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Expresión poco usada en México, a pesar de lo difundido de su práctica. En el periodismo se  conoce como  “Fondo de los reptiles” a los pagos y subvenciones secretas que el gobierno (el que sea)  hace a la prensa para que esta muestre una posición ya no digamos acorde, sino de plano  favorable hacía sus políticas. Es una práctica muy extendida en Europa desde el siglo XIX y exportada con gran éxito a nuestro país.

Un poco de historia. La expresión fondo de los reptiles, referida al pago secreto a la prensa, proviene de una afirmación de Otto Von Bismarck tras ganar la guerra prusiana-austriaca en 1866. El reino de Hannover, aliado austríaco, fue el más castigado por la derrota, su rey Jorge V, debió exiliarse dejando atrás toda su fortuna que a partir de ese momento seria manejada por Prusia para “la vigilancia y la defensa contra las maquinaciones de la casa de Hannover y sus agentes contra Prusia”. Los intereses generados de esa fortuna serán utilizados por el canciller prusiano para la creación de un fondo secreto, mismo que se usará para fomentar las actividades propagandísticas y para la creación de un sistema informativo dentro y fuera de las fronteras alemanas. Bismarck, cansado de las intrigas de los partidarios de los Hannover, pronunció la conocida frase: “Utilizaré su dinero para perseguir a estos reptiles malignos hasta sus propias cuevas”. Así nace la expresión “fondo de los reptiles”.

Entre los logros del llamado  Canciller de Hierro,  se encuentra el  desarrollo de un sistema de vigilancia para controlar a la prensa que consistía en la creación de gabinetes de prensa de los diferentes ministerios, encargados de resumir artículos y redactar rectificaciones y contestaciones y la creación de periódicos gubernamentales poniendo al frente  hombres de paja, es decir, periodistas supuestamente independientes que en realidad estaban bajo las órdenes del gobierno. En México tenemos muchos.

Un buen ejemplo en México de la utilidad del llamado Fondo de reptiles lo tenemos en los gastos de campaña de Andrés Manuel López Obrador  para las elecciones presidenciales del 2006, mismos que al parecer fueron financiados con dinero obtenido por medio de la extorsión, el chantaje y el saqueo que el gobierno perredista hizo en la Ciudad de México. Documentos en poder de periódico El Economista  revelan que cuando López Obrador era Jefe de Gobierno de la ciudad se decidió obtener dinero con qué financiar su campaña presidencial inflando los presupuestos de las obras públicas y chantajeando a los proveedores del Gobierno del D.F. a cambio de recibir obras públicas amen de extorsionar a vendedores ambulantes, giros negros, taxistas y a la policía capitalina.

La estrategia para buscar recursos adicionales a los del IFE para la campaña de AMLO  se inició en abril de 2003 orquestada por Claudia Sheinbaum Pardo. Prudentemente el plan establece que una vez obtenido el dinero, se deben buscar mecanismos para su aplicación de manera que no puedan ser contabilizados en los topes de campaña.

El documento suscrito por Claudia Sheinbaum  justifica la estrategia con el argumento de que el candidato no posee los recursos económicos requeridos para el cumplimiento de la meta, ya que aunque el IFE provee recursos importantes, nadie se atiene a la ley y es indispensable contar con otra fuente de financiamiento.

Sheinbaum establece que esos recursos deben ser manejados de tal manera que no puedan ser contabilizados en los topes de campaña y por eso se sugiere que quien maneje los dineros no debe estar en la estructura de gobierno, o debe estar en un nivel donde no pueda ser identificado.

El Economista investigó que quien cumplió con el perfil exigido fue Octavio Romero Oropeza, ganadero de Tabasco, muy amigo de AMLO y quien actuara como oficial mayor en el Gobierno del DF y quien se encarga del manejo de los dineros en la campara presidencial de la coalición Por el Bien de Todos.

Sheinbaum señala en su documento que para obtener recursos hay que “buscar proveedores afines y darles proyectos de obra (distribuidor vial, segundo piso de Periférico y Viaducto y otras vialidades, y pagarles a tiempo para que no incurran en gastos financieros y pedirles su apoyo económico en retribución”. Además   enumera otras fuentes de recursos: Giros negros, ambulantes del centro de la ciudad, hermandad de la policía, proyecto de vivienda popular, placas de taxis y microbuses, asociaciones de taxistas tolerados y funcionarios de gobiernos estatales y municipales afines (estos cotizaban “voluntariamente”).

Eso fue en el 2006, actualmente los partidos, sus candidatos y los periódicos tiene una amenaza peor, el poder financiero y persuasivo del narco. ¿Existirá algún mecanismo efectivo de supervisión? Lo dudo.