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El juego de las encuestas no parece estar teniendo un buen resultado porque, sin duda, crece la incredulidad pública por los constantes devaneos de las empresas encargadas de realizarlas. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que en cuestión de dos semanas, o menos, la candidata del PAN se haya mostrado eufórica por sendos sondeos en donde le daban cuatro, ocho y trece puntos de desventaja en la misma perspectiva y a través del mismo medio? Esto es como si los mexicanos reaccionaran con la misma rapidez con la que salieron a las calles tras el sismo de la semana pasada. El mandatario Calderón se guardó bien las grabaciones en las que, sin género de dudas, hace proselitismo abierto a favor de Josefina Vázquez Mota –ahora la llaman “Chepina” nada más por molestar y este columnista no volverá a utilizar el apelativo-, ante los banqueros sin que cumpla las órdenes de sus testaferros del IFE para presentarlas. Y no hubo, y esto es sorprendente, mayor presión por parte de los fiscales, digo rectores, de la contienda electoral que se avecina tormentosa.


¿Cuál puede ser la credibilidad de un medio informativo, en este caso Milenio, que una semana hace pasar a la señora Vázquez Mota de ocho a trece puntos de desventaja como si se hubiera colapsado su sede estadística por los efectos telúricos que sufre la metrópoli a cada rato? Peor todavía: al medir el desdén general ante un sondeo tan evidentemente contaminado, se rectifica y se justifica la moción con otras interpretaciones baladíes tales como la de considerar que los “indecisos”, situados como segunda fuerza política con veintinueve puntos porcentuales, son presuntos sufragantes a favor de la causa de la continuidad y, por ende, del PAN. Un aserto sólo sostenido por los venales intereses de quienes le hacen el juego a la oficialidad para sobrevivir. No existe otra explicación posible si damos seguimiento a las pautas editoriales de los medios corroídos hasta las entrañas.

Es evidente que los números irán estrechándose a la medida de las consignas superiores, una estrategia que funcionó a perfección hace seis años cuando López Obrador fue sorprendido, alcanzado y vencido por la alquimia gubernamental tiempo después reconocida por el delincuente electoral, Vicente Fox, a quien no se ha tocado un pelo ni mucho menos la lengua viperina que con tanto ahínco secunda su consorte. Sólo los muy ingenuos –o los incondicionales, los peores de todos-, son capaces de negar hechos tan evidentes e incontrovertibles, máxime cuando se carecen de argumentos para defender y hacer relucir actuaciones tan desoladoras como las de los Fox y Calderón. ¿O acaso nunca esperaremos justicia sobre las miles y miles de víctimas inocentes de la guerra entre las mafias, la de los narcos y la institucional que tan bien dirige Genaro García Luna?

Al ritmo en que los candidatos –todos-, van perdiendo credibilidad, aumenta la franja no sólo de indecisos sino de convencidos de que no debe votarse para así rechazar el estado de cosas. En lo personal, insisto en que esta postura no me convence, en cuanto deja espacios vacíos que pudieran ser ocupados por los vándalos alquimistas, aun cuando reconozco su validez ante la pobreza política de los postulantes, la ausencia de proyectos concretos para resolver las graves coyunturas nacionales –no sólo la de la violencia y la consiguiente inestabilidad-, y sus crecientes temores a no poder contener la marea que se les viene encima. Por eso, claro, han estado muy bien resguardados durante estas semanas previas a los “días santos” cuando, formalmente, iniciarán sus respectivos periplos cuidándose de las pedradas. Un panorama que rebasa a la ficción.

¿O llegaremos a los extremos de Hugo Chávez, el cáncer de Venezuela –y no me burlo de sus males personales, que quede claro, porque tales son de otro contexto, el humano-, quien se da el lujo de “advertir” al líder de todas las oposiciones, Enrique Capriles Radonsky, sobre supuestos informes de que sufrirá un atentado… “pero no por parte del gobierno”. ¡Cuán generoso se muestra el dictador quien, sin embargo, ha sido capaz de defender a su país de los amagos multinacionales con mayor eficacia que nuestro superior gobierno en las disputas internacionales con clara inclinación a la ingerencia de Estado! Sólo le faltó asegurar que el disparo contra Capriles no saldrá de su cartuchera. De darse el infortunado presagio, ¿creeríamos en el aviso o en la consumación de un golpe desde el poder? Sólo es cuestión de aplicar la lógica más elemental: fuera de los “chavistas”, ¿hay otro interesado en tomarse la vida del político que compromete al enfermo presidente?

Los valores entendidos son, desde luego, peligrosísimos a la hora de analizar las cuestiones proselitistas y las gestiones gubernamentales. Pero, sin duda, significan un punto de partida innegable e ineludible. En el caso de México, ya tuvimos la amarga experiencia, en 1994, cuando el candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, cayó de la gracia presidencial por su discurso en que advertía del imperativo de realizar una reforma integral del Estado –lo que en sí era una descalificación sonora a las actuaciones de Carlos Salinas y sus consejeros, sobre todo el siniestro Joseph-Marie Córdova Montoya, sobre los traumas de su mandato ilegítimo, como es el caso de Calderón por cierto-, y fue asesinado diecisiete días después de aquel fervorín ante el Monumento a la Revolución y los nichos que guardan a los grandes revolucionarios que se mataron entre sí. Menos mal que a nadie se le ha ocurrido trasladar al gran panteón institucional a Victoriano, “el chacal”, Huerta, aunque, al parecer, crece la popularidad de Don Porfirio y suman más los souvenires que lo recuerdan a la de otros protagonistas de la gesta en el Museo que es entraña del Memorial.

¿Será que las manipulables encuestas son una suerte de amenaza “anónima” con el sello de la casona presidencial y a través de sus grandes aliados, exaltadores, además, de la figura de García Luna, gran comandante de la represión y las parodias televisadas de nuestros días? Sólo así sería explicable la insistencia en aplicarlas cuando ya están rebasadas por el mundo cibernético por ahora incontrolable en cuanto a la difusión de monsergas, no así si se trata de aislar a los críticos, como en mi caso, en uso de la extraordinaria maquinaria de espionaje al servicio de la Secretaría de Seguridad Pública. Los funcionarios de ésta sólo cometieron un error: mostrármela, para presumir que tenían controladas a las bandas de secuestradores con un banco de voces mejor que el sistema dactilar, con miles de registros. ¿Serán tantos los delincuentes o también se suman los informadores “incómodos” amén de los adversarios “peligrosos”?

Fue una de las preguntas que quedaron en el aire.

Debate

A unos cuantos días de que formalmente inicien las campañas en pos de la Primera Magistratura, amén de ocho gubernaturas y la renovación del Congreso de la Unión, las barajas están marcadas. La actuación, hasta el momento, del Instituto Federal Electoral y del consejero presidente de éste, el Dr. Leonardo Valdés Zurita, ha sido poco feliz considerando que ha pasado de ser un órgano destinado a asegurar la vida democrática en una suerte de fiscal contra los partidos y sus postulantes, sobre todo si son de la oposición con leves matices de sanciones para los panistas pecadores. Y esto, desde luego, no es, de modo alguno, un buen presagio para la jornada del primero de julio.

Lo verdaderamente grave de haber exculpado a los Fox y a los empresarios que violentaron las reglas en 2006, como admitió el Tribunal Electoral dictaminando que sus conductas no habían sido “determinantes” para el resultado final –esto es como si la ventaja del supuesto ganador hubiese sido tan amplia e indiscutible y no de sólo medio punto porcentual reconocido-, es la posibilidad de reincidencia en cada uno de los niveles y periodos del acortado proceso, el menor de la historia, minado ya, desde hace varios meses, por un exceso de intervención por parte del Ejecutivo federal; el “moreirazo”, por ejemplo, fue un ardid plenamente concebido por los operadores de Los Pinos sin que ello reste responsabilidad al señalado ex gobernador de Coahuila, de andar decepcionante.

En la misma línea, el seguimiento de encuestas y la diferencia que marca, el día a día, como si el país fuese un conjunto de sujetos tan volubles como ignorantes, esto es manipulables en extremo con sólo dirigirles una andanada de consignas, lugares comunes y eslóganes infelices pero fecundos, con cancioneros de por medio en algunos casos, niega la madurez y la conciencia del colectivo y la hace susceptible de ser desviada y trampeada. Peor, digo, que en 2006 porque ahora se tiene muy al alcance los usos y usufructos de las redes sociales cuyos “hackers” han sido cooptados, en gran medida, por los órganos gubernamentales o los cuartos de guerra de los postulantes de otros partidos. Hay para todo en esta viña de alquimistas.

El hecho es que, de nuevo, estamos en punto cero… con la sociedad en un profundo estado de indefensión. En mala hora, pues.

La Anécdota

¿Recordará Andrés Manuel sus principios y objetivos primarios?¿Tendrá en la cabeza a quienes persiguieron y mataron a los dirigentes de izquierda antes y después de ls comicios de 1988 en donde la figura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas pasó a convertirse en una especie de faro encendido? Cuando menos, eso creíamos.

Pero, de ser así, ¿cómo es posible que apadrine el lanzamiento de Manuel Bartlett, falso izquierdista y represor de periodistas y líderes sociales –todavía está pendiente dar seguimiento a los señalamientos de José Antonio Zorrilla en sus declaración ministerial sobre el crimen contra Manuel Buendía en 1984-, y cobarde, como el que más, ante quienes le encaran y le recuerdan sus actos de barbarie?

Una cosa fue que, en 1999, comenzar4a el PRD a ganar votos lanzando a elementos supuestamente con pre4sencia pero sin ideología alguna, y otra, muy distinta, que se convierta en garante de criminales cuyo juicio histórico está por llegar.