Mucho inquieta a la ciudadanía del país el futuro que habremos de experimentar a partir de la elección del Presidente de la República el próximo 1º de julio, respecto a cuál de los ahora candidatos a ese importante puesto pueden representar mejor los intereses de la población y el futuro de la Nación. La preocupación se ha acrecentado a partir del reconocimiento de que México se encuentra sumido en una grave crisis de carácter estructural que, no sólo no se ha reducido durante las últimas administraciones sino que, pareciera haberse profundizado conforme pasan los años.

Sin embargo, la visión de quienes consideran que la elección de un nuevo Presidente puede constituir un parteaguas que permita al país empezar a mirar la luz al final del túnel, se caracteriza también por estar plagada  de interrogantes sobre la viabilidad de  las propuestas, las  intenciones y las capacidades de los candidatos, para lograr tales fines.


En el preámbulo de las elecciones del próximo 1º de julio es común leer las notas y declaraciones de prestigiados intelectuales y/o analistas políticos que de plano enfrían las esperanzas de quienes aún las tenemos, acerca de que con un buen resultado electoral el futuro del país nos puede empezar a sonreír. Tal es el caso de gente como Enrique Krauze, Denise Dresser, Sergio Sarmiento, entre otros, que a todos y cada uno de los candidatos presidenciales registrados ante el IFE les ponen peros y consideran que la llegada de cualquiera de ellos a Los Pinos sería aún más desastrosa de lo que de por sí la actual realidad ya es.

Peor aún resultan las opiniones emanadas por conductores de programas noticiosos de las cadenas nacionales de comunicación  que se dedican a propagar rumores estereotipados sobre los candidatos, con el propósito de lograr imponer la máxima de  Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Tercer Reich bajo el mandato de Adolfo Hilter, de que “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”.

En ese contexto, las opiniones de los supuestos ilustrados e influyentes medios de comunicación  sobre los candidatos presidenciales no pasan de ser meros puntos de vista subjetivos, que habría que verificar que están debidamente sustentados para ser dignos de tomarse en cuenta.

De allí la necesidad de que los candidatos a la Presidencia de la República cuenten con una estrategia eficiente para dar a conocer a la ciudadanía sus propuestas y compromisos de campaña, y de que ésta tenga la capacidad de evaluar correctamente la viabilidad de las mismas así como el impacto que tendrían sobre su situación personal y colectiva, y sobre el futuro del país.

Para facilitar un análisis objetivo de las propuestas de los candidatos presidenciales sería conveniente que instituciones de prestigio que se ocupan de la organización de los procesos electorales y del estudio de las situación económica y social que prevalece en el país, tales como el IFE, en el primer caso, y los más prestigiados centros de investigación y docencia, en el segundo, como la UNAM, el CIDE o el Colegio de México, intentaran evaluaciones integrales de las propuestas programáticas de los candidatos presidenciales, de las plataformas electorales de los partidos que los sustentan, del desempeño que como individuos han tenido a lo largo de sus gestión pública, así como de las cuentas que  gobiernos emanados de los partidos han rendido a la ciudadanía.

Un esfuerzo plausible en ese sentido, lo está llevando a cabo actualmente el   Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) que busca fomentar una discusión seria de los temas públicos y promover políticas más sólidas y eficaces. El CEEY seleccionó analizar las propuestas de campaña de los cuatro candidatos a la Presidencia de la República para el periodo 2012-2018 con objeto de exponerlas al escrutinio de expertos (académicos, consultores, profesionistas y miembros de organizaciones civiles) que, en mesas de análisis, lo discuten y evalúan con la perspectiva del ciudadano y del interés público. El propósito es ofrecer información que promueva una decisión más razonada del elector al darles seguimiento a los planteamientos de política.

Ya  en el 2006 CEEY evaluó las propuestas de los candidatos presidenciales de ese año, con una metodología semejante y un grupo de evaluadores similar al que ahora participará en este ejercicio.

Con base en la metodología del CEEY, los evaluadores revisarán, comentarán y evaluarán la compilación de las propuestas de campaña de los cuatro candidatos a la Presidencia de la República presidenciales, para su evaluación colegiada.

Este esfuerzo evaluará el material relevante presentado por los candidatos presidenciales  publicado en tres libros: “Nuevo proyecto de nación. Por el renacimiento de México”, de Andrés Manuel López Obrador; “México, la gran esperanza”, de Enrique Peña Nieto; y “Nuestra oportunidad. Un México para todos”, de Josefina Vázquez Mota. Se revisarán también las plataformas electorales registradas ante el IFE; así como los programas de gobierno presentados por los candidatos.

En una segunda etapa de evaluación, se tomarán en cuenta nuevos documentos de posicionamiento de los candidatos, así como las versiones estenográficas de los debates de campaña que organice y valide el Instituto Federal Electoral. Antes de la elección presidencial el CEEY dará a conocer su evaluación, que sin duda será una valiosa herramienta de ayuda para los ciudadanos interesados en emitir su voto de una manera razonada y objetiva, a  partir de una evaluación metodológica de los contendientes presidenciales.

Ojalá y la UNAM, el CIDE y el Colegio de México, y otras instituciones, retomen el ejemplo del ejercicio propuesto por el CEEY y lo repliquen con sus propias metodologías; que el IFE contribuya facilitando y apoyando ese tipo de esfuerzos. Lograr lo anterior, contribuiría sin duda a informar objetivamente a la ciudadanía sobre las ventajas y desventajas que implicaría votar por tal o cual candidato presidencial y coadyuvaría ciertamente a que el resultado de la elección fuera el efecto de un verdadero ejercicio democrático y no de una manipulación masiva de votantes, por enajenación, sumisión, o necesidad.