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El presidente Barack Obama prometió ayer que su país usará “todo el peso” de la ley contra el soldado estadunidense acusado de la matanza de 16 civiles en Afganistán el domingo.

“Puedo garantizarle al pueblo estadunidense y al pueblo afgano que seguiremos los hechos adonde quiera que nos conduzcan, y nos aseguraremos que cualquiera que esté implicado asuma su responsabilidad con todo el peso de la ley”, dijo Obama desde la Casa Blanca.

El presidente dijo también que pese a la indignación que causó la masacre, mantiene la confianza en que Washington cumplirá su misión de retirarse de Afganistán sin desviar su lucha contra los miembros de la red Al Qaeda.

Obama transmitió a su par afgano, Hamid Karzai, que “Estados Unidos se toma esto tan seriamente como si nuestros propios ciudadanos o nuestros propios niños hubieran sido asesinados”.

Agregó que ordenó al Pentágono no escatimar esfuerzos en una completa investigación sobre por qué un sargento de la armada estadunidense y veterano de tres estrellas en Irak aparentemente salió de su base y emprendió una matanza en solitario, entre ellos mujeres y niños.

Mientras, la investigación abierta analiza si el alcohol fue un posible factor en la masacre, revelaron dos altos funcionarios militares a la cadena de noticias CNN.

Según dijo uno de ellos, se encontró alcohol en la zona de la base donde vivía el sospechoso, aunque todavía no está claro si pertenecía al soldado o no.

El oficial, que habló en condición de anonimato, dijo que se han realizado análisis de toxicidad, pero todavía no tienen los resultados.

Las Fuerzas Armadas han presentado un alegato de “causa probable”, reveló a su vez un oficial de la Fuerza Internacional deAsistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF-OTAN), que permite mantener al sospechoso detenido, por considerar que existen pruebas suficientes que muestran que se ha cometido un delito.

De momento se desconoce la identidad del soldado y según apunta la cadena no se dará a conocer hasta que se formulen los cargos por las autoridades militares.

Aunque su nombre no se ha divulgado, medios estadunidenses afirman que el autor de los hechos es un sargento que pertenece a la Base Conjunta Lewis-McChord, en las afueras de Seattle. El supuesto agresor servía por primera vez en Afganistán, aunque había estado en Irak en varias ocasiones, donde según la prensa estadunidense sufrió un traumatismo cerebral.