Corea del Norte amenazó el jueves lanzar un ataque nuclear preventivo contra Estados Unidos, intensificando su retórica antes de que se aprobara en Naciones Unidas una serie de nuevas sanciones contra ese país por su reciente prueba nuclear.

Un vocero no identificado de la cancillería de Pyongyang dijo que su país ejercerá su derecho a “un ataque nuclear preventivo para destruir los bastiones de los agresores” debido a que Washington, en su opinión, busca librar una guerra nuclear con el Norte.

 

 

Pese a la jactancia de Corea del Norte, se cree que no ha adquirido la capacidad de producir una ojiva nuclear suficientemente pequeña como para colocar en un misil capaz de llegar a Estados Unidos. Pero se cree que tiene suficiente combustible nuclear para varias bombas nucleares no sofisticadas.

Esa retórica es común en Corea del Norte, especialmente en los últimos días. Pyongyang está indignada por las sanciones y los próximos ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur y Estados Unidos. En una manifestación masiva el jueves en la capital, decenas de miles de personas protestaron por esas maniobras y por la amenaza de sanciones.

El Departamento de Estado de EEUU y la Casa Blanca dijeron que, pese a que las amenazas de Corea del Norte contra Estados Unidos no son nuevas, el país norteamericano “es totalmente capaz” de defenderse si Pyongyang materializa sus advertencias de un ataque con un misil nuclear.

Las sanciones aprobadas el jueves por el Consejo de Seguridad deben “golpear duro” al país según Estados Unidos.

La resolución del Consejo, propuesta por varios países (entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur y Francia) y adoptada unánimemente por sus 15 miembros, trata de acabar con las fuentes de financiamiento utilizadas por Pyongyang para acercarse a sus ambiciones militares y balísticas.

Las medidas, duramente negociadas durante tres semanas, ponen bajo vigilancia a diplomáticos norcoreanos y engrosan una lista negra de particulares y empresas sometidas al congelamiento de bienes o a la prohibición de viajar.

Las sanciones definen más específicamente una serie de productos de lujo que los dignatarios del régimen comunista no estarán autorizados a adquirir y obliga a inspecciones obligatorias de cargamentos sospechosos que provengan o tengan como destino Corea del Norte.

La embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Susan Rice, dijo inmediatamente después de hacerse el anuncio que las sanciones “golpearán duro” a Pyongyang.

“Aplicadas juntas, estas sanciones golpearán y golpearán duro. Aumentarán el aislamiento de Corea del Norte e incrementarán el costo para los líderes de Corea del Norte de desafiar a la comunidad internacional”, dijo Rice a periodistas.

Los 15 países miembros del Consejo de Seguridad manifestaron “la mayor preocupación” ante el último ensayo nuclear norcoreano, realizado el 12 de febrero, el tercero después de los de 2006 y 2009, y se dijeron listos a tomar “importantes medidas adicionales”, no precisadas, si Pyongyang procede a un nuevo ensayo de bomba atómica o a un nuevo lanzamiento de misiles.

Pero el embajador surcoreano ante la ONU, Kim Sook, rechazó la idea de un diálogo con Pyongyang en lo inmediato.

Los dirigentes norcoreanos, dijo, “se aislaron del resto del mundo y no es momento de hablar de diálogo. Corea del Norte debe abandonar su ilusión de convertirse en potencia nuclear”.