morelos

“Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos…”
Fue Morelos y Pavón el primero de los Insurgentes en proponer  una nación independiente: con esencia patriótica  y de justicia social. Un “Siervo de la Nación” y no una “Alteza Serenísima”, en imaginar una República y no un Virreinato con peninsulares y criollos gobernantes. Sus deseos impresos en “Los Sentimientos de la Nación”, eran tan congruentes con el espíritu de la época, que fueron la base para las leyes y constituciones subsecuentes.

El 14 de Septiembre de 1813 se formalizó, de la mano  principalmente de José María Morelos y Pavón tal documento.  Fue el primer intento de volver realidad al México Independiente que hoy conocemos y una poesía Nacionalista hecha Constitución (aunque no reconocida en el plano mundial), por sus términos de autonomía y de igualdad social, tal y como dicta su  Artículo 15: “Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, que la única diferencia entre los americanos, sean sus vicios y sus virtudes”.

Sin embargo, quizá fue su artículo 2  el que iba a determinar de forma más profunda el comportamiento de los mexicanos hasta la actualidad: “Reafirmar la  religión católica como la única sin tolerancia”. Un texto que, de entrada, parece ser una propuesta rígida y autoritaria, pero que propongo interpretar  trasladarnos a aquella época para  considerar lo siguientes 3 puntos:
1.- Hablar de religión para los “americanos”, en un país esclavizado, explotado y lleno de injusticias, traslucía  un sentido humanista en su proyecto. Un humanismo que siempre caracterizó a Morelos en su actuar, tal vez influenciado por su madre, Doña Juana Pavón, quien fue siempre una fuerte presencia en el insurgente, ya que lo educó hasta los 14 años, inculcándole el amor a Valladolid y hacia su prójimo.
2.- Con este artículo, se prevenía cualquier división entre la población novohispana una vez proclamada la independencia del Virreinato. Parece sensato: tener problemas internos es lo que menos necesita un País naciente, y de ahí la importancia de este artículo, que era una medida de control social. Recordemos que Morelos, si bien era sacerdote, pugnaba por un gobierno liberal y desconocer una Corona católica.
3.- Uno de los factores que facilitó la Independencia de México, fue el conjunto de problemas propios que tenía el Reino de España. Con un reinado débil y un país en construcción, resultaría más que probable una nueva invasión por alguna otra potencia extranjera (distinta de la metrópoli). Con esta ley se blindaba a la nación de toda influencia religiosa que premeditadamente introdujera un país para desestabilizarlo y cimbrara al gobierno. En especial, de cualquier otro Reino de Europa.
Independientemente de la influencia que tuvo la Iglesia en Morelos al pensar y redactar el artículo 2 de “Los Sentimientos de la Nación”, desde un punto de vista  de lo que hoy conocemos como seguridad nacional, lo ahí establecido resulta muy interesante. Al final de cuentas, durante las siguientes décadas, el país fue efectivamente invadido y mermado (aunque por otras razones). Quizás era inevitable: los recursos naturales y mineros del naciente país resultaban atractivos  para países con mayor poderío militar.
Mientras eso pasaba, fue la Iglesia la institución que se mantenía  menos perjudicada en un país con sucesivos cambios de régimen y de gobierno, cuyo ejército estaba ocupado en  golpes de Estado y asegurando  las fronteras, y cuya población sufría una pobreza  económica cada vez más aguda.  La Iglesia Católica gozo de esta posición porque la ley y las circunstancias la protegían. Estableciéndose como un enorme poder fáctico  y muy, pero muy real. Tal vez, por que a pesar de ser una República Independiente, la clase alta del país seguía estando mayormente compuesta por españoles de nacimiento que, como en la época de la Colonia, desde la cúpula del poder aún regían el día a día de los mexicanos. Cúpula que apoyaba  y protegía los intereses del clero.
No fue sino hasta los gobiernos liberales, especialmente el de Benito Juárez, cuando la Iglesia vio gravemente afectados sus intereses con la Constitución de 1857 y  las Leyes de Reforma, sobresaliendo entre estas medidas la nacionalización de los bienes  eclesiásticos, la libertad de cultos y el manejo de documentos como matrimonios, nacimientos y defunciones como un contrato civil, y no eclesiástico.  Su capacidad económica y también su poder de influencia resultaron seriamente mermados.
A partir de este momento, ocurriría un parteaguas en la Historia de la Iglesia en México, ya que de ahí hasta estos tiempos actuales, la Iglesia Católica intentaría más abiertamente  preservar sus intereses, echando mano tanto de formas sutiles como el cabildeo hasta el derramamiento de sangre con levantamientos armados. Es decir, sus mecanismos de defensa serían activados.
Desde mi punto de vista, lo más interesante llegó con el siglo XX: en la época de la Revolución, donde según el historiador británico Alan Knight: “México iba a redefinir su rumbo, convirtiéndose en una nación cósmica”. Al subir a la silla presidencial, Francisco I. Madero no pudo conciliar las facciones que pugnaban  por su respectiva cota de poder: comunistas, jacobinos,  imperialistas, masones americanos, militares, intelectuales, burgueses, y por supuesto, el clero.  Dicha incapacidad desembocó en  nuevas revueltas, el asesinato de un presidente y 2 golpes de Estado.
Un nuevo conflicto entre la Iglesia Católica y el Estado se vaticinaba cercano. Con la entrada en vigor de la Carta Magna de 1917, el Presidente en turno logró reformar nuestro orden legal poniéndolo a la vanguardia del resto del mundo, al incluir en ella los derechos civiles. Alan Knight asegura que con la nueva Ley los ganadores habrían sido los Masones Americanos, alejando a México, del entonces “contagioso” comunismo. Sin embargo, o quizá por ello, los intereses del Clero no se vieron tan afectados. El verdadero peligro para la Iglesia era que los generales sonorenses, la mayoría de doctrinas Jacobinas, quedaron bien posicionados al dirigir exitosamente estrategias de represión  y escoltando al Presidente  en las entradas triunfales en diferentes ciudades del país. En especial Álvaro Obregón, quién llego ser nombrado Ministro de Guerra y Marina durante el mandato de Carranza. La década siguiente sería marcada por el conflicto abierto, que conocemos como la Guerra Cristera, a raíz de una reforma en el  artículo 130 de la Constitución, una vez que el “Grupo Sonora” se sentara en la silla presidencial.
Lo sorprendente de la Guerra Cristera, fue la capacidad de reacción y organización que mostró la Iglesia para atrincherarse en sus posiciones. Aglutinando con facilidad  a campesinos, artesanos y hasta a  algunos sacerdotes en la línea de fuego, y teniendo, por otro lado, a conservadores y opositores al gobierno de Obregón financiando las acciones bélicas.
El acuerdo final fue un nuevo pacto y nuevos compromisos: el Estado no aplicaría la Ley y la Iglesia no exigiría nuevos fueros.
Las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, en cambio, se restablecieron hasta el sexenio de Carlos Salinas, reformando varios artículos de la Constitución, sobresaliendo el 3 y el 130.
Sin duda, la Iglesia ha sido una institución protagonista en el México independiente y en su vida política, pues aunque es imposible ver sacerdotes diputados, sus simpatizantes y feligreses que actúan en la política se convierten en sus operadores “de facto” en no raras ocasiones.
Así se demuestra a lo largo de la historia: Lucas Alamán como principal sospechoso en el asesinato de Vicente Guerrero, la Logia Escocesa en el México Imperial, el General Félix María Zuloaga persiguiendo a Benito Juárez, José Reyes Vega el “Padre vuela-trenes” en la guerra cristera, el fanático católico José León Toral asesinando al presidente electo (y jacobino) Álvaro Obregón y recientemente El Yunque, muchos de cuyos elementos son este tipo de operadores, y de los cuáles hay indicios que son quienes llevaron a cabo el intento de reforma al artículo 24 constitucional a finales del 2011.
México es un país de suma importancia para la Iglesia Católica, y la Iglesia Católica es indispensable para sostener la bienandanza de esta compleja sociedad mexicana. Primero por qué México cuenta con más de 92 millones de fieles y  porque tiene  una de las diócesis más grandes del mundo: Ecatepec. Sin embargo, como en otros países, el desplome de creyentes se hace poco a poco cada vez más notable. Ello se ve reflejado en una población más crítica y liberal (producto de la globalización), caracterizada por una psicología individualista, con ciertos rasgos de hedonismo.
Con un 83% de la población Católica y con adeptos en todos los estratos sociales, en México esta institución tiene un fuerte impacto en la sociedad: si la Iglesia asume una nueva postura ante algún “tabú”, si alguna Reforma le de mas libertades, si la Semana Santa cambia de mes. Por eso la importancia de su desenvolvimiento en el transcurso de los días. Sobre todo en  un país como el nuestro, en donde históricamente siempre se ha fracasado en la aplicación de políticas sociales para abatir la pobreza,  y donde el poder “moralizador“ de la Iglesia Católica entra para complementar la ardua tarea gubernamental de orden y movilización Social. En donde  muchas familias en estado de pobreza y pobreza extrema (casi la mitad de la población) no matan y no roban por hambre, ya que fueron educados moralmente por sus madres devotas al credo católico. No estoy negando la luz roja que hay en el país por esta naturaleza de delitos, pero sí afirmo: podría ser mucho peor.
Otro desafío quedó manifiesto con la visita al Dalai Lama a Monterrey en el “Tercer Encuentro Mundial de Valores”, donde el líder tibetano reconoció públicamente que las personas en el mundo están teniendo un “despertar espiritual”.  Un despertar espiritual que admira los “10 Mandamientos” y que reconoce la efectividad de un “Padre Nuestro” y un “Ave María”, pero que no promueve el catolicismo, dándole más opciones al creyente. Unos apoyándose en el agnosticismo, otros en prácticas judeo-cristianas, algunos en principios orientales y unos cuantos sujetan todas las religiones en una “metafísica universal”. Aunque hay que reconocer que muchos  prefieren conservar su afiliación católica.
Aún no se ha definido si la Iglesia Católica se encuentra en crisis, pero las actuales circunstancias  no vislumbran que la Iglesia enfrente un problema de supervivencia (al menos, es posible que no nos toque a nosotros vivirlos). Ha vivido situaciones peores, desarrollando una Diplomacia Perfecta y Milenaria. Solo que  ahora sus retos son nuevos. Por primera vez, la Iglesia no se enfrenta con monarquías, gobiernos jacobinos, comunistas o anarquistas. Lo hace directamente con la creencia individual de cada persona. Por eso el supuesto de que esta vez no habrá sangre, muerte, ni acciones pragmáticas; esta vez se espera una Reforma muy profunda dentro de la Iglesia, en donde se encare sus propias censuras, con menos rigidez. Quizás ya estemos preparados para esos tiempos.  
Tardarán años, posiblemente décadas, pero ya empezaron. Algunos expertos señalan al Papa Benedicto XVI como el Papa de la Transición. Al contar con una edad avanzada el día que el humo gris salió, su papado no será tan largo como el de algunos de sus antecesores. Es por eso que al Papa Benedicto  se le ve más tratando  asuntos  tan delicados  como el aborto y matrimonios gay sin tanta tangente. Es un Papa que  no “pastorea” tanto como otros, y que hace más uso del debate.
Como la oposición de la Iglesia aun no ha propuesto una alternativa real, no es conveniente que una institución como tal sufra cambios tan bruscos en un país como México, pues afectaría aspectos como la identidad nacional, los mecanismos de control social, además de  agudizar la actual crisis de valores en nuestros jóvenes.  Aunque se debe de tener cuidado en no transgredir los ideales de las personas, como en la reciente reforma al artículo 24.
Muchos (escépticos, espirituales, ateos, laicos, devotos de otras religiones,) esperan con ansias un cambio estructural e integral en los procederes de la Iglesia Católica. Es una gran oportunidad histórica para consagrarse ante el mundo como la máxima institución espiritual y humana. Al final de cuentas, de lejos, da la impresión de que  ellos ya saben que hacer:
“Hasta las fuerzas y los poderes celestiales descubren por medio de la Iglesia, la sabiduría de Dios con sus innumerables recursos” Efesios 3:10
El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga…

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

(Ciudad Valles, SLP, 1984), es ingeniero mecánico administrador por la UANL. Ha participado como líder de organizaciones juveniles y ha trabajado en temas de seguridad pública a nivel municipal desde 2009.