opinion

La generación de empleos de calidad es uno de los desafíos que nuestro país ha enfrentado históricamente y la ausencia constante de éstos, ha llevado a una gran parte de la población a vivir bajo condiciones de pobreza, a refugiarse en diferentes actividades como el trabajo informal y otra parte no ha tenido más remedio que optar por la migración. Hace seis años, el entonces candidato a la Presidencia de la República por el Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón Hinojosa, proclamó que su principal tarea como presidente sería la generación de empleos para mejorar el bienestar de los mexicanos y combatir la pobreza nacional; se autodenominó “El presidente del empleo”. Calderón Hinojosa llegó a la Presidencia y la sociedad se encontraba esperanzada por las promesas que el candidato había contraído. Después de cinco años de gobierno esas promesas de empleo no se han concretado y año tras año, somos testigos de la degradación salarial y del declive del bienestar socioeconómico de la población. La desigualdad y la informalidad han aumentado, la pobreza se ha encrudecido y los salarios no aseguran un nivel mínimo de vida para la mayoría de los mexicanos.  Se acercan nuevos comicios electorales y las promesa fallida por el presente gobierno vuelve a revivir en boca de los nuevos aspirantes. ¿Construirán castillos en el aire y se mantendrán en el mundo de los anhelos u optarán por impulsar el desarrollo social y económico para así combatir la precariedad laboral que encarece el bienestar de los mexicanos?
Los últimos gobiernos ha presumido internacionalmente y creen que lograron su objetivo cuando argumentan que hemos logrado la estabilidad macroeconómica. Es importante mencionar que dicha estabilidad es un requisito para que el país tenga un crecimiento ordenado y sostenido, sin embargo; es una condición necesaria más no  suficiente para que ese crecimiento se traduzca en bienestar para la población. Asimismo, la manera en que se logra la estabilidad de precios atenta directamente contra el desarrollo económico. En nuestro país se han aplicado políticas laborales que involucran bajos incrementos salariales y a su vez una constante reducción de las prestaciones sociales. De acuerdo con el INEGI, durante el año pasado hubo 15 millones de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y en contraste, hubo 30 millones de mexicanos que trabajaron sin recibir algún tipo de prestación social, 13 millones trabajaron en el sector informal y otros 4 millones realizaron alguna actividad laboral pero no recibieron remuneración alguna. Si pensábamos que la distribución anterior es preocupante, cuando analizamos a los trabajadores por nivel de ingreso la situación se vuelve alarmante. Actualmente, 33 millones de mexicanos que se encuentran laborando reciben un salario no mayor a los 5 salarios mínimos; es decir, el 67% de la población económicamente activa percibe un salario mensual menor a los $8,700 pesos mexicanos. La debilidad salarial está muy correlacionada con los niveles de pobreza y por tal razón, no nos deberíamos de sorprender cuando vemos las noticias e informes internacionales que argumentan que cada vez existen más pobres en nuestro país. El Índice de la tendencia laboral de la pobreza (ITLP) elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el cual mide el nivel de trabajadores que perciben un salario incapaz de comprar una canasta alimentaria básica ha incrementado sustancialmente: de 2006 a 2011, hubo un incremento de 23% en las personas que viven sin poder acceder a los productos básicos para su alimentación.

Es necesario cambiar el concepto que tenemos sobe la famosa estabilidad macroeconómica y no sólo enfocarnos en la estabilidad de precios. Si nos olvidamos del empleo bien remunerado y de las prestaciones sociales, el bienestar nunca llegará a la población. La desigualdad se agudizará, la pobreza seguirá aumentando y el Estado cada vez estará bajo una situación muy limitada para actuar en contra de dichas fuerzas. El empleo y el bienestar ha estado siempre en las agendas y en los discursos de los políticos, pero nunca en los resultados que presentan una vez en el poder. De esta manera, es entendible que tengamos poco empleo formal y bien pagado, políticas de contracción salarial para cumplir con objetivos inflacionarios, gasto público ineficiente e improductivo y un sector empresarial que no tiene incentivos para crear empleos formales y bien pagados. Espero ver en los candidatos propuestas firmes y concretas en cuanto a la generación de empleos y no sólo las típicas y obsoletas propuestas que estamos acostumbrados a escuchar. Mientras tanto, el mercado laboral se seguirá moviendo de acuerdo a los incentivos presentes, algunos trabajadores continuarán en el desempleo, una gran mayoría se incorporará a la economía informal y otros seguirán luchando en la oscuridad del sector formal.
Fuente: INEGI y CONEVAL.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Estudiante de Economía y Finanzas del ITESM CEM, Presidente de la Sociedad de Alumnos en Economía (SALEC), escritor de La Revolución del Pensamiento y de la revista universitaria Espacio Latinoamericano. Twitter: @LuisAngel_Perez Correo Electrónico: [email protected] Web: www.revoluciondelpensamiento.com