rlm

Las tergiversaciones, en México, son tan frecuentes como las ejecuciones de inocentes que oficialmente ya suman cerca de 48 mil en el recorrido del sexenio de la violencia, el de Calderón. Por ello, claro, en nuestros trabajos más recientes hemos insistido en que el imperio de la democracia, como pretenden los consejeros del Instituto Federal Electoral, de modo alguno puede ser superior al ejercicio pleno de las libertades, sobre todo la de expresión sin la cual el aislamiento comunitario además de social se vuelve ideológico. De allí que la regla por la cual los candidatos definidos, por decisión de sus propios partidos, deben esmerarse en no hacerse propaganda cuando son entrevistados –no entiendo cómo puede lograrse tal cosa-, mientras las candilejas iluminan el escenario oficial donde se dio una pretendida contienda interior que facultó a Josefina Vázquez Mota a ser la única con derecho a la propaganda. Lo faccioso no quita el indecoro.

El ex presidente Vicente Fox –a éste, aunque tenga saldos negativos, si le llamamos así porque su elección estuvo fuera de toda duda-, ha dicho que el silencio obligatorio se contrapone a todo signo de democracia. Y además, como dijimos ya, coincidimos plenamente y ampliamos el contexto al revisar que a través de doce años de administraciones de la derecha no se cambiaron las leyes comiciales y se mantuvieron y ampliaron ciertos candados estratégicos, precisamente aquellos tendientes a crear un handicap favorable a la clase política en el poder, en este caso a la cúpula panista, asegurando así el continuismo político. La libertad, insisto una vez más, no puede acotarse; en cambio, a la democracia le salen muchos intérpretes maliciosos, como los citados consejeros, que imponen sus criterios para seguir medrando. ¿Sabían ustedes que nuestra singular democracia nos sale más cara que el glamour de la monarquía británica?

Otro valor sustantivo, surgido en los debates del Constituyente de Querétaro –en donde los legisladores cuando menos conocían al país y su idiosincrasia y pusieron orden sin negar la esencia nacional-, es el de los límites que todos los funcionarios públicos están obligados a guardar. La fórmula es, debiera ser, muy sencilla: al ciudadano le está permitido hacer todo excepto cuanto le está expresamente prohibido por la ley; a cambio de ello, a quienes gobiernan sólo les está permitido ejecutar lo que específicamente le ordena la propia legislación general que encabeza la Carta Magna.

En este sentido –lo venimos diciendo desde que el hablantín Fox se daba a la tarea de criticar, sobre todo a los medios y a sus adversarios, cuando desempeñaba la Presidencia-, el titular del Ejecutivo federal está constreñido a sus funciones exactas entre las cuales no se le ubica, como en los regímenes parlamentarios, como cabeza de partido ni difusor de encuestas que, en apariencia, favorecen a su partido y su candidata. En esto falta, de manera por demás clara, a la ética elemental.

A últimas fechas dos han sido los pecados mayores de Calderón:

1.- Declaró que el crimen organizado había estado detrás de las elecciones en Michoacán para explicar y justificar con ello el fracaso de su hermana mayor, “La Cocoíta” Luisa María, sin aportar una sola prueba de lo sustentado. Con ello cometió un grave delito que, en un régimen democrático, debió costarle la inhabilitación como funcionario público: porque quien ejerce facultades gubernamentales tiene el deber de denunciar un delito cuando tiene conocimiento del mismo, no sólo mencionar superficialmente la presunta comisión de un crimen contra la democracia y luego sellar los labios para dar paso a la negociación política. Tal es abyecto y contrario al espíritu del Constituyente y de la democracia.

2.- Dio a conocer, en un círculo de banqueros, una encuesta –supuestamente difundida en las redes sociales-, en las que la candidata del PAN sólo está debajo en las preferencias públicas, respecto al priísta Enrique Peña Nieto, cinco puntos. Con ello, como avisamos a tiempo, el manejo de los sondeos y estadísticas, como en 2006, tenderá a acortar distancias, artificialmente, para inducir al electorado y maniobrar lo conducente. La misma fórmula se aplicó a Andrés Manuel López Obrador en 2006 y ahora se hace con el ex gobernador mexiquense. Quien peca una vez, peca dos y tres veces más.

Si Calderón aduce que tiene derecho a exponer sus criterios en apoyo al partido del que proviene, entonces debe dejar la Presidencia que le limita a hacerlo y pasar a las filas de la ciudadanía común aunque tampoco estaría muy seguro en ellas. No se olvide la millonaria y absurda sanción contra el boxeador Juan Manuel Sánchez por exhibir el logotipo del PRI en sus calzonas durante un encuentro por el campeonato mundial. Dentro de poco, será lesivo y motivo de escarnio expresar las preferencias partidistas delante de militantes de otras tendencias, como solía suceder en el fascismo y está de moda volverlo a hacer en los gobiernos de la derecha, como con el recién estrenado español, Mariano Rajoy, quien justificó la represión inaudita contra adolescentes, por parte de la policía valenciana, al más puro estilo de Franco… y Díaz Ordaz. Dos meses le bastaron para reinstalar al franquismo en la “moderna” España de nuestros días.

Insisto: el ciudadano Calderón puede cuestionar, dar opiniones –incluso en materia internacional, como tanto hacía Fox indebidamente ciñendo la banda tricolor-, criticar a sus adversarios y alentar a los suyos; el mandatario, en cambio, debe ceñirse a lo estipulado en la ley, sólo a ello. Por eso juró cumplirla y hacerla cumplir y no lo hace cuando excede sus funciones concretas en aras de un partidismo enfermo, lo mismo en su natal Michoacán que en la perspectiva nacional. No es mala voluntad, sino sencillamente una cuestión de sentido común y, repito, de ética política.

Cuando la confusión de valores alcanza estas dimensiones es correcto hablar de una crisis política de gran envergadura por la ausencia de valores pragmáticos y la ligereza en operar imposiciones e inducciones con la parafernalia presidencial como punta de lanza. Y es esto lo que está sucediendo, por desgracia, ante la ausencia de contrapesos al poder central y la mala manera como se conducen los miembros de la cúpula del poder dispuestos a justificarse en todo sin conceder el menor resquicio para la crítica razonada y justa.

Con los valores cambiados, además, nos encaminamos al abismo de julio, en medio de la batahola económica por legar y la ausencia de rectorías confiables para una ciudadanía en estado de indefensión. Ahora, ¡qué nos multen también por decirlo!

Debate

No todo está peor en México. Tenemos serios, severos conflictos en tres materias de enorme trascendencia: violencia, corrupción y democracia. Los porcentajes negativos de cada una de éstas líneas hablan por sí solo del fracaso de las administraciones federales y no sólo la de las dos últimas, cabe aclarar. Cierto, eso sí, que han aumentado, para mal, los registros. Ya no nos sirve el IFE convertido más bien en una suerte de policía electoral que retrae, a su capricho, la libertad; ni el TRIFE seguidor de consignas para sostener estipendios escandalosos entre los magistrados. Y no hay iniciativa alguna dirigida a una reforma política integral… como anunció Colosio, un mes antes de ser asesinado, en 1994.

En el llamado “primer mundo” hay asuntos que asombran. Hace unos días, por ejemplo, una escuela secundaria de Madrid fue embargada –por deudas civiles cercanas al millón de euros-, en horas escolares con los jóvenes escolapios en clases quienes atestiguaron la burda manera con la que los cargadores se llevaban hasta los pizarrones, los pupitres y las sillas. El local quedó vacío en medio del azoro de los padres de familia. Como en México, se retuercen los derechos y se privilegió aquí el de los bancos a sustraer bienes y no el valor superior a la educación. Un acto de barbarie como ofrenda al capitalismo infecundo y ruin.

En la misma semana, los jóvenes del colegio valenciano Lluis Vives, fueron brutalmente reprimidos por la policía, golpeándose incluso a muchachitas de quince años con sólidas macanas. Para justificar la acción, el jefe de la corporación alegó que habían sido atacados los policías –con los libros que portaban los chicos-, y por ello se había “actuado contra el enemigo”. Con ello, claro, fue claro lo que puede esperarse del franquismo redivivo como si hubiéramos regresado a 1968. ¿O ya se nos olvidó?

Por eso es tan importante defender lo esencial: la libertad es primero que la democracia porque la segunda depende de la primera para poder ser efectiva; y la justicia social está por encima de las leyes que justifican a los represores. No lo olvidemos.

La Anécdota

El hidalguense Manuel Sánchez Vite, quien fue gobernador de su entidad y presidente del PRI nacional, solía presumir de sus grandes heredades en una región plagada aún de latifundistas de horca y cuchillo, los Rojo y los Lugo entre ellos. Un día, el entonces presidente Echeverría –1970-76-, le mandó llamar:

–Me han dicho, Don Manuel, que usted actúa como cacique en su tierra.

–No, señor presidente –respondió el aludido-. En México el único cacique que tenemos está en Los Pinos y lo tengo enfrente.

Con ello dio por terminada su carrera política pero jamás fue tocado por el poder central. Lo grave es corroborar que estamos igual que entonces.