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De acuerdo a la sentencia vigorosa del presidente Enrique Peña Nieto, aprovechando la distinción de ser considerado líder del priísmo nacional casi al estilo del Soviet Supremo –por cierto, otrora ideal tendencia del panista Manuel Gómez Morín, fundador de Acción Nacional para que nadie se confunda-, en México no hay intocables y no los hay si nos atenemos a la película sobre los mismos protagonizada por Kevin Costner, dirigido por Brian de Palma, siempre atractiva para quienes se quedan en casa los domingos y referente de los tiempos cuando en Chicago las mafias no se medían por asesinatos sino por litros de alcohol en los mercados; al final fue atrapado Al Capone… por evasión de impuestos y jamás sentenciado por los múltiples asesinatos, extorsiones y capitales sucios obtenidos durante su larga vida de delincuente.

Lo anterior es el símil perfecto para explicar los procedimientos seguidos contra la “novia de Chucky”, la muñeca diabólica de los dirigentes sindicales siempre temerosos y hacinados bajo las “muchas faldas” de la “maestra”. Con ello se pretende que ya nadie es intocable aunque es obvio lo contrario en un entorno dominado por las mafias y sus infiltrados en la estructura gubernamental contra el viento y marea de las infiltraciones que tantas fortunas han distribuido, por ejemplo, a favor de los hijos putativos de Miguel de la Madrid: los activos Emilio Gamboa Patrón, del PRI y coordinador de los senadores de su partido, y Manuel Bartlett, transformado en izquierdista de chatarra al servicio de Andrés Manuel López Obrador y de MORENA desde su posición de senador del PT, es decir compartiendo escaños sin el menor pudor histórico.

No hay intocables, dijo el presidente. Y debemos entonces respirar tranquilos porque, entonces, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, quien se da el lujo de llegar a los restaurantes de Monterrey o Saltillo y pagarle las cuentas a todos los comensales con tal de que entreguen sus celulares mientras dura su comelitona, no debe ser sino un espectro chocarrero, molesto, que nos hemos inventado los periodistas. Y en el mismo nivel Ismael “El Mayo” Zambada capaz de brindarle hospedaje al anciano Julio Scherer García, sin el menor contratiempo, con tal de ganar una portada en Proceso, el semanario de una izquierda en donde jamás se ha inscrito alguna cuestión positiva. Cuesta trabajo, lo reconozco, pero la permanente confrontación es reflejo de una amarga subjetividad muy alejada del ideal periodístico. Porque, al final de cuentas, al único que se ha tratado bien en esta revista es, precisamente, al “Mayo”, lugarteniente –se dice- del “Chapo”, dos perlas de alto costo tan “intocables” como la libertad de prensa que arroja más de cien cadáveres durante el devastador paso de la derecha, durante doce años, por el poder. Vaya abismo de diferencia.

Hablemos de algunos líderes sindicales para reafirmar el aserto del señor Peña:

1.- Carlos Romero Deschamps, dirigente petrolero quien formó un cacicazgo superior al de su antecesor, Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, y dispone de lujos que, desde luego, el de Ciudad Madero no tuvo. Modernización pura. Ya hasta “La Quina” parece un ángel de Dios al lado de los actuales. Quién iba a pensarlo hace un cuarto de siglo. El nombre del sujeto, desde luego, debe saltar a la mirada más profana de la Unidad de Inteligencia Financiera, ahora manejada por Alberto Bazbaz Sacal, el “héroe” del caso “Paulette” en sus días de procurador mexiquense, si apareció el de Elba Esther. Porque, sin lugar a dudas, no hay manera de que explique sus regalos ostentosos a sus hijos –un Ferrari de dos millones de dólares y viajes en aviones privados a todo el mundo, joyas y mansiones por doquier-, sin tocar los intereses de su gremio explotado y manejado como si de un feudo se tratara. Si la Gordillo cayó, no hay manera de explicar por qué Deschamps no está en la misma situación.

2.- Martín Esparza Flores, quien se “adueñó” del Sindicato Mexicano de Electricistas en 2005 sin suponer que cuatro años más tarde, tras perder la primera reelección, habría de extinguirse la Compañía de Luz y Fuerza por un acto autoritario del gobierno de calderón –minúsculas-, si bien en apariencia justificado por los desfalcos sindicales –todos ellos corroborados pero disfrazados bajo los antifaces de MORENA y una izquierda cooptadora de cualquier conflicto que parezca social-, y la alta colusión de los administradores con altísimos sueltos y escasos rendimientos. El servicio era pésimo y la desidia de los sindicalizados más. Esta es la verdad, mientras Esparza comenzaba un reinado rebosante de ingresos y malversaciones.

3.- Víctor Flores Morales, el ferrocarrilero pelafustán, quien permaneció en el sindicato respectivo pese a la paulatina extinción de Ferrocarriles Nacionales de México y la llegada de las multinacionales, como la Union Pacific, uno de cuyos consejeros es Ernesto Zedillo Ponce de León, el gran simulador y uno de los hombres más ricos del planeta aunque se cuida tan bien que su nombre no figura en el listado de Forbes, el semanario especializado en la materia. Este sujeto, en sus días de legislador, llegaba a la Cámara baja rodeado de guardaespaldas armados y él mismo presumía su pistola sobre el saco, para que nadie dudara de su poder de fuego dentro del recinto parlamentario; y fue así como protagonizó varias grescas en el salón de sesiones contra reporteros incómodos, como el hijo mayor de este columnista a quien estuvo a punto de asfixiar. El sujeto vive como maharajá, con mansiones por todo el país, sobre todo en su natal Veracruz, y se jacta de ser intocable, precisamente, por el retorno del PRI. Con el PAN, claro, hubo entendimiento, paz y complicidad a trueque del cambio prometido y traicionado

Tres casos, para empezar. Y seguimos con los ex gobernadores, entre ellos los de Aguascalientes, Coahuila, Tabasco, Puebla, Chiapas y otros más-, quienes han logrado mantenerse “a salvo” –quizá caiga alguno para elevar las cortinas de humo-, desde distintas posiciones partidistas. No se salvan el PAN, el PRI ni el PRD. Todos en la misma jaula harían las veces de un “big brother” político con intensa audiencia. Y fíjense lo generoso que soy: no le cobraré a Televisa por la idea con tal de que arme la verdadera historia reciente sin temerle a los intocables miembros del sindicato de radiodifusión.

Y no olvidemos, en el mismo renglón, al siempre elegante, jactancioso, Joaquín Gamboa Pascoe, heredero de las huestes de Fidel Velásquez y Leonardo Rodríguez Alcaine, y poseedor de una fortuna inmensa que no duda en reflejar en su estatus de triunfador absoluto del establishment. ¿Tampoco este nombre salta en las indagatorias de la Unidad de Inteligencia Financiera?¿O es que ésta sólo actúa por consigna, esto es cuando un intocable deja de serlo por determinación presidencial? Entonces tendríamos a otros personajes ajenos a la justicia, porque ningún ex presidente de la República ha sido encarcelado, a pesar de múltiples pruebas de prevaricato e incluso genocidio –lo mismo echeverría como calderón, ambos con minúsculas-, que les han señalado para la historia.

¿Y la actual familia presidencial?¿Es acaso vulnerable ante la aplicación estricta de la justicia?¿Fue bien investigada la muerte de Mónica Pretelini, primera esposa de Peña Nieto, cuyo agravamiento y final pudo darse a partir de una negligencia médica “inexplicable”?¿O habremos de esperar que Peña Nieto se incorpore a los “ex”, manteniendo su derecho a la impunidad pero no a ser señalado por los cronistas de la época, los acomodaticios, siempre listos a seguir las líneas de quienes mandan y esconden las manos?¿Es ésta una tradición?

En fin, a Peña Nieto le bastaba con voltear a sendos lados para encontrarse con algunos intocables cuando aseguraba que ya no los había. ¿Perdió la vista, obnubilada por el poder y acrecentada por las loas tras la aprehensión de la multimillonaria señora Gordillo que se despachaba a sus anchas con el dinero de los maestros?

Porque, en México, de “intocables” estamos repletos. ¿O no lo son, por ejemplo, Onésimo Cepeda Silva, el Obispo de los Ricos,   que se daba el lujo de amparar cuadros valiosísimos exhibiendo cheques por varios cientos de millones de dólares, con tal de “proteger” la herencia de la señora Olga Azcárraga Madero; o algunos de los empresarios multimillonarios que medran con el hambre popular?

Si quiere, señor Peña, le recomiendo a un buen oculista o a una óptica como la de mi amigo Frank Devlin.

Debate

La interrogante es ¿hasta cuándo? Me alarma que los hombres y mujeres en el poder no se percaten de que la tolerancia popular está desquebrajada y es, cada vez, menos proclive a la manipulación. Dicho de manera directa: al presidente Peña se le está agotando, muy rápidamente, el crédito que ganó con su discurso inaugural y la aprehensión de la señora Gordillo apenas hace trece días. Y todo porque en la misma línea se encuentran otras figuras deleznables quienes se pastorean con el aval de la dirigencia priísta porque se asume que el “partido” no debe desgastarse. Entonces, sí hay intocables, como los amigos del propio Peña y quienes le apoyaron en su campaña con financiamientos jamás reportados. Por cierto, con gusto pago veinte mil pesos –lo que costó al PRI su cierre de campaña según la vergonzosa Comisión de Fiscalización del IFE- para que me alquilen el Estadio Azteca y pueda convocar a una multitudinaria reunión de periodistas afrentados en este país, en todas las entidades, en cada región, en el Distrito Federal, de frontera a frontera. La lista es interminable… y faltarían gradas.

Entonces podríamos sopesar, directamente, hasta donde llega el pulso de la libertad contra los amagos del poder que se desvanecen bajo al pretexto de que las persecuciones contra los informadores son obra y gracia del crimen organizado, esto es de los narcotraficantes… quienes tienen a su servicio a algunos políticos de renombre y no pocos mandos militares –y de la marina-, con un descaro sólo superado por el de los vecinos del norte quienes siempre ven paja en el ojo ajeno…para intimidarnos y poner de rodillas a nuestro gobierno, entreguista a lo largo de la preeminencia de la derecha que no cesa. ¿Para cuándo el cambio de embajadores, señor Peña?¿Para el final de su sexenio?¿Los panistas designados por calderón –minúsculas- seguirán protegiendo los intereses… de su jefe y patrón?

La Anécdota

Corría el final del primer semestre de 1997. Cinco minutos le bastaron al siniestro Joseph-Marie Córdoba Montoya para que los perredistas recularan. Tenían consigo documentos y pruebas para acusar al “doctor” –jamás se recibió como tal-, por el magnicidio de Lomas Taurinas. Y el personaje les reviró, encarándolos con todo y el fuero de los legisladores acusadores:

–Si no retiran su acusación voy a tener que denunciarlos por difamarme y, entonces, Cuauhtémoc Cárdenas no será elegible como jefe del gobierno del Distrito Federal al estar en condición de indiciado.

Y los perredistas callaron vergonzosamente… y así, hasta ahora.