Decidà subirme a la combi con mi hijo para llegar a la playa. Por asuntos presupuestales, es mucho más económico dormir en la cabecera municipal que en el puerto, asà que al ver que sobre el camellón cercano al faro venÃa la combi Puerto Arista-Tonalá, le hice la parada y abordé.
La combi es, creo yo, de un modelo antiguo, le calcule como unos 15 años, más el ajetreo de la comunidad, más los baches y topes, más el uso exhaustivo. Al interior venÃamos cuatro mujeres con sus respectivos pequeños alrededor, lo que me hizo sentirme muy a gusto porque asà mi hijo verÃa de cerca cómo viven diariamente sus contemporáneos turulos (término con el que se denominan a los nacidos en el municipio de Tonalá) y porque, debo admitirlo, en Tuxtla casi no usamos transporte público, excepto el conejobus cuando nos quedamos sin coche o francamente andamos a pie, asà que aproveché el “baño de realidadâ€.
El chico que maneja la combi conoce a todas las personas por su nombre, esta ruta en especial nos lleva a Cabeza de Toro, una localidad aledaña a Puerto Arista y donde viven seguramente la mayorÃa de los vendedores ambulantes de hueva de lisa, camarón seco, cocadas, paletas, playeras y batas de playa, sandalias y el sin fin de objetos que te ofrecen en las palapas del centro turÃstico y que van acompañadas de sus pequeños para aprender el oficio de la venta desde temprano.
El olor del camarón seco y la visión del cascarón de lo que en sus ayeres fue una empresa empacadora de pulpa de camarón, me llevó también a la época en la que conocà esta localidad; en aquel entonces, el ambiente era festivo, estaban inaugurando la empresa capitaneada por un grupo de mujeres, quienes acorde a las palabras de la polÃtica pública de aquel entonces, habÃan demostrado ser más responsables y pagadoras que los varones, porque las estadÃsticas no dejaban mentir y estaba comprobado que las mujeres canalizan el gasto al desarrollo y beneficio de la vida familiar.
Hoy las pláticas en el transporte colectivo versan sobre los que no están, en los labios de quienes permanecen. Las mujeres se preguntan unas a las otras por los esposos, hijos, hermanos que se han ido “al otro ladoâ€, suena a añoranza, a tristeza, a duelo. Hay quienes se quejan de no recibir remesas desde hace meses, de ir saliendo poco a poco con los gastos gracias al apoyo de los familiares y vecinos, de las mujeres que cuidan y hacen por los hijos, del verdadero concepto de comunidad, de cooperativismo, de sociedad.
Hoy me pregunto en qué consiste el fracaso. Vienen a mi mente muchas ideas que se traducen en el diseño de polÃticas desde el escritorio, en las cuales no se visualiza la comercialización de los productos como canal de resolución, luego por eso hay sobre producción de camarón y mango; pienso en los asuntos tributarios y de seguridad social que se convirtieron en problemas para las cooperativas constituidas de facto para la implementación de los proyectos; considero la importancia de tomar el cooperativismo no sólo como un medio para radicar los recursos, sino como el respeto a una experiencia de vida común que puede involucrar a menores, a familiares y que no tiene nada que ver con el nombre de quien ostente, si es que existe, una escritura pública.
Ahora me pregunto en este planteamiento de vida deseoso de orientarse al desarrollo regional, qué tan factible es conocer el problema para tratar de consensarlo, de ubicar soluciones, de vivirlo. Hoy me siento más perteneciente a este núcleo, más deseosa a buscar cómo salir adelante, a hacer que todos estos niños tengan opciones. Hoy ando más idealista que nunca.
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Licenciada en Derecho por la UNAM y tiene una MaestrÃa en Administración Pública por la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha trabajado en diversas instancias gubernamentales y ha sido docente de universidades privadas. Twitter: @almasoberano

























