La frase del poeta Homero Aridjis no podÃa ser más emotiva: “México es un paÃs mágico, donde hay asesinados pero no asesinosâ€. Por ese motivo la delegación más grande de PEN viajó a México —los 7 de Norteamérica, Japón e Inglaterra y todo el Ejecutivo—, en muestra de solidaridad con los periodistas asesinados y con la exigencia a flor de labios, en la jornada de este medio dÃa: PEN protesta.
“Estamos aquà hoy en solidaridad para decir que termine la violencia. Y juntos aquà para decirle a la Norteamérica que no es mexicana, que su consumo de drogas y su tráfico de drogas y de armas son una parte importante del problemaâ€, sentenció John Ralston Saul, presidente de PEN Internacional.
“La de ustedes es una civilización grande, compleja y rica. Una cultura de escritores. Merecen algo mejor. Y mejor no es un misterio, es un asunto de leyes justas, leyes efectivas y de hacer cumplir las leyesâ€.
Estas palabras fueron el clarÃn de arranque para que este mediodÃa en Casa Lamm un mosaico de voces entre escritores, poetas, periodistas y defensores de la libertad de expresión, unos con enorme prestigio y fama, otros con una labor cotidiana y constante que los avala y otros que fueron vÃctimas de ataques, se unieran al unÃsono para pedir justicia por los caÃdos, cuyos asesinatos aún continúan impunes, pero también para exigir mayor seguridad para cumplir con el cometido diario de informar a la sociedad.
“La violencia se tiene que terminar. Los cambios legales se tienen que llevar a cabo. La corrupción que liga el crimen con la vida pública tiene que ser atacadaâ€, destacó Ralston.
Para lograr los cambios que permitan una vida normal, el Comité para Proteger y Prevenir Agresiones contra Periodistas necesita fondos, expertos en el tema y el poder de actuar; los oficiales federales necesitan el poder y los recursos para investigar y perseguir a los perpetradores y, para ser franco, necesitan hacer su trabajo; las leyes y las regulaciones federales y estatales que limitan la libertad de expresión deben desaparecer, y; el Ejército no debe seguir operando bajo un estatuto legal que lo proteja, expresó el dirigente mundial de PEN Internacional.
Uno a uno los invitados destacaron los diferentes puntos de vista, la mayorÃa dirigidos a la impunidad con la que actúa el crimen organizado y la insolvencia de las autoridades para atacar a los agresores de los periodistas, cuyas cifran oscilan de acuerdo con cada organización.
Armando Prida Huerta, presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión, Fundalex, recordó que en “México lamentablemente no se ha encontrado la solución para que la libertad de expresión no sea vulnerada; no se ha podido garantizar de una forma adecuada la seguridad y en su caso la vida de los periodistas†y que sin libertad de expresión “las demás libertades no podrÃan existir de una manera correctaâ€.
Por este motivo realizó la propuesta de recuperar lo hoy perdido de una manera progresiva con, quizá, la única herramienta posible en este momento: “La educación sustentada en valores es la solución para transformar paulatinamente a nuestro paÃs y con ello recuperar la seguridad y junto con ella, una mejor circunstancia para la libre expresiónâ€.
La escritora Elena Poniatowska dijo que “en México decir la verdad es jugarse la vida; lo terrible es que el número (de asesinatos) aumente; hasta cuándo ejercer el periodismo será una sentencia de muerte; cuánto tiempo más debemos esperar para que las autoridades ofrezcan garantÃas reales que garanticen la vida y la profesión, cuánto tendrá que pasar para que México deje de ser el paÃs más peligroso de América Latina para ejercer el periodismoâ€.
Aline Davidoff del PEN México expresó que hoy “las primeras planas del periódico de la mañana hacen palidecer a las notas rojas de la antigua Alarma!; ya nos sabemos todo, la violencia nos mina, nos agotaâ€.
Laura Esquivel estuvo emotiva: “Me niego a hablar de los periodistas como los periodistas muertos; por cada uno de ellos viven las palabras que nos dejaron como herencia. Cada palabra que escribieron es suya y nuestra, de todos nosotros. Nadie la puede apresar ni privatizar; nadie la puede ametrallar porque cada vez que alguien intenta acallarla, se le escapa de las manos y llega a otras bocas y otras plumas para manifestarse; la palabra siempre seguirá su curso y su vocación de libertadâ€.
Participaron también representantes de diarios agredidos como RocÃo Gallego del Diario de Juárez, quien aseguró que “ni un paso atrás porque hacerlo serÃa prestarse a un nuevo despojo†y la muerte de sus compañeros Armando RodrÃguez y Luis Carlos Santiago no lo merecÃan; Andrea Miranda de El Debate de Culiacán, expuso que la afectación y el riesgo ocurre en todas las áreas de las empresas periodÃsticas.
Raymundo Pérez Arellano, sobreviviente de un secuestro en marzo de 2010 al cubrir en Reynosa la guerra entre dos grupos delincuenciales, destacó que sintió “el frÃo acero de una pistola en la cabeza y la sentencia de muerte: ‘llévenselos y denles piso’. Al final no nos mataron, pero nos advirtieron: ‘no queremos ver a los de la prensa aquÃ, porque nos calientan la plaza’. Soy vÃctima de esa guerra y tuve suerte, mucha suerte y puedo venir a contarles eso. Otros en situaciones similares nunca regresaron, los encontraron muertos en el mejor de los casos, a otros ni siquiera los han encontradoâ€.
Participaron también Luis Miguel Aguilar, Elia Baltazar, Russel Banks, Luis Barjau, Federico Campbell, Lucina Kathmann, José de la Colina, Marco Lara Klahr, las Leñateras —indÃgenas tzotziles chiapanecas—, Marco Levario, Eduardo Lizalde.
Asimismo, Émile Martell, Gisela MartÃnez, José Luis MartÃnez, Héctor de Mauleón, VÃctor Manuel Mendiola, Héctor Mondragón, Héctor Gordoa, Debbie O’Connor, Jennifer Clement, Braulio Peralta, Alicia Quiñones, MarÃa Elena Ruiz, Silvia Tomasa Rivera, Larry Lax, Eduardo Vázquez, Jenaro Villamil y Verónica Volkov, entre otros, asà como los miembros directivos del PEN Internacional.
























