A pesar de que a últimas fechas varios edificios históricos de la Zona de Monumentos, tales como la Catedral, el Acueducto, la Biblioteca Pública y los templos de San José y San Francisco, aparecieron graffiteados, el total de éstos se redujo un 20 por ciento, al ser el anterior gobierno capitalino el primero en establecer un programa de retiro de pintas, pues a inicios de 2008 eran cerca de 3 mil 400 los inmuebles dañados.

En palabras de Horacio Villicaña Mora, titular de la Coordinación Ejecutiva del Centro Histórico, por instrucción del concejero presidente municipal, Manuel Nocetti Tiznado, dicho programa de retiro de graffitis, por el que cerca de 2 mil pintas han sido retiradas del primer cuadro de la urbe, continuará en 2012, tan pronto como los recursos de medio millón de pesos destinados para tal tarea sean asignados.


De acuerdo a Villicaña Mora, esta problemática que afecta a muchas de las ciudades más importantes del mundo, debe resolverse en corresponsabilidad con sus habitantes, pues generar mayor conciencia entre los jóvenes, es una labor conjunta entre gobierno, maestros y padres de familia, quienes desde casa deben enseñar a sus hijos a amar y respetar su hogar y más en un caso como el de Morelia.

“Nuestra ciudad es la capital de uno de los estados con mayor historia de México, entre sus inmuebles vivieron algunos héroes por los que ahora tenemos libertad y por más que se instalara una cámara de vigilancia en cada una de las 219 manzanas del Centro Histórico, por más que el estado o la federación pusieran un policía en cada una, los graffitis seguirán si no se hace algo al respecto mediante la educación”, dijo el funcionario.

En ese sentido, refirió que otras ciudades mexicanas que también forman parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, no tienen este problema, pues de parte de sus habitantes existe identidad y respeto para con su histórica herencia, como es el caso de Campeche, una urbe que sin instrumentar ningún programa para abatir el índice de graffitis es una de las menos rayados del país.

Asimismo, el coordinador de Centro Histórico expuso que a nadie le gusta ver un edificio monumental como el Acueducto o la Catedral de Morelia violentado con pintura de aerosol, pero explicó que para proceder al retiro del graffiti es necesario llevar a cabo una serie de procedimientos técnicos ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a fin de que esta dependencia valore mediante un estudio las condiciones del inmueble, el presupuesto que se precisa y las empresas autorizadas que pueden realizar este trabajo.

Igualmente, Villicaña Mora comentó que las acciones emprendidas desde 2008 por el Ayuntamiento de Morelia a través de la Coordinación Ejecutiva del Centro Histórico, son las primeras que cualquier gobierno capitalino efectúa, toda vez que el 95 por ciento de los edificios atacados por este flagelo en el primer cuadro, pertenecen a particulares, de manera que el municipio brinda gratuitamente su apoyo, aun cuando esto no forma parte de sus atribuciones.

“Al presidente municipal y a la Coordinación nos interesa apoyar a los propietarios, pero sobre todo, mantener la buena imagen de la ciudad, para que quienes viven en Morelia y los que nos visitan desde otros puntos de México y el mundo, tengan una experiencia agradable al recorrer sus calles. Es una lástima, porque desde 2008 no habían vuelto a rayar la Catedral, el Acueducto ni el templo de San José”, expresó Villicaña Mora.

Al día de hoy, de los 11 mil 300 inmuebles del Centro Histórico, mil 35 tienen graffitis, de los cuales 188 forman parte del listado de monumentos del INAH, siendo las vialidades de Allende, Valladolid, Bartolomé de las Casas, Antonio Alzate, Corregidora, Ortega y Montañez, Guerrero, 20 de Noviembre y Santiago Tapia, los lugares donde mayor reincidencia existe.

Para finalizar, el funcionario recalcó que antes de comenzar cualquier trabajo de restauración o eliminación de graffitis, el INAH debe extender una licencia que, en el caso de los inmuebles de cantera, determina la serie de colores que pueden ser usados, a partir una paleta cromática con tonos pastel y mate. Acto seguido se aplica un solvente para remover la pintura y con agua caliente a presión de vapor, se procede a borrar el graffiti.

Por otra parte y paradójicamente, el retiro de pintas de fachadas que no están hechas de cantera y que presentan aplanado, es más difícil de realizar, toda vez que primero debe igualarse la pintura al tono exacto que posee el inmueble, lo que muchas constituye un verdadero reto al envejecer la pintura a través de los años, motivo por el que a veces se opta por pintar toda la fachada, antes que dejar el edificio desfasado en su color, “como arcoíris”.

Los costos para retirar pintas de fachadas de cantera y aplanado son aproximadamente de 150 pesos y 56 por metro cuadrado, respectivamente, aunque es importante señalar que para eliminar por completo los mil 35 graffitis del primer cuadro de la ciudad, serían necesarios cerca de 2 millones de pesos, lo que resulta una cantidad que excede los recursos con los que se cuenta para esta tarea.