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Morelia, sin duda alguna, es una de las ciudades más bonitas del continente Americano, pero su crecimiento y la no aplicación de un plan sustentable de desarrollo la ha venido deteriorando; cada día, como si fuese siguiendo el ejemplo de la capital de la República, en los bosques y lo que fueron tierras ejidales para cultivos diversos, hoy se plantan tabiques y se abren surcos de cemento.

Paulatinamente esas tierras se han transformado en zonas conurbadas y con ello incrementado el lento movimiento de los ciudadanos, disminuyendo las fuentes de agua y generando zonas de alta marginación. En cambio, en una mayor porción, en el resto del Estado se tiene otro ritmo de crecimiento y en muchos municipios no solamente se estancan en población y desarrollo sino que disminuye el número de habitantes que emigran buscando mejores horizontes.


Como todas las capitales del mundo, grandes o pequeñas, pero fundamentalmente las menos desarrolladas urbanísticamente y, desde luego, las más pobres, padecen enormes problemas de contaminación por su crecimiento nada programado. En Italia, por ejemplo, algunas importantes ciudades no hace mucho que su población, estuviera “sitiada”, ahogadas materialmente no en un océano sino en medio de toneladas de basura: en todos los rincones de sus calles, sobre las banquetas, en su propio centro histórico, al frente de sus propias cocheras, padecieron de este enorme problema, que de ninguna es privativo de ciudad alguna y que se presenta tanto en las urbes muy desarrolladas y económicamente fuertes como en sitios con economías pobres y gente menos educada.

Cito la información que emitió un Comisario especial y que apareció en los periódicos hace poco más de cuatro años relacionados con la ciudad de Nápoles, que vivió una pesadilla por el problema indicado; decía el Comisario: “Buscar explicaciones y responsables de lo anterior, es tarea ardua, no porque no los haya, sino porque son demasiados y muy radicalizados”.

Recientemente en el D.F. y sus zonas conurbadas con el Estado de México y debido al cierre del bordo Poniente, por estar este espacio totalmente saturado, se impidió continuara el depósito de miles de toneladas de desperdicios lo que trajo como consecuencia un verdadero problema para los citadinos que, como en Italia, se vieron envueltos en su propio entorno, convertido éste en un mar de basura.

Pudiera estar equivocado, pero tengo entendido que desde Nueva York y otras regiones de los Espantados Unidos, con frecuencia salen navíos cargados de desechos para ir a tirarlos a los “patios traseros” de sus estados vecinos, mismos que reciben por este favor unos miles de dólares. Botarla prácticamente en Santo Domingo o en la frontera con Texas les sale muy barato a nuestros “buenos vecinos”, que así se desprenden de muchos problemas.

Pero Las dificultades de las grandes ciudades no solamente se circunscriben a los problemas ya enunciados por los desechos domésticos e industriales, sino que se complican por la cantidad inmensa de vehículos automotores que circulan muy lentamente contaminando el medio ambiente y aumentando, por consiguiente las enfermedades de tipo respiratorio, que también fue señalado por la Organización Mundial de la Salud, misma que indica que la tasa de tumores generados por la contaminación del aire (el dato es específico para Nápoles), se ha incrementado considerablemente debido a los factores ya señalados.

En Michoacán no debemos ni es conveniente seguir llenando pozos profundos de basura sin fondo alguno y que contamina todo a su alrededor. Es urgente y prioritario un plan que involucre a la población entera, partiendo de las ciudades grandes y llegando hasta las más humildes de nuestras comunidades; es necesario convencerlas de que es posible no hacer basura y que separando los desperdicios en forma adecuada se podría en forma rápida mantener limpio nuestro entorno y no solamente evitar la contaminación sino generar miles de empleos en todo el Estado, para beneficio de Michoacán, pues “la basura es oro” (La munnezza è oro) .