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Mi madre cumpliría hoy noventa años. Fue una gran mujer. En Yucatán se le recuerda por su entrega a las causas sociales y su altruismo a prueba de mil vicisitudes. Admiré en ella, siempre, su capacidad para lograr soluciones a lo que parecía imposible. Y me enseñó, desde luego, a sentir un profundo respeto por el género femenino y por las damas de la política a las que no debían dárseles más privilegios que los de la igualdad; esto es, sin discriminaciones pero tampoco sin falsas concesiones para alcanzar, por obligación, una paridad entre géneros en todas las escalas de la vida pública… como ya ocurrió en España, durante la administración anterior, con resultados desastrosos –y no tanto por las señoras con las que se rodeó el torpe José Luis Rodríguez Zapatero-.

En ocasión de mi ensayo sobre Ciudad Juárez –2005-, percibí que los altos cargos destinados a labores de fiscalía y persecución en torno a los llamados “feminicidios”, por demagogia pura, estaban bajo la responsabilidad de mujeres, incluyendo alguna jovencita talentosa, por ende con escasa experiencia, a la que me resultaba difícil imaginar visitando, como yo loo hice, los anfiteatros y escudriñando entre las monstruosidades conocidas. A veces, este periodista, quien debía haber perdido su capacidad de asombro ante tantas vivencias dolorosas, no podía evitar sentirme enfermo ante los hechos conocidos y ocasión hubo en que terminé la jornada siendo atendido por un gran médico amigo quien tuvo la gentileza de abrir su clínica al filo de la medianoche. Así de mal me sentía ante la visión tormentosa de los hechos despiadados.


Por esta razón no creo confundir el sentido común con ningún rasgo de misoginia barata derivada, sobre todo, del machismo tan acendrado de no pocos mexicanos. Y no imagino, en la situación actual, la confrontación terrible entre la sensibilidad femenina y la brutalidad de los violentos que nos ha tomado como rehenes, sin demérito de valores personales por parte de ellas e incluso de su carácter y honestidad parta no caer, como tantos funcionarios varones, en la cooptación de las mafias. Pero, ¿cuánto podrían resistir ante el acoso permanente de los perversos que nos han quitado la tranquilidad? Y más todavía, ¿cómo se blindarían, digamos al estilo de “La Cocoíta”, para andar por el territorio nacional? La respuesta a esta interrogante llegará pronto, apenas inicie formalmente, dentro de unos días, la campaña presidencial panista.

Recuerdo que cuando hablé con Josefina Vázquez Mota –a quien le dije, como he repetido varias veces en distintos foros- que me agradaría ver su nombre en las boletas electorales –aclarando que no significaba ello compromiso alguno para votarla, aunque no tuviese importancia mi parecer para la visión global-, toqué una fibra sensible al exponerle que, cuando fungía como secretaria de Estado –primero de Desarrollo Social y después de Educación-, la observaba inquieta, ansioso, incluso al borde del llanto, cada vez que debía comparecía ante el Congreso tras los informes presidenciales y dispuesta a secundar las políticas de Fox, primero, y de Calderón, después. No podía evitar entrelazar las manos mientras su rostro, francamente, se contraía ante el reto de subir a tribuna acaso porque sabía que algunos puntos eran indefendibles. Me miró muy fijamente, sonrió, relajada y me respondió:

–Lo importante, como usted dice, es sobreponerse ante el toro. Y rematar la faena con una gran estocada.

Supe entonces que se había preparado para nuestro encuentro enviando a emisarios a la presentación de mi libro, “Si los Toros no Dieran Cornadas”, veinticuatro horas antes. Sus colaboradores tomaron pautas suficientes para escudar a la señora lo que demostraba el punto alcanzado por ella, a diferencia de sus adversarios, y el gran cuidado que se ponía en quien comenzaba a tejer sus sueños presidenciales. Debí haber intuido entonces que era ella, en realidad, la favorita de la clase gobernante contra las equivocadas tendencias a favor de los secretarios de Estado, Cordero y Lujambio, atrapados por sus aduladores hasta que el segundo entendió y el primero continuó hasta caerse de bruces hacia el abismo.

Volvamos al punto central: la misoginia no deriva de un trato igualitario sino de la fobia hacia las mujeres, rasgo muy de moda entre las corrientes homosexuales y sus respectivas cofradías estupendamente protegidas por algunos altos funcionarios, los mismos que, por cierto, debajo del agua fomentan y promueven otros movimientos minoritarios, como el de los llamados antitaurinos y los múltiples “juanitos” reclutados en función de la fama fácil. Si se les observa con cuidado certificarán, amables lectores, que son los mismos en diversas condiciones y escenarios marcando un hilo conductor que tiende no sólo a la intromisión grosera en la formación de nuestros hijos sino en la alteración de costumbres y tradiciones en pos de una globalización esclavizante y enfermiza.

En este punto tendríamos que examinar si las mujeres lanzadas como candidatas –a la Presidencia, la jefatura del gobierno defeño y para integrar el Legislativo-, son consecuencia de sus méritos políticos –no de las campañas mediáticas sobre sus propios dramas-, y no de circunstancias ajenas a los conocimientos de los desafíos nacionales y la respectiva capacidad para enfrentarlos e intentar, siquiera, superarlos como no han sido capaces de hacerlo las administraciones federales recientes. Sería terrible, además, que los operadores de sus periplos cayeran en el abismo de las campañas negras porque con ello no sólo perderían credibilidad sino clase, finura, exquisitez, condiciones que exalto en las mujeres mexicanas valiosas en contraposición, muchas veces, con la ausencia de moral y de altura de algunos varones dispuestos a negociar hasta la propia honra a cambio de la celebridad siempre perentoria.

El tema se vuelve más espinoso al observarse las reacciones, sobre la marcha, de algunas de las postulantes, como el reciente episodio de la señora Isabel Miranda de Wallace, entrometida en un asunto procesal, el de la francesa Florence Cassez, que la hace cómplice de Genaro García Luna, el autor del montaje más grotesco del que se tenga memoria en los anales de la justicia en México. ¿Cómo creer, entonces, en ella? Porque, además, ningún paralelismo encuentro en el caso de su hijo, torturado y muerto, con el de la francesa capaz de conflictuar las relaciones bilaterales entre México y Francia a sabiendas del pobre prestigio de los garantes de la justicia en México, una nación dominada, en gran arte de su esencia, por el dinero sucio de las mafias. Y no estamos descubriendo el hilo negro, por favor.

Que Josefina convenza por lo que es y no por lo que no son sus adversarios. Se trata de gobernar hacia el futuro, no anclar siempre en el pasado como ha sucedido hasta ahora después de la primera alternancia. No olvidemos, pero tampoco nos detengamos en el rencor sordo de los ignorantes.

Debate

Vino el Papa y se fue. ¿Dejó algo más que fervorines con claves encriptadas? Lo mismo en Cuba en donde su visita ha dado lugar a divisiones extremas que acaso son anuncio de una inminente guerra civil en cuanto los Castro pierdan el monopolio de la violencia y con ello su país entre en la lista de los “estados fallidos” en el filo de los que también está México de acuerdo a los indicios de las agencias de inteligencia estadounidense. ¿Será ésta la razón de fondo para entrelazar el periplo del Papa entre una nación con asfixiante gobierno de derecha y otra en similar condición –política, se entiende- desde la izquierda radical?

La diferencia es que en México la clase política maneja a satisfacción el arte de la simulación y, por ende, es factible alcanzar con facilidad el punto aquel en el que nos situó el hispano-peruano Mario Vargas Llosa, el de la “dictadura casi perfecta”… más allá de la alternancia. Acaso la mayor prueba de ello fue la visita de Benedicto XVI al centro neurálgico del fanatismo religioso, el que representa la monumental esfinge de Cristo Rey, que más allá de lo que tiene de advocación divina representa también el horror de la Cristiada, un enfrentamiento civil que dejó millones de muertos y de cruces sobre el destino nacional.

La historia, en sentido contrario a lo que opinan los miembros de la derecha en todo el mundo –en España insisten en que zanjar las atrocidades del franquismo es revivir las intolerancias entre los españoles inútilmente-, es memoria que deja huella irremisible sobre la amnesia colectiva tan favorable para quienes manipulan con la ignorancia y la ingenuidad, derivada de la anterior, generales. Los beneficiarios, casualmente, son siempre los mismos: las mafias, desde los criminales inalcanzables hasta los de cuello blanco que figuran en sociedad como altruistas generosos cuando no son sino simuladores, sólo eso, dentro de las migajas de sus blancos panes. Y no sólo hablamos de los Servitje, qué conste.

La Anécdota

También Carlos Slim está en plan de levantarnos el ánimo aduciendo que “nuestro sueño” es bastante mejor que el cantado estadounidense. Será porque acaso es más utópico y, por ende, más sabroso como cuando dormimos profundamente después de alguna jornada tremendamente pesada.

En alguna de las ocasiones en que he podido conversar con el hombre más rico del planeta, el señor Slim pasaba de salón en salón –una auténtica pinacoteca en cada una de sus casas de seguridad-, y tomaba de la mesilla central un habano, “Cohíba” para más señas, lo prendía y lo dejaba casi entero. Así, una y otra vez, hasta que reclamé:

–Ya lleva cinco puros desperdiciados y no me ha ofrecido ninguno, Don Carlos. ¿Así es cómo se hacen las grandes fortunas?

Desde luego, atento, me abrió una de las cajas. Y tomé cinco habanos, como tantos que él había sólo prendido y medio fumado. Yo los terminé, en varias jornadas claro, hasta las últimas cenizas… porque me falta mucho para figurar en el semanario Forbes.