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Los domingos tengo una costumbre: despertar entre 09:00 y 10:00, leer un rato, platicar un rato con mi esposa y posteriormente, ir a desayunar con la familia. Me parece una costumbre muy placentera; pero este domingo 11 de marzo no fue así. Desde las 07:00 una caravana de autobuses foráneos tuvieron a bien tomar las calles del Eje 5 Sur.
Gracias a esta ocurrencia, me tocó despertar a ritmo de claxonazos, sirenas y voces de policías de tránsito que pedían a los irresponsables choferes que no se estacionaran en el Eje y que lo hicieran en Patriotismo.

Debo añadir que vivo a 100 metros del Estadio Azul y el escándalo de los fanáticos es algo normal si vive en la zona; pero una cosa es aguantar el escándalo las tardes de los sábados y otra muy diferente los domingos a las 07:00. Independientemente de mi mal humor, decidimos tomarlo con filosofía y salir a desayunar más temprano de lo habitual, ya que gracias al escándalo no era posible leer, ni escribir, ni platicar…
Ya en la calle, veíamos a las oleadas de gente con gorras y camisetas blancas del PAN. Ya estando en la situación, pude observar los camiones de acarreados –sí, acarreados– de diferentes partes de la república. Muchos de ellos sólo venían para ver a “La Diosa de la Cumbia” y por la camiseta y la gorrita. Todo al más clásico estilo priísta.
El problema en esta ocasión fue la logística: malísima. El coordinador de campaña de Josefina Vázquez cometió errores gravísimos; pero no sólo se trató de la logística, como admitió este atolondrado Gil Zuarth en una entrevista. El error fue desde la elección del lugar.
Esta toma de protesta, hay que decirlo, debe ser una estrategia de campaña. Recordemos que para el ser humano, percepción es más importante que la realidad, y la percepción que debe dar el candidato es de arrastrar masas, no de un foro al 40% de su capacidad. Aún en su mejor momento, el estadio nunca estuvo más allá del 75% de su capacidad. Desde ahí; aunque nadie se hubiera salido, era un fracaso. La debacle vino por un programa excesivamente largo y que la atracción principal para muchos, que era “La Diosa de la Cumbia”, vino mucho antes que la toma de protesta. Nadie impidió que el público decidiera mejor dar una vuelta por la colonia, ir a desayunar o ir a tomar una nieve en vez de ver a Josefina Vázquez Mota dar un discurso que no tuvo nada de especial.
El mismo día tomó protesta López Obrador en el Metropólitan. Un Teatro con capacidad de 1,200 espectadores. El coordinador de campaña sólo hizo lo que estaba en el libro: Escoger un aforo no muy grande y traer a mucha más gente de la que puede entrar. De esta manera, las fotos muestran un mundo de gente que se quedó fuera, un foro a reventar: un candidato que arrastra…
Por supuesto que el PRD también trajo acarreados; pero la imagen de un teatro lleno es mucho mejor que la de un estadio semi-vacío.
En las campañas políticas no todo es lo que parece. Si se hacen bien las cosas el candidato puede obtener el voto de los indecisos, que siempre son mayoría. Si la campaña no se maneja correctamente, el candidato se hundirá, como el Titánic.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.