En México, como entre los polÃticos universales, suele asegurarse lo contrario de lo que se piensa. Por eso, incluso, la defensa de los execrables violadores insiste en que una negativa, en trámites seductores, equivale a un “sÆaun cuando haya forcejeo de por medio. Un argumento, desde luego, baladà pero que pinta de cuerpo entero las veleidades y las mentiras de la sociedad moderna. También no es poco frecuente escuchar a los amargados asegurar “al fin que ni la querÃa†cuando pierden la posibilidad de un acercamiento amoroso o un cargo con jugosas remuneraciones. El caso es no parecer derrotados después de una goleada emocional ni cuando las cifras revelan la escasez de simpatizantes o la volubilidad de éstos; como sucede ahora en cada uno de los “cuartos de guerra†de los candidatos en campaña. Y no sólo los presidenciables.
Examinemos a los postulantes a la Primera Magistratura con esta visión escrutadora:
1.- Cuando Andrés Manuel López Obrador asegura que su comportamiento, de llegar a la silla grande, no será autoritario es porque sabe de cuál es la opinión que de él tienen cuantos no son sus incondicionales. Hay, además, antecedentes para considerar la sentencia poca seria en voz del aspirante de la “izquierda unidaâ€: su desdén hacia el Legislativo cuando supo que le serÃa retirado el fuero constitucional cualquiera que fuese su defensa en abril de 2005; por cierto, en la vÃspera del juicio de procedencia, el propio personaje acuñó lo que es ahora centro de sus ponencias: “los amo desaforadamenteâ€, gritó, como si fuera un testamento. Y después accedió, por vez primera, a la candidatura presidencial.
Por supuesto quien no peca no tiene necesidad de aclarar cuáles son sus pecados; el hombre honesto no anda gritando a los cuatro vientos que lo es porque las explicaciones sobran. Y si López Obrador requiere subrayar que no es autoritario es porque se ha cansado de demostrar lo contrario en sus correlaciones con cuantos no forman parte de su grupo cercano, incluyendo a no pocos de sus correligionarios a quienes ha maltratado, de palabra y hecho, en cuanto han manifestado dudas sobre las decisiones discrecionales del personaje. Los perredistas de cepa, quienes nunca han pasado por el PRI por ejemplo, no dejan de señalarle como un hombre arrogante que finge ser “amoroso†por razones exclusivas de mercadotecnia. Él sabrá cuanto trae entre manos tras sus ocultos encuentros con los grupos subversivos del sur del paÃs, sobre todo. ¡Y quién hable de esto será considerado reo eterno de los infiernos derechistas!
2.- Lo mismo, Enrique Peña Nieto, cada que afirma su intolerancia hacia quienes cometieron delitos en el pasado –en concreto asà respondió cuando en Oaxaca los representantes del APPO le pidieron justicia contra el sátrapa Ulises Ruiz-, pareciera ocultar su propósito de no hacerlo para no incordiar a las mafias dominantes dentro de su partido. En el fondo, algunos de los polÃticos más cuestionados forman legión a su lado comenzando con Arturo Montiel a quien Germán Dehesa señalaba cada dÃa de impunidad; pero cuando don Germán murió, la memoria pareció extraviarse sin que se diera salida a las sospechas de prevaricación y a los escándalos matrimoniales del tÃo de Enrique; y en idéntica lÃnea podemos colocar al otro pariente, Alfredo del Mazo, el ex gobernador mexiquense que también pretendió la Presidencia aunque perdiera la nominación priÃsta ante Carlos Salinas -¿se acuerdan de la histórica “pasarela†inventada por el extinto y ominoso Miguel de la Madrid para jugar a la democracia?-, entre el grupo de los intocables.
Y ni qué decir de otros compañeros de viaje, muy a pesar de la ausencia de consejeros con experiencia –y cultura- que le alejen de los lugares comunes y de las cursilerÃas inventadas por Televisa –como el uso mediático de Angélica Rivero que está más para anunciar telenovelas que proponer el destino del paÃs-, dispuestos a la lisonja y al reiterativo aseguramiento de que los puntos de ventaja en las encuestas ya marcan una tendencia inalcanzable. En el carrusel de la vida moderna, ni siquiera puede apostarse a que las cosas suscritas ayer permanecerán hoy, mucho menos cuando se trata de sostener la opinión polÃtica entre quienes carecen de información sobre los actores de la trama.
De la misma manera, cuando Peña titubea cada que se habla de la negligencia que rodeó la muerte de su primera esposa, Mónica Pretelini, no sólo da pie a conjeturas sino, además, demuestra la ausencia de tablas para vadear los escollos, artificiales o no, que le pondrán sus adversarios durante los debates que, desde luego, no le serán cómodos a quien se jacta de ser “el puntero†de la justa, casi “futuro presidente†con toda la parafernalia que conlleva y pese a la resistencia de los actuales detentadores del poder central.
3.-¿Y Josefina, la amable y dulce mujer que se encontró con la candidatura del PAN como quien va por la calle y se encuentra con un billete tirado? Pues ella no tiene otro remedio que utilizar la vasta experiencia del panismo nacional para desacreditar –una costumbre bien asimilada durante las décadas en que este partido fue oposición-, y no para proponer. FÃjense: sigue sus referentes al pasado priÃsta sin comprometerse a buna autocrÃtica sobre las actuaciones del panismo a través de dos administraciones federales y algunas más en estados como Jalisco y Guanajuato en donde también habrá elecciones para gobernador. Esto es, el maniqueÃsmo como estandarte: “nosotros somos buenos y beatos; los de enfrente, perversos y corruptosâ€. ¿Y los muertos de Calderón en dónde los dejamos?¿En el mismo baúl en el que viajó a España el blindaje económico tantas veces sostenido por el propio régimen que optó por favorecer a sus socios del exterior antes de defender el patrimonio de los mexicanos?
Josefina, claro, no habla de Calderón. Para ella, y sus operarios, todo lo malo se concentra antes del 2000, cuando el PAN asumió la Presidencia y lo primero que hizo Fox fue reconocer que no todas las polÃticas del priÃsmo hegemónico, como dijo en campaña, estaban empapadas de corrupción e ineficacia. Al cabo del tiempo, la llamada “nueva clase polÃtica†superó los niveles de las inmoralidades de la prehistoria constituyéndose en referente del pasado, ya no el PRI sino el PAN, con un afán de continuidad fundado en sembrar el miedo por doquier. Tal ha sido y es la estrategia que pretenden será suficiente para rebasar a Peña Nieto y alejarse de López Obrador que, por cierto, sigue en crecida. La memoria es flaca y la sensibilidad polÃtica también.
De Quadri mejor ni hablamos porque nada le cuadra. ¿Creer en su independencia y en su seguridad ganadora, como repite a cada rato? La “maestra†debe estarse divirtiendo de lo lindo con las arengas del tÃtere. ¿Y a éste le van a dar el mismo tiempo estelar, durante los debates, aunque no sea votado ni por su familia? Algo debe corregirse para ir hacia la democraci9a y dejar atrás la infecunda demagogia, su antÃtesis.
Debate
Ya hemos dicho que los mejores discursos son los breves, por ejemplo el Sermón de la Montaña o el célebre discurso de Lincoln cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos; igualmente, tienen más calado las obras cortas –digamos el célebre libro rojo de Mao que todos los universitarios nos bebimos en la década de los setenta cuando nos creÃamos capaces de devorar al sistema-, sobre los engorrosos ensayos de los filósofos que no se entienden ni ellos mismos.
Pues lo mismo va para los debates: son mejores aquellos que no se explayan en lugares comunes –tales como la repetitiva relación de promesas y obras por hacer-, sino confrontan ideologÃas y exhiben las diferencias, no sólo fÃsicas sino sobre todo morales, de los contendientes. Se trata de conocerlos a fondo, en un apretado espacio, para tomarles el pulso y saber por donde andaremos cuando, después de ejercer nuestro derecho a sufragar, tomen el derrotero del poder. Recuérdese que por ignorantes un asesino infantil, Carlos Salinas, llegó a la Presidencia y nos legó el año terrible de la barbarie, 1994, con magnicidios al canto.
Debatir, insisto, es confrontar no apelar a las condiciones de civilidad para acariciarse verbalmente unos a otros sembrando la confusión general. Bien podrÃa comenzarse hablando de cómo pueden aliarse contrarios tan extremos, como el PAN y el PRD por ejemplo –desde 2010 en varias entidades del paÃs-, y por qué no ha sido capaz de sacudirse a las viejas mafias el PRI que se pretende renovado. Sacudir, interesar, responder, debe ser el contexto de cualquier debate polÃtico en el que esté en juego el destino nacional.
Lo demás, incluyendo formatos anodinos sobre temas recurrentes –la seguridad pública, la salud, el medio ambiente, la administración pública, la economÃa y, por supuesto, la maltratada educación-, no hará sino distraer a la opinión pública de lo central con más o menos maquillaje de por medio: el conocimiento cabal de los ponentes y la autocrÃtica que sean capaces de formalizar, sin rubores, ante cámaras y micrófonos. Cualquier otra cosa, sobra.
La Anécdota
Recuérdese, el célebre debate entre John F. Kennedy y Richard M. Nixon, en 1960, uno de los más trascendentes en la historia de este modelo. Quienes vieron por televisión el encuentro –cuando el medio estaba aún en sus albores- no tuvieron duda del carisma y de la seguridad de Kennedy al tiempo que observaban sudar a Nixon copiosa y desagradablemente. En cambio, cuantos siguieron por radio el intercambio dieron ganador a Nixon por cuanto dijo y no sólo por la imagen reflejada.
Lo mismo ahora. ¿Quiénes están dispuestos a creer en las monsergas de los lugares comunes de unos y otra? De no establecerse un fuerte diferendo, profundo en esencia, no habrá raiting que lo sostenga ni imagen que puea vencer al hastÃo ciudadano.
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¿PARA CUÃNDO LOS CANDIDATOS EXIGIRÃN AL IFE REGLAMENTAR LAS REDES SOCIALES ANTES DE QUE ÉSTAS ESTALLEN EL DÃA DE LA JORNADA ELECTORAL? EN OTRAS NACIONES YA SE HAN TOMADO MEDIDAS.
























