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Mucha vigilancia, multitudes en Guanajuato, menos interés de la audiencia televisiva -¿será qué ya el público está cansado de cursilerías repetitivas?-, fervorines cargados de signos y dedicatorias, nostalgia porque quien porta la sotana blanca ya no es Juan Pablo el Magno, tan querido, agenda corta muy de acuerdo a la edad del Pontífice y una serie de preguntas sin contestar, incluso sobre México, como rutinaria apuesta de las altas jerarquías católicas y sus diplomáticos ante el gobierno mexicano, empeñado en hacer valer su “derecho” al continuismo político.

Desde luego era poco más que temerario suponer otra cosa, a un Obispo de Roma vanguardista y dispuesto a aclarar las tremendas dudas –incluso sospechas- que agobian a la feligresía pensante; la otra, la dócil por convencimiento de que sólo así se alcanza el estrellado del cielo, no cuenta para el debate ni aporta nada en la ruta de la historia. Por supuesto, son cada día más quienes reclaman algo más que misterios para apuntalar su fe y devoción hacia los grandes iconos del cristianismo; por ejemplo, simplemente respuestas a algunas de las dudas que ensombrecen la imparcialidad política del clero e incluso la solvencia moral de algunas de sus jerarquías, quiero pensar que las menos, en un entorno rebosante de maledicencias y de modernidades antinaturales.

Tengo un cuestionario que, desde luego, fue imposible formular al visitante que parte hacia Cuba en busca de los Castro y de la extraña perspectiva de conjugar a una izquierda beligerante con una derecha provocadora pero incapaz de trazar derroteros democráticos cuando no está arriba. Para el caso, más le convendría el esquema de los “cónclaves” bajo el techo magistral de la Capilla Sixtina, a puerta cerrada, para evitarle a la ciudadanía el duro trance de razonar. Siempre en petí comité… aunque en Roma todavía la mujer esté relegada y no pueda ejercer los ministerios –la celebración de Misas por ejemplo-, ni alcancen la condición igualitaria de sacerdotisas. “Debiera haber Obispas”, como proclamó la obra teatral de Rafael Solana tantas veces representada en el México guadalupano.

Analicemos algunas de las interrogantes:

1.- ¿Cuál será la posición de la Santa Sede respecto al necesario seguimiento del crimen contra el Cardenal Juan José Posadas Ocampo, soslayado por el Papa Wojtyla –pese a su grandeza-, acaso por considerar un interés mayor el fin de la clandestinidad jurídica para la Iglesia y la consiguiente reanudación de las relaciones diplomáticas entre México y El Vaticano? Pareciera que el buen Cardenal, “príncipe de la Iglesia” y nacido en Salvatierra, Guanajuato, muy cerca de donde ha permanecido el Papa Ratzinger, sólo fuera un tópico casi fantasmal. Que no hubiera existido nunca. Incluso que sea considerado un estorbo del pasado, una y otra vez entrometido en las relaciones bilaterales. ¿Acaso la derecha en el poder ha sido capaz de destrabar el proceso judicial o, por el contrario, lo entrampó más? Como creo que los amables lectores optarán por lo segundo, la interrogante es por qué. ¿Sólo por miedo?¿A quiénes?

2.- ¿Hacia dónde debe ser canalizada la orden de los Legionarios de Cristo tras desenmascarar a su fundador, Marcial Maciel, como pederasta e hipócrita, feliz de llevar una doble vida acaso engañando, o con la tutela, de sus superiores? Este caso lastima mucho a los mexicanos, incluso a los de buena fe que defendieron al “padre” sin saber que lo era en todos sentidos, con mujer incluida e hijas. Y no parece existir voluntad en las altas esferas vaticanas para, en serio, perseguir con rigor conductas parecidas y extirpar de una vez tantos tumores que oscurecen el apostolado. Es tanta la desconfianza que ni los más católicos se animan a dejar solos a sus vástagos en manos de sacerdotes, un daño en apariencia irreversible. ¿Acaso ello no demuestra el costo tremendo de la impunidad sostenida por quien pretendía la santidad a golpes de engaños, mucho dinero y una conducta aberrante? Infortunadamente, quienes alegan que son sólo unas cuantas células las podridas, no parecen entender que el cáncer puede haberse desarrollado con enorme rapidez bajo el peso de la tolerancia, primero, y de la impunidad, después.

3.- ¿Por qué la Iglesia parece más cómoda ante las dictaduras –incluso las de izquierda- que ante las democracias, aun aquellas bajo el perentorio dominio de la derecha? En España, Franco y el clero católico formaron una unidad que incendió, por dentro, los regionalismos que ahora amenazan con escindirse –Cataluña, el País Vasco con Navarra incluida-, de una España en crisis que no alcanza todavía a definirse ante el paso de la historia. Todavía hoy, a treinta y seis años de distancia y unos meses más de la muerte del tirano, no faltan quienes quieren rehabilitarlo mientras otros exigen que su cadáver sea exhumado y no permanezca en un monumento nacional, el del llamado Vale de los Caídos como símbolo de una España que ya no puede seguir siendo pisoteada por sus magras herencias.

4.- ¿Qué razón existe para la segregación de las mujeres –además del celibato impuesto a quienes se ordenan-, en un entorno en el cual se exige la igualdad de géneros como principio rector de la moral social? El retraso en este sentido es tan lamentable que no existen son salidas con aire anecdótico, como el sostener que Jesús sólo tenía apóstoles –ahora han surgido fundadas dudas sobre el papel de María Magdalena-, y con ello dio pautas únicamente a los varones para que fueran éstos quienes actuaran a su nombre. Insostenible, desde luego, fuera de los contextos de las conciencias atenaceadas por la postura incondicional de cuantos profesan la fe asumiendo los misterios inexplicables como parte de su cultura considerando que el hombre todavía no está preparado para comprender. Y hay quienes se rasgan las vestiduras a partir de este punto.

5.- ¿Cuándo iniciará el debate, serio y no visceral, sobre los fenómenos derivados de los movimientos lésbico-gay que han crecido por todo el mundo –matrimonios reconocidos además-, mientras la Iglesia simplemente niega derechos y reconocimientos a tales parejas, cerrando los ojos a una nueva realidad? Con ello no sólo aíslan a los y las homosexuales sino dejan en la orfandad ideológica e intelectual a sus feligreses, carentes de argumentos sólidos para rebatir y defender la marginación de tales grupos. El asunto es mucho más complejo que un simple intercambio d ideas y no puede quedarse en el tintero bajo el alegato de la ortodoxia extrema, casi radical, del Pontífice romano.

Como éstas hay otras razones para inquietar a los pensadores libres. La imagen de un infierno, bajo el fuego eterno, rebasa cualquier entendimiento. Y se vuelve a repetir que la mente humana no está lista para asimilar la verdad. ¿Y quiénes o qué sí lo están?¿Hasta cuándo? Ya estamos en el tercer milenio desde el nacimiento de Jesús que inicia los tiempos modernos y el silencio no puede, no debe continuar.

Mirador

Los pobres, como la libertad, han sido siempre ultrajados por quienes se consideran redentores, sin importar los signos ideológicos. Lo mismo quienes predican la igualdad entre los hombres pero se dejan lisonjear por el poder, que cuantos, desde las tribunas políticas, se consideran abanderados, sólo ellos, de la justicia social indispensable para mantener los signos de paz. Ya saben los amables lectores a quienes me refiero.

La Iglesia –y lo dice este autor quien se precia de ser católico, como Vasconcelos, entre otras cosas “porque me da la gana”, sustento de la mayor de las libertades, la de conciencia-, ha hecho de la resignación una suerte de muralla inexpugnable para hacernos creer que los ricos no podrán pasar al reino de los cielos como tampoco los camellos l hacen a través del “hoyo de una aguja”, así fuese ésta en los tiempos remotos en los que se escribió la Biblia un arco reducido para introducirse a las ciudades amuralladas. Tal prédica justifica y anima a los pobres a seguir siéndolo para alcanzar, con humildad, de ser ls últimos para luego ser los primeros. Y con esta filosofía se mantienen ciertos equilibrios sociales… hasta que las injusticias asfixian, laceran y rebelan.

En la misma línea, personajes como Andrés Manuel López Obrador, sustentan el reinado de los pobres como aportación revolucionaria, muy atrayente para quienes se perciben marginados o permanecen en las calles como consecuencia de las políticas oficiales sobre recortes de personal y cierre de empresas supuestamente improductivas o contaminadas por la corrupción. Esto es como si la ineficiencia fuera superior a la necesidad de sostener los equilibrios para que no hubiese explotación malsana entre los seres humanos con idénticas prerrogativas, salvo la del dinero.

Quizá a su paso por Guanajuato, el Papa Ratzinger se dio cuenta, como lo hicimos nosotros, de que los extremos políticos, como los físicos, también se tocan.

Por las Alcobas

Será imposible que Joseph Ratzinger se acerque siquiera al récord d su antecesor en el terreno de los periplos apostólicos por todo el mundo. No hubo –ni creo que habrá- Papa tan viajero como Karol Wojtyla, de inolvidable recuerdo. Tampoco se acerca a la capacidad de producción literaria, al número de encíclicas y a la intensa actividad diplomática desarrollada por éste.

Pese a esas “lagunas”, Ratzinger ofrece un récord notable también: puede hablar, sin interrupción, ¡en sesenta y ocho idiomas distintos! Si bien Juan Pablo era igualmente políglota, Ratzinger lo es aún más aunque, en no pocas ocasiones, confunda el sentido de los términos. Pero este récord me parece inigualable.

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SALUDO A LOS ESPÍAS DE LA SECRETARÍA DE SEGURIDAD PÚBLICA EMPEÑADOS EN AISLARME.