este fenómeno (que ha sido un gran secreto para los millones de mexicanos) se tiene la capacidad de comprar más drogas.
Y, sólo como un anecdotario más de este personaje, hay que recordar que -decÃa- que su pensamiento era ajeno a los extremismos y radicalismos de izquierda y de derecha y que él era el antÃdoto contra la corrupción.
























