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Me sorprendió, y mucho, pese a que desde hace tiempo creo haber rebasado mi capacidad de asombro –acaso cuando escribí “Ciudad Juárez” en 2005 tratando de sentir a la urbe desde su entraña, como si fuese un juarense más expoliado por la estigmatización-, cuanto me dijo el Cardenal Norberto Rivera Carrera aquel medio día de 2010, cuand0o, entre las reliquias del gran santo Rafael Guízar Y Valencia –quien fuese Obispo de Xalapa con tonalidades revolucionarias, por cierto-, oriundo de Cotija, Michoacán y tío de Marcial Maciel, ese ser despreciable, sobre la perspectiva política del presente:

–Los priístas eran muy corruptos… pero sabían gobernar; éstos de ahora no saben ni pueden.

Luego agregaría:

–Con los políticos del PAN es más difícil dialogar porque parece que se avergüenzan de su fe.

Una muy dura crítica si nos remontamos a los antecedentes y recordamos a algunos candidatos –Correa en Yucatán, Barrio en Chihuahua y Fox en Guanajuato-, quienes recurrían a la estrategia de mostrarse como redentores exhibiendo los símbolos religiosos, dejándose ver en Misa, sobre todo a la hora de la colecta de limosnas, y orando durantes los mítines. Cada uno, con su estilo naturalmente pero con la misma intención inductiva. ¿El azul? El color del PAN y del Manto Sagrado de la Virgen. Podría hacerse con ello una película con Gael García en el papel del Padre Amaro en una segunda versión y Ana Claudia Talancón vestida de cielo hasta los bellos talones.

En esencia, el Episcopado es defensor de la derecha y contenedor de las ideas de izquierda que, en esencia, no se separan mucho de las reglas bíblicas en cuanto a la justicia social y la rebeldía ante las injusticias aunque se prohíje el amor entre los congéneres como única opción existencial. La guerra no es siquiera humana, sino aberrante, propia de subnormales incapaces de alcanzar acuerdos sensatos más allá de la brutalidad de las armas y los actos terroristas con los que las naciones miserables –como Afganistán- tratan de compensar el inalcanzable poderío de las naciones del primer mundo. Hay otros, claro, cegados por el odio que sólo proceden guiados por éste y una enfermiza deformación de la historia.

No obstante, no pocos religiosos de muy alto nivel, digamos los acostumbrados a una suerte de diplomacia, comulgan con la idea dl retorno del PRI ante la incapacidad de los gobiernos de derecha por paliar la creciente oleada de violencia. ¿Sesenta mil víctimas civiles? Y las que faltan considerando los bombardeos mediáticos de campaña y los soterrados e inconfesables acuerdos entre la clase política –incluidas todas las corrientes partidistas- y los mafiosos… para que dejen sentarse tranquilo, en Los Pinos, al próximo jefe (a) del Estado mexicano.

La apuesta es fuerte y por eso se preparan las congregaciones a recibir al Papa Benedicto XVI en una fecha emblemática para los políticos mexicanos, precisamente el 23 de este mes, efeméride del crimen contra Colosio apenas diecisiete días después de arrancar su campaña por la Primera Magistratura; ahora el Pontífice nos visitará, por primera vez desde la última ocasión en que vimos a Juan Pablo Magno subiendo con dificultad pero sin ayuda las escalerillas del avión, siete días antes del inicio formal de la campaña presidencial y una semana después de la concreción de las candidaturas que ya conocemos desde hace dos meses o más…a pesar de la parodia de Ernesto Cordero que tanto confundió bajo el sello presidencial. De aguantar un poco más, el ex secretario de Hacienda habría desarrollado, con sus riesgos, el papel de acólito en alguna de las concelebradas epifanías del Obispo de Roma.

Como no fue así, Josefina Vázquez Mota, la abanderada del partido en el poder, tendrá que explicarle al Papa Ratzinger el verdadero concepto de su “bestseller”, “Díos Mío: Hazme Viuda por Favor”, por sus connotaciones religiosos y el uso del Creador como anzuelo para las beatas que no saben cómo encontrar el camino de la dignidad ante el imperio del machismo mexicano. Un tema, claro, por demás complejo y que cuenta con innumerables aristas.

Por su parte, siguiendo la senda de su tío Arturo Montiel, quien logró que Juan Pablo le diera la comunión durante su última visita a México en 2002, pretendiendo pasar como anónimo pero con todos los reflectores encima, tratará de acercarse lo más posible con carilla de monaguillo aún inocente, intocado, bien casado porque no debió pedir anulación alguna de su primer matrimonio en obsequio a la temprana viudez, al representante de Dios en la tierra cuya ortodoxia no podría, de conocer el fondo, asimilar algunas de las mayores aberraciones cometidas por la grey católica metida a la política:

A).- Vicente Fox, quien tanto se postró a los pies de la Virgen Morena, vivió en Los Pinos, al inicio de su gestión, con Marta Sahagún Jiménez sin haberse casado con ella y cuando lo hizo fue por la vía civil, un semestre más tarde, por no haber podido anular sus respectivos matrimonios religiosos. Una paradoja: el primero de los mandatarios mexicanos en asumirse abiertamente católico desde la Cristiada, mantuvo una relación no bendecida por la Iglesia dentro de la residencia oficial. Lo que civilmente es aceptable, no lo es desde el punto de vista cerrado de los clérigos.

B).- Enrique Peña Nieto, viudo, desposó por la Iglesia a Angélica Rivera aun cuando ésta contrajo matrimonio religioso con el productor José Alberto “Güero” Castro en 2004. Y pudio hacerlo mediante un ardid: como se casó en una playa, el evento se dio con una falla canónica evidente, causa de nulidad absoluta. Pese a ello, su anterior marido, hermano de Verónica Castro, insistió en que antes la ceremonia, muy en privado, se había celebrado en una Iglesia del Distrito Federal. Pronto se calló esta versión para no hacer más olas sobre la marea que conduce a Enrique, en alas de su gaviota, a la residencia oficial, siempre y cuando, claro, no se tuercen las cosas.

C).- En 1993, el año en el que comenzó la barbarie, Juan Pablo II visitó Yucatán y apenas mencionó, porque era la primera vez que llegaba a territorio mexicano en condición de jefe dl Estado Vaticano, el crimen del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo perpetrado en mayo de ese año. Una referencia suelta fue todo para situar el asunto en el campo de la diplomacia y volcarse en bendiciones hacia quienes habían hecho posible la reforma al artículo 130 Constitucional que dotó a las iglesias de personalidad jurídica y posibilitó la reanudación de relaciones entre México y la Santa Sede.

La buena voluntad, los saludos corteses y el ejercicio de la diplomacia no reemplazan las intenciones de fondo sobre una comunidad manipulable por mal informada.

Debate

Es más que obvio que la inminente visita de Benedicto XVI será un buen argumento para señalar al PAN como el gran partido de los católicos, obviando sus tristes resultados en la administración pública, como una versión corregida y aumentada del viejo PRI y su cauda inacabable de corrupción; ésta ha llegado, en los sexenios precedentes, a niveles impensables hace unos años. Imagínense: la supuesta autonomía de ciertos organismos, digamos el IFE, sólo ha servido, hasta hoy, para que sus integrantes se suban los sueldos y se brinden bonos de excepción cuando no pueden evadirse del trabajo. ¿Y cuándo no tienen esos apremios, debieran reducirse en la misma proporción sus estipendios? Tal es la cuestión pendiente de la que nadie quiere hablar.

En la misma línea, existe un tema escabroso que mantiene cierta supeditación política de las iglesias hacia cada gobierno, renovado sexenalmente: al ganar personalidad jurídica en 1993 –casi veinte años ya-, nadie quiso tocar el tema de los impuestos. Imaginemos, por ejemplo, que los templos fueran propiedad del clero y no del gobierno como estipula la ley –tema que debió seguir una línea semejante al reconocimiento jurídico y la consiguiente reforma al 130 Constitucional-, sólo en tributos se ahorcarían las arcas de la Iglesia católica a pesar de sus múltiples recursos, bien administrados en México por elementos del Opus Dei situados dentro de la propia sociedad. Sólo se quiere ignorar aquello que se considera pagano… como los dineros del clero. Otro misterio de la fe inalcanzable para la mente humana. Y lo digo desde mi posición de católico… con libertad de expresión.

En fin, la política ahora va de la mano con la religión. ¡Y pobre de aquel que intente comprender los designios del Señor! Dante y Nuestro Inframundo podrían aparecérsenos. Ni Dios lo quiera.

La Anécdota

En la década de los setentas, el gobernador de Yucatán creyó conveniente ser discreto y no exhibirse en los templos como sí lo hacía el líder panista Víctor Correa Rachó, caracterizado por hacer campaña recogiendo óbolos para su parroquia. El mandatario optó por encontrar a un sacerdote amigo, el Padre Villanueva, quien, generoso, acudía a la casa del gobernante, cada domingo, para ofrecer el sacrificio de la Misa de manera privada, en el comedor de la residencia. La relación entre ambos fue creciendo con el tiempo y se hizo más honda con el intercambio de opiniones, considerando la formación liberal del mandatario quien no renunciaba a la devoción que le inculcó, desde niño, su madre.

El caso fue que al término del sexenio, el Padre Villanueva acudió, por última vez, a ofrecer la Santa Misa en el hogar del mandatario. Y allí le anunció:

–Ésta será la última vez para usted y para mí. Renunciaré a mis votos porque voy a casarme.

No volví a saber del padre Villanueva, pero siempre lo tengo presente por su autenticidad y valor.