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De las mujeres que han aspirado a la Presidencia, sin esperanza alguna de ser seducidas por el poder omnímodo, todas han sido admiradas pero no lo suficiente, al parecer, cómo para votar por ellas. Acaso el gran conglomerado electoral teme los puntos vulnerables de las damas en el último jirón del avieso “machismo” o será acaso porque no han sido estandartes de los partidos con mayor estructura y tal les ha impedido el crecimiento. El hecho es que han dejado huella por cuanto a sus valores, inteligencia y perseverancia entre ellos, su resistencia y hasta por su capacidad de debatir y encarar a los fósiles del viejo y anquilosado establishment.

Por ejemplo, doña Rosario Ibarra de Piedra, luchadora social tenaz, hizo de la búsqueda de su hijo –a sabiendas de la imposibilidad de hallarlo y, mucho menos, con vida-, una expresión sublime, ella sola, de las “madres de mayo” en Argentina, víctimas de la dictadura militar. Visitó, en campaña, todos los penales del país para tratar de cobijar a los dolientes y encontrar a los presos políticos que, desde luego, no aparecieron en los sitios en donde exploró. Tal sucedió en 1982 y doce años más tarde, al surgir la figura del subcomandante Marcos, no pocos señalaron que la cabeza visible del EZLN pudiera ser el vástago perdido de la dama. No fue así, pero como si lo hubiera sido: doña Rosario se convirtió en una especie de interlocutora del hombre del pasamontañas y una especie de aduana para acceder a él con visa revolucionaria.

Llegó a ser tan conocida que los custodios del Senado no se atrevieron a detenerla cuando encabezaba una protesta porque la confundieron y pensaron que contaba con fuero constitucional. Y la dejaron pasar para que tomara las gradas de la antigua sede de la Cámara Alta. Luego, al constatar su error, los propios gendarmes le solicitaron tomarse fotos con ella. Más allá de lo chusco, el episodio revela la actitud voluble de los mexicanos, siempre quejosos pero incapaces, por ejemplo, de encarar a uno de los grandes pillos y decirles, de frente, cuanto piensan de ellos. Lejos de eso, optan con saludarlos con reverencia sin la menor sanción social. En este renglón, sin duda, las mujeres son bastante más fuertes y “castigadoras” que los varones.

Yo no sé, no puedo saberlo, si México está preparado para tener una presi9denta de la República. Lo he pensado muchas horas luego de la postulación fáctica de una digna mujer, Josefina Vázquez Mota, quien será abanderada del PAN a la titularidad del Ejecutivo federal. Cuando la conocí y conversé largo con ello, le recordé cómo sufría durante sus comparecencias ante el Legislativo tras los informes presidenciales y en su calidad de secretaria de Estado. Ella sonrió, con un nuevo “look”, físico y de carácter, que le daba un atractivo especial con la falda apenas encima de la rodilla, la sonrisa a flor de piel y las gesticulaciones medidas con la suavidad del tono. Esto es, como si hubiera nacido para la política y no fuera un producto del marketing para difuminar los defectos y realzar toda clase de virtudes. Desde ese momento, comprendí que podría contarse con una candidata a la Primera magistratura de la mayor envergadura… con la parafernalia presidencial de por medio.

Otra de las mujeres que no pueden olvidarse por su participación en una campaña presidencial, fue la carismática Cecilia Soto González, apadrinada, nada menos, por Raúl Salinas de Gortari quien la llevó al Partido del Trabajo para manejar con ella toda una gama de negociaciones con el priísta Luis Donaldo Colosio, reacio a aceptar las humillantes condicionantes del hermano “incómodo” del mandatario en curso. Cecilia, inteligente y audaz, no vio, sin embargo, cuál era el verdadero fin de su lanzamiento y se dejó llevar animada por la utopía. Pese a ello, siendo la primera candidata presidencial del PT, obtuvo casi un millón de votos y el consiguiente registro para un partido que se ha caracterizado, con el tiempo, por ser el más lópezobradorista entre los más radicales de éstos. Comenzó a la sombra de los Salinas y navega ahora sobre las agudas de quien se dice la antítesis de éstos. Yo no sé que creer al respecto.

También en 1994 apareció en las papeletas, muy rezagada, la hija del histórico fundador del hoy extinto Partido Popular Socialista, Don Vicente Lombardo Toledano –cuya memoria guardo con gran respeto-, la señora Marcela Lombardo Otero quien, discreta, se limitó a participar cuando el instituto que la postuló ya había iniciado su caída fatídica hacia el abismo. Acaso el declive se dio cuando, un año atrás, en 1993, fue el único que integró a los jacobinos quienes se negaron, inútilmente, a reformar el artículo 130 Constitucional sobre la igualdad jurídica de las Iglesias y la consiguiente reanudación de relaciones diplomáticas con El Vaticano, d la mano, claro, del inmenso Juan Pablo II quien, sin embargo, dejó un grave pendiente en prenda: el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el primero de los magnicidios orquestados desde el poder bajo la batuta de Joseph-Marie Córdova Montoya, pobremente investigado aunque mil veces señalado.

Finalmente, Patricia Mercado Castro, una mujer de notable inteligencia –para muchos, incluso, ganó el debate general con los demás postulantes en 2006-, se postuló por el Partido Alternativa Socialdemócrata y contendió en 2006 obteniendo, de acuerdo a las manoseadas cifras oficiales, un millón 128 mil sufragios, la votación más alta alcanzada nunca por una dama en nuestro país. Su esfuerzo, sin embargo, no sirvió siquiera para asegurar la prolongación de su partido, anulado de hecho en 2009, ante la ausencia de un proyecto bien dirigido que le permitiera aguantar las andanadas desde el poder. Pese a ello, Patricia dio muestras de carácter y de conocimiento profundo sobre el devenir y las circunstancias de México. La suya no fue una participación más, sino acaso el primer intento, en serio, de escuchar una voz femenina contra contrincantes avezados en el arte de la demagogia.

Es corta la lista, pero muy significativa. Dice el refrán que no hay quinto, ni quinta mala. Es el sitio que ocupa la señora Vázquez Mota en estos primeros amaneceres de marzo de 2012 cuando comienzan a cerrarse filas y a observarse las verdaderas intenciones de unos y otros. Si la dama que conocí fuera más fiel a su propia conciencia que a los operadores de importación que la llevan de la mano, estoy cierto de que avanzaría mucho más rápido por la senda de la dignidad histórica; por desgracia no es así y parece haber optado a seguir, como un cartabón, la metodología calderonista que incluye la deformación de las encuestas y la manipulación colectiva en alianza con las grandes cadenas de televisión.

Quieren que votemos antes de tiempo. Pero falta este marzo, abril, mayo y junio. Podemos pensarlo todavía.

Debate

Si en nuestro país hubiese justicia, o Estado de Derecho como suelen repetir los jilgueros oficiales, Felipe Calderón Hinojosa tendría un oscuro porvenir a partir de diciembre de este año: no sólo tendría que responder por la impunidad que caracteriza la matanza de más de 47 mil civiles, de acuerdo a las estadísticas oficiales, de cuyos casos sólo se ha dado seguimiento judicial al dos por ciento –lo que es ya de por sí gravísimo por cuanto refleja la negligencia criminal que pervive-, sino de algunos hechos, aunque no tan graves, que han comprometido seriamente el ejercicio de las funciones públicas durante su mandato.

Un mandatario federal debe limitarse a las funciones específicas que le señala la Constitución General de la República, en sus artículos 82 y 83. Y, entre otras cosas, no puede, no tiene derecho, a cuestionar y criticar a sus adversarios porque también para ellos trabaja. Si lo desea hacer, por encima de su jerarquía, debe dejar antes la Presidencia y, como ciudadano común, desarrollar la crítica. Por desgracia, sus antecesores, los Fox, ella y él naturalmente, son un penoso antecedente de impunidad en este sentido. Aún así, ya va siendo hora de dar el gran salto hacia la democracia real y no la simulada con los autoritarismos disfrazados.

Insisto en un punto de extrema gravedad: Felipe Calderón señaló que en los comicios celebrados en su tierra, Michoacán, hubo intervención directa delo crimen organizado. Lo expresó para justificar así la derrota de su hermana mayor, “La Cocoíta”, a quien las encuestas habían entronizado oficiosa, artificialmente. Pero, de acuerdo a la ley, un funcionario, de cualquier rango, que tenga conocimiento de la comisión de un delito debe denunciarlo y no únicamente señalarlo retóricamente. Y Calderón, lejos de actuar en este sentido, acabó avalando el triunfo del priísta Fausto Vallejo a quien ya visitó. No se trata de una contradicción sino de una actuación no sólo indigna sino co0ntraria al espíritu de la ley. Bastaría con esto para fincarle responsabilidades.

Y la lista sigue: divulgar, entre banqueros, encuestas preparadas ad hoc, como es costumbre desde 2006, es entrometerse en el proceso electoral mientras los candidatos se mantienen amordazados por el Instituto Federal Electoral. Y esto es también un acto delincuencial desde el poder, injustificable. Son muchas las cuentas pendientes y muy escasas las respuestas al respecto.

La Anécdota

En los tiempos de los Fox, aún muy recientes, un monje fanciscano, en el Convento de la Cruz de Querétaro, me confió en voz muy baja:

–¿Ya ve por qué es saludable el celibato?

–No sé. Dígamelo usted.

–Con dos Martitas que tuviéramos instaladas aquí se acabaría la Iglesia… ¡Dios nos coja confesados!

Reímos; luego medité, largamente, sobre la entraña de la misógina aseveración.