La visita de Joseph Ratzinger a nuestro país en momentos en que el Congreso de la Unión discute modificaciones a los artículos 24 y 40 constitucionales relacionados con la libertad religiosa y la laicidad del Estado Mexicano debe ser considerada sumamente inoportuna, pues directa o indirectamente su presencia constituye una presión externa sobre la decisión de los legisladores respecto a los alcances de la participación de la Iglesia en la vida política de nuestra nación.

De igual forma, su llegada debe ser calificada como sumamente inadecuada, pues estamos seguros que como lo han hecho otros mandatarios en otras ocasiones, la presencia del líder de la Iglesia católica a México será aprovechada esta vez por el gobierno de Felipe Calderón y los partidos de la derecha para sacar dividendos políticos a poco más de tres meses de que se lleven a cabo las elecciones federales que definirán al próximo presidente de la República, así como la composición de la próxima legislatura en las Cámaras de Diputados y Senadores. 


Otro hecho que debe preocuparnos es que en esta ocasión los eventos de Ratzinger en México contarán con el total apoyo técnico y humano del gobierno calderonista, quien ha dispuesto a través del el centro de televisión del estado mexicano, Cepropie (dependiente de Gobernación), los insumos y los instrumentos necesarios para la transmisión en vivo de las actividades del líder del catolicismo, un caso inusual sobre el que debemos poner atención pues refiere el uso de recursos públicos para fines ajenos a la actividad gubernamental.

Llamamos a Joseph Ratzinger a dejar de lado cualquier pretensión de índole política durante su estancia en nuestro país. De nuestra parte, seguiremos insistiendo, como lo hemos hechos desde que se fundó el PRD, en la pertinencia de que en México prevalezca la figura del Estado Laico y que la Iglesia se mantenga alejada de las cuestiones políticas a las que constitucionalmente está imposibilitada de acceder, pues su indebida injerencia contaminaría aún más el de por si crispado ambiente político que ya se vive de cara a los comicios del 1 de julio.