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Ya viene el Papa. Fíjense, amables lectores, que cuando la figura de Juan Pablo Magno tocó los corazones de los mexicanos me pregunté si ello se debía a su carisma personal, bondadosa sonrisa de por medio, o si era consecuencia sólo de la alta jerarquía ostentada y, además, del hecho de que ningún otro Obispo de Roma hubiese antes pisado suelo de nuestro país. Las reacciones entonces fueron formidables e igualmente los actos multitudinarios –primero Monterrey, luego Ecatepec- donde lograron reunirse más fieles que en cualquier otro acto político de la historia… ¡y sin acarreados! Por otra parte, los padres de familia no pusieron jamás reparos cuando concedieron a sus hijos y ¡a sus hijas!, adolescentes claro, el permiso para pasar la noche fuera de casa en espera de la homilía del personaje a quien se percibía como santo viviente. ¿Irrepetible?

A partir de mañana, un anciano Benedicto XVI –durante la primera visita del Papa Wojtyla éste tenía 58 años de edad y una vitalidad excepcional-, superada la barrera de los ochenta hace tiempo, hará una gira por Guanajuato, bastión de la Cristiada que algunos insisten en convertir en pendón de campaña como si fuese un referente sólo del jacobinismo y no también del fanatismo religioso, únicamente por esta entidad que es fortaleza panista además, por razones de seguridad y también para exaltar a los ultras induciéndoles, con su mera presencia, a no cesar en su intento de garantizar el continuismo de la derecha en el poder. Quiérase o no, incluso no programándolo, será inevitable eludir esta perspectiva. Desde luego, el inteligente Nuncio Cristophe Pierre ya dijo que el periplo papal no tendrá carácter político; no podía obviamente decir ninguna otra cosa.


El Papa Ratzinger fue antes responsable de las líneas dogmáticas de la Santa Sede bajo las manos de Juan Pablo II; y se caracterizó por ser extremadamente conservador empeñándose en anular cualquier postura vanguardista y si bien fue apoyado por su antecesor en el Polio de San Pedro, el habilidoso polaco se encargó en sus discursos de no tomar posiciones extremas ni negarse a abrirse a las voces juveniles… aunque no actuara en pro de quienes pedían, a veces a gritos, la posibilidad de que los segundos matrimonios, rehechas las vidas de quienes los contraen, sean reconocidos por las normas canónigas. El aborto y la homosexualidad son temas con mucho menos avance no sin cierto aire de hipocresía por parte de algunos. Es doloroso aceptarlo, pero ineludible.

Benedicto XVI, en fin, es un convencido de guardar, tal cual, el estado de cosas. Sin modificaciones, salvo ligeros maquillajes, ni cambios radicales como los que ofrecería, al mundo moderno, un nuevo Concilio Ecuménico que los Obispos más avanzados ya solicitan para actualizar a la Iglesia en los temas controversiales de la sociedad moderna; ignorándolos, sencillamente se deja en la más oscura orfandad a la feligresía. Y ello se reproduce, cada día, cuando la Iglesia más que una figura paternal que abraza más parece un muro infranqueable que no deja entrar a los hijos pródigos ni a los pecadores. ¿Es ésta la postura correcta para asegurar la redención de la mayor parte de los mortales? Tal reflexión debiera hacerla –una solicitud que espero hacer con toda humildad y no con el impulso prepotente de imponer un criterio–, el sabio alemán visitante, aunque no tenga la energía de su predecesor ni el amor que sintió aquel por cuanto nos es profundamente entrañable a los mexicanos, nuestro suelo y nuestros símbolos, con la Guadalupana inspirando muchas de las luchas vindicadoras como la gesta de Independencia en el siglo XIX.

Pese al cobijo de los ultras de León, Guanajuato, en cuyo centro histórico se produjo una de las más bárbaras matanzas contra los sinarquistas, es muy difícil que la figura de Benedicto resulte equiparable siquiera a la de su ilustre antecesor, tan querido por sus gestos y porque daba siempre la impresión de entrar en la piel de los pueblos que visitaba; sabía, como nadie, ganarse los corazones:

–¡México sabe cantar!¡México sabe bailar! Pero, sobre todo, ¡México sabe gritar…!

Luego vendría el “ya eres mexicano” como si se tratara de una nueva, fidelísima advocación hacia el hombre generoso con una excepcional visión de la realidad. Pese a ello, dos pecados históricos empañan su recuerdo: la protección brindada al pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a pesar de las pruebas incontrovertibles en su contra; y la ausencia de acciones por parte de El Vaticano para insistir en el esclarecimiento formal del crimen contra el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en mayo de 1993. Peor aún: durante su visita a Yucatán, ese mismo año, el referente hacia el ominoso magnicidio fue más bien marginal, ni siquiera formal, para no enturbiar el ámbito de alegría por el reconocimiento diplomático de México a El Vaticano y la regularización jurídica de las iglesias, de todas, impulsada por el calculados y ladino Carlos Salinas.

Se hablaba de Wojtyla como “el político vestido de blanco”, reconociéndole su talento para cosechar siempre entre los gobiernos y sus jefaturas cuanto deseaba y pedía, incluso cuando abrió las puertas de Cuba y las naciones del Islam. Ratzinger, irá esta misma semana a La Habana siguiendo la senda trazada aunque es prematuro saber cuáles son sus intenciones de fondo y si es capaz, como el Magno, de resolver las mayores coyunturas con una sonrisa tolerante y un discurso cargado de emociones y referentes locales. Y esto aunque hable o balbucee sesenta y ocho idiomas, los mismos utilizados en su bendición “Urbi et Orbi” de las festividades navideñas. Cultura y talento le sobran, sensibilidad política le falta.

Recuérdese algunos de los solemnes traspiés de Ratzinger cuando se refirió de modo despectivo a los musulmanes y se negó siquiera a discutir sobre el movimiento reivindicador de los homosexuales, tan de moda ahora. Más allá de nuestra propia opinión, es obvio que no debió usar un candado cuando más se requería un debate serio para orientar a una feligresía confusa y en estado de indefensión ante los arrebatos de la modernidad. Negar lo que está a la vista siempre ha sido la peor de las tácticas de quienes dirigen los destinos de los pueblos; y el Papa, antes que ninguna otra cosa, debe ser visto –y lo es por los creyentes- como un apóstol y no como un dictador incapaz de rectificar con la sencillez esperada en el “representante de Cristo en la tierra”.

El desafío, en fin, es muy claro para Ratzinger: calzar los zapatos de Wojtyla en el país en donde éste se reanimaba espiritual y físicamente, a decir de quienes le siguieron de cerca siempre. Desde luego, se trata de una pretensión formidable aunque diga que no la tiene.

Debate

Quienes esperan que el Papa Ratzinger no sea un factor importante dentro del proceso político y cuando él tiene posibilidad de hablar, sin riesgo de ser sancionado arbitrariamente por el IFE mucho menos en estos tiempos de franca rendición de la derecha a El Vaticano, no son sino ingenuos que pretender tapar al sol con un dedo y al máximo jerarca católico con el brazo. Viene, desde luego, en un momento coyuntural y es evidente quienes podrán buena tajada de ello. Hasta Josefina, me dicen, ya se mandó hacer un nuevo vestidito de primera comunión.

Los mensajes tendrán, a no dudarlo, trasfondo. Y las televisoras privadas y públicas están preparadas para ello. Es una gran ocasión, sin duda, para hacer remontar en las encuestas a la abanderada de la continuidad –el emblema del Papado-, y chocarla lo más cerca posible de la vanguardia para inducir, antes del arranque formal de las campañas, la voluntad de los presuntos sufragantes. Una extraordinaria estrategia d los “genios” del marketing político contratados en Madrid y Cataluña.

Por si fuera poco, ya con candidatos definidos y registrados, el señor Felipe Calderón es quien tiene el privilegio de la propaganda, obviamente de manera inductiva para quienes se dejen influenciar por las estadísticas convenencieras. A ellos les repito: ojalá pudieran, ahora con Internet es posible, revisar los mensajes de los últimos cuatro mandatarios mexicanos para encontrar los tremendos paralelismos en los verbos y los señalamientos. Llega un momento en el que los espejos cobran vida y pasan al lado de la realidad y viceversa, sin otra salida posible.

Por ello será necesario estar muy atentos a las dobles lecturas, en forma de homilías –así lo hacía Juan Pablo Magno y algo ha de haber aprendido Benedicto XVI-, construidas como adornos de la fe pero encaminadas hacia los sacudimientos políticos que posibilitaron, en tiempos de Wojtyla, un giro de ciento ochenta grados en la legislación mexicana a favor de la personalidad jurídica de las iglesias y los derechos de los religiosos, incluyendo los políticos como la capacidad para votar –pero aún sin poder ser votados-. Hay camino por andar.

La Anécdota

Cuando murió Juan Pablo I, al mes de haber sido elevado al trono de san Pedro, un sacerdote amigo me dijo:

–Quien sea el nuevo Papa, éste si irá a México a la Conferencia Episcopal de Latinoamérica.

Y surgió el gran polaco Wojtyla que, en efecto, viajó a nuestro país –en su primera de cinco visitas-, en enero de 1979, entero, extraordinariamente vital. Y las multitudes se volcaron en su honor a tal punto que, cuando recorría la carretera hacia Puebla y la valla humana proseguía, volteó hacia el entonces Delegado Apostólico, Girolamo Prigione Potzi, y le preguntó:

–Todo esto es muy emocionante. Está muy bien. Pero, Excelencia, ¿a qué hora trabajan los mexicanos?