Avanzó al pleno de la Asamblea Legislativa un dictamen aprobado en comisiones para prohibir las corridas de toros en la Ciudad de México. Las únicas objeciones son la pérdida de empleo de las familias que trabajan alrededor de la fiesta y la necesidad de tener una consulta pública que respalde la decisión.
Pero a juzgar por las pésimas entradas en la Plaza México de la última temporada, los aficionados se han muerto, han envejecido o no transmitieron el gusto por la tauromaquia a sus descendientes. Las épocas de pasarela en las barreras para los socialités han pasado de moda. Por ahÃ, sólo las corridas de aniversario mantienen algo de glamour.
Además, los activistas contra las corridas están organizados, son jóvenes entusiastas que crecieron con mensajes indiscriminados de cuidado a los animales y la naturaleza. Los legisladores recibieron a 15 expositores contra las corridas. No hubo ponencias a favor. Nada de argumentos de arte y tradición.
Las corridas de toros llegaron a México como feria de pueblo con la conquista. Alcanzaron su esplendor como espectáculo público en el siglo XX. La sociedad, la cultura, los gustos han cambiado. Sin juzgar, sin pasión de por medio, no se ve cómo tarde o temprano, no sean una curiosidad del pasado.

























