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Hace más de quince años escribí un artículo intitulado “Para ganar el Futuro” en el cual señalaba que “para ganar éste” deberíamos valorar, repensar y no olvidar todas las causas y factores que incidieron en la fundación del PRD, señalando el importante papel que ya estaba jugando el instituto político, ideado y creado principalmente por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano.

En el PRD se realizaban elecciones internas y éstas se habrían a la sociedad en lo general y requisito único para votar era el identificarse con su credencial de elector. No había complicaciones en el proceso y alguno que otro que no salía triunfador, no causaba problema, se aguantaba o terminaba alejándose del partido, o bien iba a buscar refugio en otro instituto político sin mayores consecuencias para el SOL AZTECA.


En esos cortos años de vida se comenzaron a presentar los primeros pleitos, sustentados sin lugar a dudas, en la ambición desmedida de las diferentes tribus por alcanzar, a como diera lugar y sin costo alguno, las jugosas posiciones de representación proporcional, que en un principio estaban prácticamente destinadas a intelectuales o para la gente de la sociedad que tuviera cierto prestigio, capacidad y conocimientos.

Los perredistas todavía teníamos conciencia sobre lo que significaban los más de 500 muertos tenidos y nuestra conducta como legisladores, directivos de los partidos o autoridades administrativas, nos sujetábamos a los dictados de los estatutos y principios del PRD, lo que hacía que éste fuera una buena opción para la sociedad en lo general, misma que correspondía reiterando su voto los perredistas.

Pero las traiciones, las defecciones tempranas, se comenzaron a dar, uno de los prim-eros en regresar al antiguo redil, fue Ignacio Castillo Mena, Diputado Federal -1988-1991, y entre abucheos de sus ex correligionarios se fue de Embajador. Otro, Gilberto Rincón Gallardo, fue candidato a la presidencia de la República por el Partido Demo-cracia Social. En fin, con frecuencia la ambición desmedida pesa más que los principios y, en las corrientes corrientes, es más importante mandar a los cuates o auto mandarse los dirigentes, primero a una Cámara y después a la otra, para luego regresar a la primera y así sucesivamente, sin tener la menor intención de buscar la elección directa que, además, no resulta barata..

Así, por ejemplo, un gobernador importado por el Partido, pretendió inútilmente hacer a su esposa gobernadora de su estado natal. En otro Estado, solamente por ser hija de una gobernadora, se llegó a ocupar un escaño en el Senado de la República por la vía plurinominal. Otras, sólo por ser esposas de diputados, llegaron llegó a ser diputadas , o por ser hermana de la diputada fue la suplente de su hermana, transmitiendo ésta, automáticamente “por osmosis”, capacidad, experiencia e inteligencia.

Por esa conducta, atrás han quedado los quinientos y tantos muertos y los muchos presos políticos tenidos; nuestra desviación nos ha llevado por un camino descendente y ha provocado el hastío de la gente hacía las corrientes y hacía el PRD. Por tanta marrullería interna, de cientos de miles de mexicanos no han castigado no votando por nuestro –perdón- más bien por el PRD de las tribus.

Dos meses y medio ¡hace ya! de la gran derrota en Michoacán y las discusiones entre “los ¿líderes?” por la conformación de la planilla para las elecciones extraordinarias en Morelia, ponen en riesgo –dicen los propios lideres- la unidad del PRD. ¿Pero de qué unidad hablarán si no sea la de sus propios intereses?

En lugar de lo anterior, debieran discutir, si fueran inteligentes, de las diversas causas que nos llevaron a la gran derrota del 13 de noviembre pasado. Los dirigentes del partido -¿de verdad lo son?- tanto estatal como en los municipios donde se perdió, debieron haber puesto sobre la mesa, si tuvieran un poco de dignidad! la renuncia irrevocable a efecto de analizar con profundidad y enviar mensajes a nuestros electores de la importancia de la derrota tenida y de la urgente necesidad de modificar conductas y respetar los principios ideológicos que nos dieran sustento.

La derrota tenida, la condición de tercera fuerza y no hacer caso de que lo primero es la determinación de nuevas autoridades estatal y municipal, y el seguir pensando en alianzas en lugar de modificar sus conductas de imprescindibles, nos puede costar todavía más: Pensar que el voto de Andrés Manuel va también para nuestros candidatos locales sería una mancha más al tigre.

En la preselección anterior para la presidencia de Morelia, advertí un y otra vez de la equivocación garrafal de postular a un candidato que no estuviera identificado con nuestro partido, pero la soberbia y la dependencia de los líderes de su superior, nos condujo a un abismo. ¡No se puede continuar así! ¡No debemos perder el futuro!