Marco Polo narró las grandezas de tierras orientales en “El libro de las maravillas”, la fascinación del comerciante veneciano en tiempos tan remotos como el año 1271 fue motivo suficiente para dedicar  24 años de su vida a descubrir los territorios del Khan.

Desde entonces,  lo que actualmente se llama China, estaba llamada para la grandeza en parte por lograr una hegemonía en el comercio global sin parangón colocando miles de millones de productos en todas las estanterías con el clásico “made in China”.


Los consumidores del mundo le compramos a China financiando así su crecimiento y expansión bajo ese peculiar modo de producción y de hacer política.

Al tiempo que un tanto ajenos a las presiones desde Washington para democratizar el esquema de partidos, mejorar los derechos humanos y los señalamientos de Occidente contra la pena de muerte en el país asiático, largas filas de chinos burgueses y de una clase media en expansión compran los gadgets más inn, saturan las tiendas de Louis Vuitton, Chanel, Burberry,  Prada y otras marcas de lujo.

No cabe duda, el siglo XXI será chino y aunque Marco Polo lo supo hace cientos de años atrás, hasta hoy en día las empresas buscan el perfil de empleados con conocimiento de la cultura china, los colegios privados además del inglés y francés, imparten clases de chino desde Primaria.

También cada vez más gente viaja a descubrir al gigante asiático por motivos de trabajo, negocios y hasta por placer.

De acuerdo a la Organización Mundial del Turismo (OMT), China desplazó a España  por número de llegadas internacionales al cuarto sitio con 57 millones de turistas internacionales.

Muchos viajeros atraídos por el imán de la cultura oriental más tradicional y la mezcla con los rascacielos y las novedades de la tecnología vuelan largas horas de avión poniendo a China en la mesa de todas las preferencias. Resulta verdaderamente increíble porque  hace menos de quince años el panorama era distinto.
A COLACIÓN

Todos quieren hacer negocios con China y es que sus cifras económicas son inmejorables: un PIB de 9.2% en 2011 y una perspectiva de crecimiento sostenible (de acuerdo con su plan quinquenal) que, en el peor de los casos, rondará entre el 7% al 7.5% y  que, continuará detonando a 33 sectores básicos de su economía.

La nueva ruta de la seda atrae a los modernos marco polo, hasta países de la Unión Europea (UE) observan a China como una tabla de salvación para su crisis debido a las inversiones chinas en la región y a la posibilidad de expandir a multinacionales europeas en una economía con una clase media en extensión.

En España, micros, pequeños y medianos empresarios, temerosos por la duración de la crisis y la caída en el consumo  se acercan más a la Oficina Comercial Española en busca de asesoría para conocer las dificultades reales de abrir una empresa en China o bien iniciarse en el camino de la exportación.

El BBVA, BSCH y Telefónica son pioneros en tierras de Mao de una larga cadena de empresas interesadas por entrar.

Y mientras España parece perdonarle a los chinos (que todo lo copian) que imiten su jamón serrano, Ángela Merkel, canciller alemana, intenta convencer a la cúpula asiática de que, a pesar de la crisis, es seguro invertir en la UE y necesitan facilidades para las empresas europeas porque si bien Mercedes Benz está llegando al chino de alto poder adquisitivo hay más empresas germanas listas para hacer negocio.

¿Y América Latina? Dentro de este caleidoscopio, Chile ha sido el país más inteligente dado que ha sabido entender bien el protocolo y la cultura China.

Si bien desde 2006 existe un Tratado de Libre Comercio Chile-China, no fue sino hasta dos años después que logró una ampliación del acuerdo y gracias a ello los chilenos exportan más de 11 mil millones de dólares y cada año van en tendencia de duplicar sus ventas al país asiático.

En el caso de México, no logra todavía catapultar las relaciones bilaterales, si bien hay exportaciones de productos mexicanos por un valor de 13 mil millones de dólares, a pesar del tamaño de uno y otro país y de las oportunidades que representan, el país azteca mantiene un bajo perfil para todo lo que puede de forma potencial proporcionar al comercio con China.

Si con todos los lazos que unen a México y China no se aprovecha el poder de expansión pronosticado y se imita la visión de empresas como Maseca, también México perderá sitio en una de las economías llamadas a desplazar no únicamente a Japón sino también a Estados Unidos. Y no falta mucho.

P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com