Percibo al mundo, en el inicio de una nueva crisis recesiva global, como lo observaba en 1968, hace poco más de cuarenta años, cuando las protestas estudiantiles tomaron por asalto La Sorbona de ParÃs extendiéndose con mayor rapidez que la influenza norteamericana –que no mexicana-, con sus consiguientes estigmatizaciones. En México vivimos aquel año bajo el terror y, sin embrago, en la permanente dualidad entre el dolor y al amor entre los mexicanos, nos dimos tiempo para disfrutar, apenas diez dÃas después de la matanza de Tlatelolco lo que corrobora nuestra excepcional capacidad de asimilación, de los mejores juegos olÃmpicos que hasta entonces se habÃan organizado.
Hoy las cosas no son muy distintas. Lo observo en los ojos de los “indignadosâ€, en los de los llamados “parados†en España que ya suman más de cinco millones con todo y las medidas extremas –con acento fascista- tomadas por el nuevo gobierno de derecha y también en las miradas desconcertadas de los estudiantes de Valencia, Madrid y Barcelona ante las cargas inmisericordes de la gendarmerÃa. Pero también entre los mexicanos quienes no se animan mucho a salir a la calle por no encontrarse con un tiroteo en cualquier momento, en cualquier sitio. Quizá el crimen organizado le hace un favor al gobierno inhibiendo asà parte de la protesta pública de cara a los comicios de julio próximo; pero, por desgracia, el hilo está a punto de romperse.
Quizá si en México se hubieran tomado decisiones tales como recortar los recursos para la educación superior o disminuir el número de dÃas por liquidación dejando en los empresarios el derecho discrecional de disminuir sus nóminas, despidiendo a los más antiguos y recontratando a los jóvenes con menores salarios –tal y como ha sucedido allende el mar-, entonces nadie podrÃa evitar la explosión civil y la consiguiente rebeldÃa cÃvica en nuestro México rebosante de desigualdades e injusticias pero donde los consejeros del IFE no escatiman presupuesto para cobrar estipendios amorales, con bonos bimensuales incluidos –unos cuatrocientos mil pesos por elemento-, amén de un trato igual para los diez mil burócratas con los que se dice habrá de “garantizarse†la limpieza del proceso federal en curso. ¿No pinta esta ambición –en todo caso, cuando no es año de elecciones federales y siguiendo su lógica, deberÃan reducirse sus salarios-, y de cuerpo entero, las verdaderas prerrogativas de los llamados “rectores†de la democracia… fallida?
Hemos dicho, una y otra vez, que este año y, por ende, los comicios del primero de julio, serán más complejos que cualquiera de los anteriores porque, como nunca antes, se conjugan una serie de elementos negativos, que rebasan el entorno meramente polÃtico –la recesión, el crimen organizado, la cada vez mayor intervención estadounidense, los temores de la derecha y de Calderón, la ausencia de autonomÃa en el IFE y el TRIFE que se designan unilateralmente sus salarios para exhibir sus verdaderas prioridades, la angustia por el desempleo y el subempleo, los escándalos mundiales que habrán de llegarnos como nos llegaron las protestas de ParÃs unas semanas antes de las OlimpÃadas y una mayor madurez de la ciudadanÃa, que no es malo pero sà un nuevo factor de rebeldÃa ante la impudicia polÃtica y la alquimia recurrente-, y colocan el futuro de México en una muy peligrosa encrucijada: la de caer en el abismo del estado fallido, tal y como hemos repetido, sin cansancio, ante las luces de alarma encendidas.
Algunos confunden este análisis con el deliberado propósito de desestabilizar usando las tribunas a nuestro alcance y por las que tanto hemos luchado. Bien saben mis amigos editores cuál ha sido la historia y la postura, a través de los años, de este columnista obviamente incómodo por las presiones desde el poder que causa. Por eso, claro, pese a los lectores acreditados de esta columna –sin falsos pudores, una de las más leÃdas en el paÃs según datos de los propios cotidianos-, no se reproduce en periódicos de la capital del paÃs ni en Monterrey, las dos ciudades con mayor influencia en cuanto al desarrollo de la opinión pública-, únicamente por sus contenidos y no porque no sea redituable en términos de interés colectivo. A eso le llama censura y es muy parecida a la existente en 1968 cuando los cotidianos lÃderes, temerosos, no osaban sino reproducir las versiones oficiales y jamás las del Consejo Nacional de Huelga que comandaba las manifestaciones entre los riesgos, que al fin se cumplieron, de ser acribillados. ¿Tan pronto olvidamos y no hemos sido capaces de explicarles a nuestros hijos la dureza, la brutalidad más bien, de aquellos dÃas de oprobio? Ésta es, para mÃ, una de las mayores vergüenzas de nuestra generación: haber escondido las cabezas como los avestruces después de aquel maldito 2 de octubre que cercenó moral e intelectualmente a quienes entonces estudiábamos y a cuantos nos siguieron hasta hoy.
Pero hablemos del presente, de esos indignados entre quienes nos encontramos aunque no lo hayamos expresado con la toma de monumentos y edificios emblemáticos, pero lo estamos en conciencia como he podido constatar senci8llamente preguntando a cuantos me encuentro en mi camino, y de los peligros que nos acechan cuando las candidaturas se han definido, también las de quienes integraran el Legislativo a partir de septiembre y serán los encargados de despedir y exigir cuentas a la administración de Calderón –acaso el mandatario más vulnerable a su salida-, para tomarle la medida a una nación muy resistente que, por otra parte, suele ser terrible cuando sale del marasmo. Basta repasar la historia para corroborarlo.
¿Cuánto resistiremos al paso de los meses?¿Cuándo llegue la hora de elegir tendremos, de verdad, la suficiente información sobre los perfiles de los candidatos y sus condiciones?¿Seremos capaces de no actuar visceralmente ante las adversidades que se nos vienen encima o preferiremos acomodarnos, tÃmidamente, de rodillas ante los mandamases, los del gobierno y los del narco, capaces de convertir a un paÃs en palenque incendiado?
No lo sé, no puedo saberlo. Pero me angustia pregu8ntarmke, a cada rato, lo mismo porque veo, muy cerca, el asecho y ya lo siento en carne propia. No han servido para nada los órganos “rectores†de los procesos democráticos desprestigiados desde 2006-, ni las tantas comisiones de transparencia ni el supuesto blindaje moral a los periodistas. Este sexenio ya rebasó a los peores tiempos en materia de crÃmenes contra informadores y todavÃa le faltan casi nueve meses de administración, cuando suele endurecerse más la mano de los presidentes salientes y las garras de las fieras profundamente heridas. Por eso, claro, el panorama no es tan risueño como lo pinta la señora Isabel Miranda de Wallace, para quien toda su lucha se volvió volátil cuando aceptó una magra candidatura. La vida es otra, señora, cómo el infierno que usted vivió cuando su muchacho jamás volvió a casa. No se le olvide, por favor.
Mirador
El manejo de las estadÃsticas parece ir a la par con los criterios de quienes las establecen. Por ejemplo, en cuanto a los Ãndices de criminalidad se insiste en que los nuestros están por debajo de los de Colombia y Brasil, incluso de los de algunas ciudades estadounidenses. De allà que en Nueva York se estableciera el programa “cero tolerancia†para abatir el crimen cotidiano. Y lo lograron con una aplicación estricta que incluyó la reestructuración de la policÃa.
En México, el mal no está en la sociedad sino en la miseria extrema en donde se recluta a los nuevos militantes de los cárteles más peligrosos… a la par con la recoja que hace el ejército en los mismos ámbitos de marginados. El tremendo sÃmil proyecta el verdadero origen del conflicto entre las poderosas mafias que mantienen en jaque al paÃs. Y es, nada menos, la miseria que ha sido generada por una mala administración de nuestros recursos y la alta corrupción –multiplicada en estos doce últimos años- de los funcionarios públicos que se enriquecen en un santiamén al ser cooptados por los mafiosos. ¿Cuántos de éstos están en lÃnea de tomar decisiones en sus respectivos partidos? Me parece que este es el planteamiento más serio, y doloroso, de cuantos se puedan hacer ahora.
Una sociedad rehén de los mafiosos y del mal gobierno por igual sólo puede estar destinada a rebelarse, como está sucediendo en Europa tras el fracaso de sus economÃas a causa de las andanadas recesivas disparadas desde Wall Street. Para colmo, las medidas restrictivas tomadas por la Casa Blanca reducen la potencialidad del régimen calderonista cuando más requiere recursos. Y si no los obtiene en esta lÃnea, ¿de dónde los saca para animar su salida y la campaña panista, cuando aún no se llega al lapso restringido por el IFE, con inauguraciones pomposas que beneficiarán más a los cárteles que a la ciudadanÃa?
Para reflexionar, sin duda.
Por las Alcobas
Ahora, cuando el fuego de la protesta inunda las capitales del “primer mundo†y amenaza con expandirse al tercero, recuerdo unas sabias palabras del extinto ex presidente José López Portillo cuando le pregunté, durante el periplo de los neozapatistas por el territorio nacional en 2001:
–De haber sido usted el presidente, ¿qué habrÃa hecho?
Sin reflexionarlo mucho, respondió, un tanto jocoso:
–HabrÃa apagado el cerillo antes de que se convirtiera la hoguera.
Lo malo es que, para desgracia de todos, la hoguera ya está encendida en este 2012.
























