“La autoconciencia ha substituido a la conciencia de clase, la conciencia narcisista substituye la conciencia política”

Gilles Lipovetsky

¿Existe una diferencia entre las muertes de Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, estudiantes de la Escuela Rural de Ayotzinapa y el fallecimiento de Gonzalo Rivas Cámara, empleado de la gasolinera incendiada el pasado 12 de diciembre del 2011? Para un sector de la izquierda mexicana la hay. Las dos primeras son execrables porque se producen al albor de una protesta social y por la represión policiaca; por lo que toca a Gonzalo su deceso es minimizado tan sólo como una consecuencia y un acto aislado de la reyerta estudiantil.


Para esta autocomplaciente ala de la izquierda mexicana, la culpa y responsabilidad de los homicidas es discrecional, éstas se definen de acuerdo a su perfil y procedencia. Los policías ministeriales son punibles y responsables en tanto son miembros de una estructura dominante, símbolo de la represión y avasallamiento estudiantil, campesino, obrero. Por su parte, los estudiantes que incendiaron la gasolinera, no son sino luchadores sociales, activistas, cuyas acciones no pueden ser juzgadas, ni criticadas, ya que tienen como objetivo un fin supremo, siempre justo y bueno.

Actos sin lugar a dudas delictivos, como son: el secuestro de autobuses de pasajeros; la toma y bloqueo de una vía pública; el incendio de una gasolinera y la muerte tan injusta e innecesaria de una persona, son purificados por este sector de la izquierda mexicana, mediante el velo de una inerte idea de conciencia de clase anclada en los esencialismos de los movimientos sociales. Esta noción de conciencia social es parcial, gazmoña y opera como un falso credo de lo política y socialmente justificable.

Una izquierda progresista, liberal y consecuente, no sólo debe rechazar, denunciar y perseguir los delitos de un Estado que no garantiza los derechos, seguridad y estabilidad de sus ciudadanos; debe ser también crítica de los excesos, imprecisiones, decisiones y acciones de los movimientos sociales. En la funesta jornada del 12 de diciembre de 2011, no sólo presenciamos un arrebato impertinentemente autoritario por parte de las autoridades de seguridad pública; se advirtió también, sumándose a la desazón, la vulnerabilidad y labilidad, de terceros que también vieron afectada su esfera jurídica, no sólo por la incapacidad gubernamental, sino por las acciones violentas de algunos de los estudiantes.

La impericia y torpeza con la que se desarrollaron las acciones policiacas ese día, fueron justamente criticadas y señaladas como un acto desproporcionado e impúdicamente contenido. Justo y apegado al script, debemos valorar el apoyo y soporte que dieron los sectores de izquierda al grupo de estudiantes de Ayotizinapa; sin embargo, como en otros casos, se cayó en la tentación de no analizar la radiografía completa. Esta recortada mirada, sólo se centra en las necesidades, que por supuesto tienen, los integrantes de la escuela rural; no obstante, no se hace una crítica consciente del talante y pertinencia de todas las demandas. Podemos todos conceder la necesidad y el derecho de exigir mejores condiciones en los centros de educación rural; pero lo que olvidan descuidadamente algunos analistas y actores políticos de izquierda, es valorar, desmenuzar y discutir otras demandas, tales como exigir el otorgamiento de plazas de profesor para centros urbanos y no rurales, destinos para los que se prepara a todos los estudiantes de Ayotzinapa.

Si bien resulta censurable la validación a priori y esencialista de la agenda de un movimiento social; inaceptable debe considerarse la condescendencia obsequiada a los excesos y violaciones jurídicas cometidas por algunos grupos sociales. Asimismo, algunos medios de comunicación y analistas de izquierda no pusieron en una misma balanza las desventajas, injusticias y vejaciones ocurridas ese día en Guerrero. No sólo los dos estudiantes asesinados por los cuerpos de seguridad pública, se encontraban vulnerables y en demérito por la situación social, económica y política del país; también el trabajador de la gasolinera incendiada, adolecía del mismo entorno adverso e incluso de la posibilidad de morir quemado en su centro de trabajo.

Tan lábiles son los estudiantes machacados, golpeados, perseguidos por los policías; como lo son los choferes y pasajeros expulsados y golpeados por estudiantes para poder secuestrar los autobuses. Los estudiantes tienen el derecho de protestar y pedir mejores condiciones, incluso para negociar la creación de plazas en centros urbanos; pero a los trabajadores de la gasolinera siniestrada, también les acude el derecho de conservar su empleo y de no ser puestos en situación de riesgo y perder la vida.

El análisis político, más aquel que se precia de ser de izquierda y progresista, no puede caer en la victimización acrítica de los movimientos sociales. Debe mantener su posición de crítica racional y argumentativa en contra de los excesos, carencias y dislates del Poder Público, pero también debe señalar las mermas, excesos y sombras de los movimientos sociales. La izquierda debe mantener su esfuerzo en demandar mejores condiciones sociales, políticas y económicas y no debe cesar en su interés de ofrecer una conciencia de clase que exhiba las inequidades, tejidas al amparo del Estado. De igual forma, se debe conmensurar en su justa dimensión a todos los movimientos sociales, no solapando ni liderazgos caciquiles, ni justificando actos violentos o de desacato que alteren y afecten los derechos de otros sectores sociales.

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”

Karl Marx

MTRO. CARLOS EDUARDO CORNEJO BALLESTEROS

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