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No es bueno nunca hacerse de enemigos
que no estén a la altura del conflicto
Que piensan que hacen una guerra
y se hacen pis en la cama como chicos
Que rondan por siniestros ministerios
haciendo la parodia del artista
Que todo lo que brilla en este mundo
tan solo les da caspa y les da envidia”
Fito Páez “Al lado del camino”

En la vida es necesario tener enemigos. Son sanos, te mantienen alerta, vivo. Son como la cafeína que nos despierta por las mañanas.
Difiero rotundamente de los que afirman que es mejor no tenerlos. Habría que preguntarles a los que aseguran no tener ningún enemigo, si no tienen tampoco algún amigo.
El no querer conflictos, es no querer aceptar el balance perfecto del universo. Como en el yin y en el yang, la dualidad, las dos fuerzas fundamentales, son opuestas y complementarias a la vez, y se encuentran en todas las cosas. Así los enemigos y, por ende, los amigos -que en ocasiones pueden ser nuestros grandes enemigos-, son necesarios para poder pintar el cuadro de la vida con negro y con blanco.
La luz y la oscuridad son fenómenos naturales que suceden todos los días. Así, los enemigos, son entes que nos pueden llevar a lo más oscuro, pero también son seres que nos permiten ser más luminosos, brillar con luz propia.
Plutarco fue un hombre que vivió hace dos mil años en Grecia, y él ya sabía como sacar provecho de los enemigos.
En su libro nos decía, con una voz lejana, como defendernos de los ataques de nuestros oponentes, para sacar un provecho moral de ello. Que los enemigos también hacen que nos comportemos mejor con nuestros amigos y familiares.
Los enemigos nos obligan, aseguraba el filósofo. Ellos logran que nos volvamos más conscientes, que nos conozcamos mejor a nosotros mismos, nos llevan a ejercitar el control sobre nuestra personalidad y, lo más importante, nos enseñan a ser discretos y cuidadosos.
Plutarco nos muestra, que la envidia, los celos y la rivalidad, son las pasiones más capaces de engendrar una enemistad. Por eso debemos asegurarnos que las mismas, las provoquemos en gente que valga la pena, para así tener enemigos cuya rivalidad sostenga una epopeya.
Y aunque los enemigos sean perjudiciales en algunas cosas, y en ocasiones difíciles de manejar, siempre presentan algún asidero, alguna utilidad particular y algo de lo cual sacar provecho.
El enemigo es como una enfermedad que invade el cuerpo. Lo que no te mata, te hace más fuerte, versa el dicho popular.
“El enemigo está siempre acechando y velando tus cosas y buscando la ocasión por todas partes, recorriendo sistemáticamente tu vida, no mirando sólo a través de la encina, como Linceo, ni a través de ladrillos y piedras, sino también a través de tu amigo, de tu siervo y de todos tus familiares, indagando, en lo que es posible, lo que haces, y escudriñando y explorando tus decisiones”, dice Plutarco.
Siempre pendiente de los errores, sigue tus huellas, al igual que un perro de caza olfatea a una zorra en el campo abierto. Como los buitres arrastrados por los olores de los cuerpos muertos, así los enemigos odian, atacan y despedazan.
La mejor receta contra los enemigos es vivir una vida llena de razonamiento y baja en pasiones. Ser discreto y vivir con precaución, ordenando siempre nuestra conducta, la pública y la privada.
Sólo se puede vencer a los enemigos siendo honrados, magnánimos y humildes. “Estas cosas retuercen la lengua, cierran la boca, ahogan y hacen callar”, decía Demóstenes.
Por último, ten mucho cuidado, el peor enemigo de ti, eres tú mismo. A veces vemos en los demás lo que no nos gusta de nosotros mismos, por eso odiamos y aborrecemos.
Si es así, ve en un espejo tu reflejo y piensa: “estando tú mismo lleno de llagas, eres médico de otros”, Eurípides. Cuando lo reconozcas, pronto sanarás.
Los enemigos odian ver a un hombre fuerte y digno. Temerán ser vencidos y tarde o temprano se retirarán del campo de batalla.
Jaque Mate.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.