No había llegado Donald Trump al gobierno de Estados Unidos y ya como candidato cargaba hondo vociferando en contra de Irán, Corea del Norte y China fundamentalmente.
Desde aquel 20 de enero de 2017 en que el magnate tomó posesión como presidente, en la aldea global no hemos visto la nuestra… dijo que desconocería el Acuerdo Nuclear con Irán firmado por su antecesor Barack Obama con la venia de Francia, Alemania y la Unión Europea (UE) junto con la ONU.
Al final ha terminado cargándoselo del todo porque a su salida unilateral le ha seguido, apenas iniciar 2020, el anuncio del gobierno iraní de que continuarán enriqueciendo uranio.
Lo ha hecho luego del grave incidente en Irak provocado por Estados Unidos tras enviar una serie de drones al aeropuerto de Bagdad para asesinar a
Qasem Soleimani, general de división iraní, quien era comandante de la Fuerza Quds con el pretexto del Pentágono de defender a su embajada en la capital iraquí de una turba callejera que llegó a colarse a cierta parte del inmueble.
Trump afirma que detrás de esta algarada estaba Irán y precisamente Soleimani, la realidad es que, en estos momentos nadie sabe la verdad, a quién creer… a Irán que lleva meses denunciando que le están “sembrando” incidentes; simplemente recordemos los varios roces en el Estrecho de Ormuz.
¿Y si es la CIA la que está detrás de una provocación orquestada desde el corazón mismo de la Unión Americana? ¿Realmente creemos que es Irán el más interesado por tener un conflicto bélico con Estados Unidos? ¿Quién es el más beneficiado por esta situación? Lo es Trump en permanente campaña electoral buscando la reelección el próximo mes de noviembre.
Debe quedarnos muy claro que, desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha ido hilando pretexto tras pretexto para meterse en Medio Oriente y cambiar su faz a favor de la economía más dependiente del petróleo y del gas. La realidad es que Trump quiere sus guerras como las tuvo George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001.
A COLACIÓN
En política exterior Washington está jugando con granadas de mano: ha vuelto a los años de la cerrazón que dejó la Gran Depresión de 1929-1930 y a la política del palo y de la zanahoria de la década de 1970.
Y Trump va dividiendo al mundo entre sus amigos y los que no lo son. A Europa le exige una nueva política Marshall en la que acepte las condiciones de la Casa Blanca para orbitar a su alrededor y comprarle desde armamento militar hasta más y más bienes y servicios.
Frente a Oriente Medio sus aliados imprescindibles son Arabia Saudita e Israel; al primero lo quiere posicionar como el eje de la política árabe y al segundo como la potencia militar de la región apoyándolo en todo lo necesario para impedir que los palestinos tengan una tierra y una nación propia.
Irán es el objetivo de Washington. Primero lo fue Irak. El entonces presidente George W. Bush acusó a Saddam Hussein de ser un peligro para la humanidad al poseer —denunció él mismo— vastos laboratorios de armas químicas y arsenales de destrucción masiva.
Convertido en enemigo público número uno de Estados Unidos la invasión de Irak (el tercer país productor del mundo, que en enero de 2003 registraba 2.46 millones de barriles de petróleo diarios) consumó la caída del régimen del dictador Hussein el 9 de abril de 2003.
Le siguieron varios cambios en la región promovidos desde 2011 con la llamada Primavera Árabe, que terminó borrando del mapa a dictadores como el libio Muamar Kadafi, asesinado el 20 de octubre de 2011. En Libia, el octavo productor de petróleo.
Siria y su régimen hereditario en manos de Bashar al-Assad han resistido ocho años de guerra civil intestina con la actuación terrorífica del grupo autodenominado Estado Islámico y claras denuncias de grupos árabes de estar financiado por la CIA.
La resistencia del presidente Al-Assad se mantiene gracias a la intervención de Rusia en el conflicto y ha logrado recuperar el control territorial ante el disgusto de Estados Unidos. No pocas veces el Kremlin ha ventilado un plan elucubrado desde Washington para romper a Siria en un protectorado de cuatro partes. Y desde luego su intención de derrocar al régimen iraní.
























