Por: Víctor M. Tapia Castañeda

Los tarahumaras se llaman a sí mismos Rarámuri, que significa corredores a pie; proviene de las raíces: rara (pie) y muri (correr). Para ellos es sinónimo de las personas o los humanos. A los mestizos en general se les designa con el término chabochi, que significa los que tienen barbas, y a los que conviven con ellos y comparten su cultura, les llaman napurega rarámuri. Habitan la parte de la Sierra Madre Occidental que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste de Durango y Sonora. El 70% de la población indígena de esta región vive en localidades de 1 a 99 habitantes y 95.9% reside en localidades de menos de 2500 habitantes) y alberga a tres grupos principales en la región: el tarahumara o rarámuri, (66.4% de la población nacional de este grupo vive en la región)), el tepehuano y el guarijío (24.9% y 39.7%, respectivamente). Este grupo vive de manera dispersa en rancherías y pueblos en los municipios de Guadalupe y Calvo, Morelos, Balleza, Guachochi, Batopilas, Urique, Guazaparez, Moris, Uruachi, Chínipas, Maguarichi, Bocoyna, Nonoava, Carichí, Ocampo, Guerrero y Temósachi. Para los tarahumaras la principal actividad para su subsistencia es el cultivo del maíz. Alrededor de él se organiza la mayor parte de su vida cotidiana y ceremonial. Las tierras de cultivo se hallan dispersas en pequeñas mesetas y laderas, lo que influye en la dispersión de los asentamientos que se organizan en rancherías. La fragilidad del suelo sólo permite el trabajo agrícola con instrumentos manuales y de tracción animal. La cría y el cuidado del ganado es también una actividad importante sobre todo en los municipios de Balleza, Carichí y Nonoava. Para el tarahumara la posesión de animales: vacas, caballos, cabras, borregos o gallinas, es un símbolo de riqueza. Complementan su economía con la venta de artesanías a turistas, el empleo asalariado en los aserraderos o centros de población más cercanos, así como la migración en busca de empleo a los estados de Sonora, Sinaloa y Durango. En la actualidad, su economía está basada, principalmente en la industria maderera.

La región indígena con el Índice de Desarrollo Humano más bajo es la Tarahumara, que es menor 49.1% del promedio nacional y 66.1% del Distrito Federal. Entre el componente que más pesa en la desigualdad, es la variable educacional con un índice de alfabetización apenas cercano al 50%. Los indicadores de desarrollo ubican a la región Tarahumara (con un IDH de 0.6439) como la 20ª región con menos desarrollo, sólo por arriba de los Altos de Chiapas (0.6384), el Norte de Chiapas (0.6266), la Selva Lacandona (0.6264) en Chiapas, los Chimalapas (0.6219) en Oaxaca y la Montaña de Guerrero (0.6184). La mayor desigualdad entre indígenas y no indígenas corresponde a la Tarahumara, con un IDH indígena de 0.5461 y 0.7831 para la población no indígena, es decir, 30.3% de diferencia entre las dos poblaciones. En los poblados indígenas de la Tarahumara, en el año 2000, se estimó que el 70% de las viviendas carecían de agua potable y que 90% eran de piso de tierra y materiales precarios en paredes y techos, sin servicios sanitarios, ni energía eléctrica y casi el 100% utilizaba como leña como fuente de energía para cocinar. Existen más de 35 asentamientos de tarahumaras en las áreas marginales de la ciudad de Chihuahua. En este espacio urbano, reproducen buena parte de su cultura, pero sus asentamientos carecen de la mayor parte de los servicios. Son más de 80 mil habitantes de esa región situada en el suroeste del estado de Chihuahua, en una de las partes más altas de la Sierra Madre Occidental.