La opción de dimitir no figuraba en la agenda del presidente alemán, Christian Wulff, un polÃtico que dedicó todos sus esfuerzos de los últimos dos meses a justificar una interminable retahÃla de escándalos que le afectaban a él o a sus colaboradores más cercanos. Pero los acontecimientos se precipitaron cuando la FiscalÃa de Hannover anunció que pedirÃa al Bundestag, la Cámara baja del Parlamento Federal, que levantara la inmunidad del jefe de Estado para investigarle por tráfico de influencias.
El democristiano Wulff era primer ministro de Baja Sajonia en 2007, cuando aquel estado federado del norte del paÃs concedió un aval de 4 millones de euros a un empresario del cine llamado David Groenewold, artÃfice de negocios no siempre brillantes. Ese mismo año, Groenewold pagó a Wulff y a su mujer unos dÃas de vacaciones en Sylt, una isla del Mar del Norte frecuentada por ricos y famosos. La explicación de Wulff, según la cual abonó a Groenewold el coste de la estancia en efectivo, no ha convencido a los fiscales. Esta acusación, junto con la de recibir un crédito ventajoso de otro empresario amigo suyo, le perseguirÃa hasta su dimisión.
A las 11.02 horas de ayer, el tira y afloja del presidente alemán llegó a su fin. Compareció en el Palacio de Bellevue en compañÃa de su mujer, Bettina, para leer una declaración en la que admitió que ya no disfruta de la confianza de los alemanes: «Anuncio por ello mi dimisión, con el fin de dejar cuanto antes el camino despejado para mi sucesor». Las investigaciones de la fiscalÃa terminarán con su «completa exculpación», pronosticó Wulff. «Mi comportamiento ha sido correcto en todo momento», insistió.
La canciller Angela Merkel anunció que el próximo inquilino de Bellevue será un candidato de consenso, apoyado también por socialdemócratas y verdes. Con 51 años en el momento de su elección en el verano de 2010, Wulff se convirtió en el hombre más joven al frente de la presidencia de Alemania. Su conquista de la jefatura de Estado, un cargo no ejecutivo pero de peso fuerte moral, fue un parto difÃcil. El candidato propuesto por Merkel necesitó tres rondas de votación para obtener la mayorÃa necesaria en la Asamblea Federal.
Wulff dedicó su primer año en el cargo a inspeccionar las salas del Palacio de Bellevue. De esos primeros doce meses solo ha quedado para el recuerdo una frase: «De un tiempo a esta parte, el islam también forma parte de Alemania». Esa afirmación, con la que el presidente quiso lanzar una señal a favor de la integración y la cohesión social en un paÃs donde viven unos cuatro millones de musulmanes, no sentó bien a muchos conservadores, pero cumplÃa con una de las funciones que se esperan del presidente: estimular el debate.
























