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En los países del norte, en donde el frío pega con ganas –en México cuando sentimos algo nos tapamos hasta las orejas-, suelen darse dos mediciones sobre la temperatura: los grados reales, es decir los que registran los termómetros, y la “sensación térmica”, aquella que se percibe contando con las ráfagas de viento helado, la lluvia y la nieve sobre los indefensos seres humanos. Puede ser que la diferencia entre una y otra sean bastante extremosos: de cinco grados centígrados reales puede pasarse a varios menos cero de acuerdo a la sensibilidad sobre la piel de las heladas. Por ello es muy frecuente que las enfermedades cundan cuando no se toman en cuenta las debidas precauciones y confiando en las predicciones de la temperatura sin considerar la verdadera sensación externa.

En este sentido, México está inmerso, de acuerdo a estadísticas globales, en una especie de “sensación térmica criminal”. No estamos clasificados entre los países de América Latina con un mayor porcentaje de asesinatos por cada cien mil habitantes pero, en los hechos y en las calles, se percibe otra cosa con asaltantes en calles muy transitadas y avisos tétricos sobre el pecho de cadáveres colgantes. O no están bien las cifras o, sencillamente, nos creemos el asunto de la percepción ocular que eleva la temperatura política. Hay cabida, desde luego, para todos los criterios.

De acuerdo a una tabla estadística publicada en diversos diarios del exterior –tengo la copia de “El País”, con fecha 14 de marzo, la nación de Latinoamérica con mayor índice criminal es Honduras en donde los parámetros –sé que a algunos colegas les molesta este término y lo consideran inadecuado en cuanto al uso de las reglas del idioma-, señalan una media de 86 homicidios por cada cien mil habitantes. Una barbaridad. Luego le siguen en la escala El Salvador, Venezuela, Jamaica, Belice, Guatemala, Colombia –frecuentemente comparada con nuestro país y en donde la media de asesinatos es de 33 por cada cien mil habitantes-, Trinidad y Tobago, Brasil, República Dominicana, Santa Lucía, Panamá, Ecuador, México al fin –con 18 crímenes en el mismo nivel de población-, Nicaragua, Paraguay, Costa Rica, Bolivia, Haití y Uruguay, el más pacífico con sólo seis asesinatos por el mismo número de pobladores.

A simple vista resulta difícil creer en lo anterior pero tales son los registros. Entonces, ¿por qué se coloca a México en la franja de las naciones más peligrosas del planeta, uno de los de mayor índice de asesinatos contra periodistas y víctimas inocentes de las bandas delincuenciales, sean terroristas, narcos o secuestradores, y el de mayor inestabilidad política de la zona, por encima de las turbulencias de Colombia y Brasil y a la par con Venezuela o Nicaragua? El análisis no es sencillo, sobre todo porque es evidente, y así lo han corroborado diversas organizaciones no gubernamentales, las cifras del gobierno no coinciden con la realidad, mucho menos cuando se trata de contabilizar a las víctimas, sea de la pobreza o de las bandas criminales que se sitúan muy cerca de los retenes militares y en combinación con éstos. ¿Acaso lo ignora la superioridad política?

Por ejemplo: desde la administración foxista, como ya hemos documentado, los niveles de medición de la miseria fueron alterados por decreto; esto es, de un plumazo se decretó que no estaban en pobreza extrema quienes ganaban el equivalente a dos dólares diarios por día. Y de tan sencilla manera disminuyeron los pobres… pero no la sensación de miseria que se percibe en el ambiente con sólo otear hacia cualquiera de nuestros costados. Así, los Fox, ella y él naturalmente, se enorgullecieron de haber abatido los números de la pobreza cuando sólo cambiaron las tablas de medición sin explicar cómo se puede sobrevivir, en términos de satisfactores básicos, con dos dólares cada día. Ni siquiera subsidiando, como se hace, al Metro y tratando de frenar –con poca rigidez cabe aclarar- el precio de las tortillas. Quien pueda comprar más de dos kilos del alimento fundamental de millones de mexicanos ya no debe ser señalado con la condicionante de pobreza extrema aunque no tenga donde caerse muerto. ¡Qué efectiva es la derecha cuando usa de la demagogia!

Por otra parte, ¿cómo creer en la secuela oficial sobre las víctimas de la violencia institucionalizada, cuando el gobierno estima en 47 mil a las víctimas civiles de los constantes enfrentamientos entre mafias y cuerpos de seguridad infiltrados, y hay organismos que ya sitúan el drama entre setenta y ochenta mil víctimas, esto es casi doblando la estadística reconocida por la superioridad política en esta hora de desatado proselitismo? Por supuesto, Felipe Calderón sigue inaugurando puentes y obras de infraestructura cuyos mayores beneficiarios, con la sociedad atemorizada que se resiste ya a viajar por carretera, son precisamente los narcotraficantes que estrenan rúas hacia el norte. Con ello alimenta la propaganda política en pro del continuismo y luego de una severa parálisis en obras a lo largo de un lustro. ¿Cuál calificativo merece esta conducta?¿Ignominiosa?

Preocupa, también, que esta extrema habilidad para matizar los horrores nacionales se traslade, con la misma sencillez, a los escrutinios de julio próximo como ya sucedió en 2006 cuando fue evidente el desaseo de la contabilidad avalada por un consejero presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, quien a posteriori reconoció haber sido presionado por el entonces presidente Fox sin que tal testimonio haya dado lugar no sólo a las averiguaciones correspondientes sobre presuntos delitos electorales sino a las consignaciones a que diera lugar. ¿Y saben por qué es así? Sencillo, amables lectores: porque el veredicto final del Tribunal Electoral (TRFE) es “inatacable” y determinó que las acciones desde Los Pinos, reconocidas, no fueron “det6erminantes” para alterar o no el proceso. Una de las salidas jurídicas más vergonzosas de todos los tiempos.

(Marcelo Ebrard, en su despacho de la jefatura del gobierno defeño, se esmera en guardar, a la mano del sitio desde donde despacha, un ejemplar de aquel abyecto dictamen:

–Lo repaso con frecuencia –me dijo un día-, para que no me olvide hasta donde puede llegar la amoralidad judicial.

Y, de verdad, lo hace, como debiéramos hacerlo todos los mexicanos no sólo para mantener la memoria fresca sino, sobre todo, para evitar un segundo episodio infamante del que después no podamos arrepentirnos. Fíjense: pese a su tremenda vulnerabilidad política, y un mandato a todas luces ilegítimo, Calderón está en el umbral del finiquito de un sexenio vergonzante. Nada sería más ominoso, para el pueblo mexicano, que una nueva edición de aquella farsa.

Debate

¿Dónde comienza la libertad de expresión y termina el derecho a la privacidad? Es un tema que nos ha ocupado muchas veces y que tiene, para quien firma estas líneas, una sola respuesta: precisamente el límite lo delinea el interés público; esto es: si las cosas privadas no tienen repercusión en la vida pública, deben tener blindaje jurídico; de lo contrario, no. El ejemplo recurrente del mandatario que encumbra a sus amantes alegando que no tienen conexión las sábanas y el poder, es en México y en todo el mundo fuente de mentiras y enredos fraudulentos contra la sociedad que los acoge.

Viene a colación el asunto tras la segunda detención, en Londres, de Rebekah Brooks, brazo derecho del magnate periodístico Murdoch y exdirectora del extinto “News of the World”, cotidiano al que se acusó de utilizar ilegalmente la trama de “los escuchas” –es decir, el espionaje tan frecuente entre los funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública en México-, en sus respectivas ediciones. Con la periodista también fueron arrestados su marido y otras cuatro personas. Aunque todos quedaron en libertad, bajo fianza, el antecedente resulta de enorme gravedad para cuantos nos empeñamos en sostener el derecho a la información como uno de los privilegios naturales de los seres humanos.

(A ver si no sucede lo mismo como con la prohibición de las corridas de toros en Cataluña; el asunto se tergiversó y se extendió a todo los países en donde se celebran estos festejos de honda raigambre y los aficionados, demasiado tolerantes durante largo tiempo, han debido dar la cara para frenar la oleada de argumentos falaces. De igual manera, puede considerarse que el “ejemplo” de la señora Brooks, en Inglaterra, en donde más extendido está el periodismo considerado “amarillista” acaso para detener el avance de éste, dará lugar a justificar las persecuciones absurdas y los intentos de linchamiento contra críticos y reporteros dispuestos a asumir los mayores riesgos de la profesión en estos días turbulentos).

Una vez más, está a prueba el criterio de los lectores, nuestro único escudo contra las malquerencias desde el poder.

La Anécdota

Copiar siempre es mala cosa. Y más cuando se trata de importar fórmulas políticas. Lo digo por los operadores catalanes al servicio del PAN y dispuestos, “a cualquier maniobra”, con tal de asegurar el buen aterrizaje de la candidata del continuismo, Josefina Vázquez Mota. Para los que leen poco, les daremos algunas de las recetas del nuevo gobierno de derecha de España, bajo presiones de la Unión Europea y del nacionalista francés Sarkozy, para paliar su crisis de solvencia, herencia de la mala administración “socialista” anterior:

Sólo por citar la reforma laboral, se decretó, de manera unilateral, que a los despedidos –en una nación en donde ya hay cinco millones trescientos mil desocupados-, se les dará treinta y tres y ya no cuarenta y cinco días de salario como indemnización; también que los patrones tienen el derecho discrecional a “recortar” personal y a contratar a otro con salarios más bajos; igualmente se autorizó a reducir sueldos… o a despedir a quienes se nieguen a ello.

Tómenlo en cuenta los amables lectores porque el símil puede ser el del futuro… sin ganan los catalanes, digo el PAN arropado por los catalanes, pero sin el argentino Messi de por medio.

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LOS PADECIMIENTOS Y LAS PERSECUCIONES NO ME QUITAN MI DERECHO A SEGUIR ESCRIBIENDO MIENTRAS ENCUENTRE ESPACIOS COMO ÉSTE, DE LIBERTAD, PARA COMUNICARME CON USTEDES. GRACIAS.