Hace algunos meses, en Mexicali, no quise evadir una interrogante con mucho de provocación, de eso que los mexicanos llamamos “mala lecheâ€. QuerÃan que calificara al gobierno de Calderón a partir de los señalamientos que he hecho acerca de los sufragantes quienes, sin medir consecuencias, optaron por elegir “al menos maloâ€. Tal, insisto, no era mi criterio sino el de miles de personajes atrapados por la aviesa propaganda oficialista generada por los hispanos expertos en marketing polÃtico y encabezados por el tortuoso Antonio Solá Recher, ya con la nacionalidad mexicana en la bolsa para que no pueda ser declarado persona non grata –por cierto, los partidos se tardaron en percatarse de los movimientos de este personaje y sólo hasta hace muy poco, los lópezobradoristas comenzaron a citarlo-. La cuestión era saber si mantenÃamos la calificación; y respondÃ:
–Bueno, no pocos creyeron en el “menos malo†sin suponer que serÃa tan, tan malo, acaso el peor.
La frase caló porque el fondo es hondo tras una administración caracterizada por la violencia, en primer sitio, y la simulación, considerada ésta la manera de ocultar y moldear estadÃsticas siempre con medias verdades que, en realidad, no son sino mentiras de cuerpo entero. A esto se han dedicado, entre otros, los funcionarios del ramo económico y cuya inestabilidad como funcionarios ha sido una de las pautas de la parálisis general. Por ejemplo, en la titularidad de Hacienda hemos contado con tres: AgustÃn Carstens Carstens –perdido en la robustez de sus computadoras-, Ernesto Cordero Arroyo –vencido por sus erróneos cálculos “polÃticos†cuando jamás ha entendido la polÃtica-, y el actual, José Antonio Meade Kuribreña, quien se enfrenta al desafÃo de una crisis recesiva global, peor a la de 2008, cuyos efectos habrán d aterrizar en México a la par con los comicios federales, esto es en la etapa más compleja del régimen en curso y con el continuismo por prenda. Más vale, dicen los retrógradas, sacrificar a una mujer que enfrentarse con un hombre.
El caso es que como secretario de EconomÃa fue instalado, el 15 de julio de 2010, Bruno Ferrari GarcÃa del Alba, quien presume de su apellido italiano aunque poco tenga que ver con la famosa escuderÃa en donde milita el español Fernando Alonso, marrullero piloto que evitó a la mala la victoria del mexicano “Checo†Pérez en Malasia. El señor Ferrari, con una representación que le queda muy grande –en el pasado fue exitoso promotor de empresas relacionadas con semillas, entre ellas Seminis Vegetable Seeds, lÃder en su género, pero en este caso la cosecha polÃtica no sólo es cuestión de buenos abonos-, aparece muy poco pero cuando lo hace el asunto tiene ribetes de catástrofe. Y no puede ser otra cosa cuando los ministerios se improvisan en ausencia de colaboradores probados y conocedores de su entorno. ¿Quién podrÃa suponer que le oscuro Cordero pudiera con el paquete hacendario?¿O quién puede apostar que la señora Isabel Miranda pueda ser una buena jefa de gobierno para la ciudad más compleja del orbe por el solo hecho de haber reclamado justicia por el secuestro y muerte de su hijo?¿Y acaso habrá algún lector que crea, de firme, en la solidez de la polÃtica interior del paÃs cuando dos de sus titulares han sido baja por supuestos “accidentes†aéreos, perfectamente camuflados, y tres más no ha servido sino para elevar la conflictiva general a un ritmo de un secretario por año, en promedio?
Pues bien, el señor Ferrari tuvo la osadÃa de visitar España hace una semana… y aquello fue sencillamente un desastre. A la salida de su presentación, a la que llegó con una hora de retraso –“un poquito tarde†según palabras de su torpe asistente con un vocabulario más que reducido-, hubo comentarios agrios:
–Este señor –se alcanzó a escuchar por allÃ- es un impresentable.
El funcionario, en realidad, repartió carpetas de PROMÉXICO –su antiguo cargo, como director general- y exhibió un audiovisual con estadÃsticas retrasadas y presentadas en dólares. Ni siquiera se tomaron la molestia de evaluar, en euros, lo que mostrarÃan a un auditorio europeo y complaciente, deseoso de conocer las razones por las cuales debe invertirse en México a pesar de la pésima publicidad… desplegada por el propio gobierno.
No se olvide que, de manera reiterada, durante el periplo papal por nuestro paÃs, se subrayó que el señor Calderón habÃa solicitado la presencia del PontÃfice para paliar el tormento interior de un pueblo “muy sufridoâ€, largamente asediado por la barbarie y el crimen, deseoso de una palabra de consuelo. Tal fue el meollo, mientras en Cuba, posteriormente, se dio cuenta del debate entre las miserias del comunismo…y del capitalismo, que para todos hubo en voz de Joseph Ratzinger. Esto es: mientras a los mexicanos se nos doblan las corvas ante los riesgos cotidianos, los cubanos tienen arrestos para defender su modelo económico aun cuando el Sumo PontÃfice les restriegue en la cara las tremendas veleidades del modelo socialista. La diferencia es tanta que avergüenza.
Pues bien, el señor Ferrari, en la misma lÃnea, comenzó hablando, en Madrid, acerca de que “todos los mexicanos†tenemos como referente a España. Él mismo, alegó, tiene un patronÃmico italiano pero su segundo apellido y sus abuelos maternos son españoles; insistió además de que casi todos los miembros de su comitiva, empezando por su subsecretario, estaban en similares circunstancias casi como consecuencia de una entidad que prorroga los tiempos de la Conquista y obliga a los hispanos, como presuntos inversores, a pensar en México antes que en cualquiera otra nación de Latinoamérica. Tal fue el fundamento de su rica presentación a la que sólo le faltó la cita de San Juan Diego y su tilma guadalupana para compararla con la estatuilla de una virgen morena que se guarda en el Monasterio de Guadalupe, en el centro de Extremadura de donde surgieron los conquistadores, entre ellos Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Pero, claro, no se atrevió a tanto o acaso lo ignoraba.
Para algunos dominó el tópico: quizá el “señor ministroâ€, luego de la opÃpara comida en alguno de los restaurantes emblemáticos de la capital española, se entretuvo de más con los rojos caldos de la Ribera del Duero, los de mayor costo en e4l mercado. Y, como ya es tradición entre los funcionarios actuales, las tardes no le vienen bien porque se les amarra la lengua, dispersan los pensamientos y caen en el chascarrillo barato para hacer correr el tiempo y aprovecharlo para otros menesteres posteriores… con cargo al presupuesto federal. No hay duda que los miembros de la derecha mexicana –y tengo pruebas abundantes- son expertos en materia de guÃas turÃsticas, restaurantes con tres estrellas Michelin y hoteles de Gran Turismo o de los llamados “Boutiqueâ€, según sean las circunstancias. Eso sÃ: sobran si se trata de defender al paÃs y explicarlo.
En fin: el martirologio de los mexicanos es lo que venden nuestros funcionarios. Tal entienden como hacer gobierno defender la soberanÃa.
Mirador
Veamos: el señor Calderón suscribe invitación al Papa para visitarnos porque estamos, literalmente, “boquibajeadosâ€, en espera de un redentor que colme nuestras expectativas de conciencia… en el inicio de las campañas por la Primera Magistratura; muy oportuno, desde luego. Y, por su parte, el secretario de EconomÃa, Bruno Ferrari, asume ante un cerrado número de empresarios emblemáticos de la Iberia brava, que la violencia se ha exagerado y que no son comparables las estadÃsticas de tres entidades del paÃs en conflicto –“sólo tres, reiteró, entre treinta y dosâ€-, con las de Nueva York, Florida o Atlanta. Es decir, estamos mejor que en los Estados Unidos a pesar de las “leyendas urbanas†que tanto nos perjudican.
¡De haberlo sabido no habrÃa tantos emigrantes que abandonan las entidades del centro –entre ellas la panista y “cristera†Guanajuato-, para refugiarse en el sur estadounidense intentado sobrevivir! Al fin y al cabo, los ausentes también votan como pudimos comprobar, en San Miguel d Allende, durante los comicios de 2006. Y eso, en todo caso, es lo que importa a personajes como Ferrari que lo harÃa mejor en los “pits†aunque fuera para carreras de bajo relieve: con su sólo apellido ahuyentarÃa a los rivales. ¿Cómo no se les ocurrió a los panistas a la hora de las decisiones?
CabrÃa preguntarse cuál es la formación de quienes llegan al gabinete presidencial precedidos por sus proezas especulativas en las empresas privadas que logran expandir por el territorio mexicano en usufructo de sus buenas relaciones con las jerarquÃas gubernamentales. Acaso por ello, sus adversarios, del PRI y el PRD, hablan de la “costumbre del poder†para explicar que ellos sà entienden la geopolÃtica nacional y no sólo los cuadros estadÃsticos; y menciono a los del PRD porque la formación de la mayor parte de ellos es idéntica originalmente a la de los priÃstas amafiados. Estamos ahorcados, todos, en el mismo árbol.
Por las Alcobas
Me cuenta la brillante asesora en EconomÃa, Claudia Luna Palencia, presente en la supuesta disertación de Bruno Ferrari en Madrid que para parecer simpático a una audiencia desesperada –en Madrid todos tienen el tiempo medido y una hora de retraso es imperdonable-, que el secretario de EconomÃa comenzó con un chascarrillo que no cayó muy bien entre los presentes:
–“Tomen en cuenta –dijo- que nosotros con tres siglos de dominación española, aprendimos a hablar en castellano; pero ustedes, que estuvieron ocho siglos avasallados por los árabes, no hablan el árabe…â€
El cuentecillo ya lo habÃa escuchado pero nunca imaginé que fuera usado por un ministro de México como carta de presentación allende el océano. El pasmo fue seguido de algunas palmas de cortesÃa.
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EN PLENA CAMPAÑA, LOS AISLAMIENTOS CIBERNÉTICOS PROSIGUEN. ¿QUÉ ES LO QUE TANTO TEMEN LOS ESPÃAS AL SERVICIO DE LA SECRETARÃA DE SEGURIDAD PÚBLICA?

























