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En esta nueva era en el que el pase es lo que manda, es muy fácil olvidar la máxima en la NFL: los campeonatos se ganan con defensa.

Esto no tiene nada que ver con despreciar el talento de Eli Manning, ni el de Tom Brady. Ambos pertenecen a la élite de los quarterbacks en la liga.

El Súper Bowl, sin embargo, será decidido con la defensa y en eso los Giants son mejores que los Patriots ahora mismo.

¿Prueba? Nada más hay que repasar su rendimiento.

Ahí esta la racha de cinco triunfos que condujo a los Giants (12-7) de ser un equipo con mediocre marca de .500 a su segundo Súper Bowl en cuatro años.

La defensa de Nueva York ha permitido apenas 67 puntos durante la racha, sin permitir más de 251 yardas en pases en un partido. También suman 20 derribos de quarterback y forzaron 11 pérdidas de balón.

Y eso lo consiguieron contra muy buenas ofensivas, entre esa la maquinaria de los Packers de Green Bay.

La defensa de los Giants se presenta al Súper Bowl con la moral bien en alto.

“Siento que vamos a tener nuestro mejor partido, así que el que sea que se nos va a enfrentar tendrá que mostrar lo mejor que tienen”, proclamó Justin Tuck, el líder de la defensa.

La estrategia de los Giants no tiene secretos: se frena el juego por tierra del oponente, forzar que los Patriots busquen el pase y zarandear cuantas veces sea posible a Brady.

Fue el mismo esquema empleado hace cuatro años en Phoenix, en el que dejaron en feo a la línea ofensiva de los Patriots. También apelaron a la fórmula, aunque con menos efectividad, en una visita al feudo de Nueva Inglaterra a comienzos de noviembre, en una victoria 24-20.

En el reciente partido, los Giantas derribaron dos veces a Brady, además de interceptarle en otras dos. Un derribo precipitó un balón suelto que desembocó en una anotación.

Presión a Brady y se darán cosas positivas.

“Hicimos algunas cosas que le sacaron de ritmo”, dijo el coordinador defensivo Perry Fewell. “Provocamos que no estuviese tranquilo. Esperamos repetirlo”.