En el primer mundo –donde tanta hipocresía florece-, cuestionan, muy duramente, que se utilicen niños mexicanos para enviar mensajes cibernéticos con supuestos contenidos contra la violencia en los que los aspirantes infantiles a actores y actrices representan los papeles de la policía, los narcos y todos los villanos concebibles hasta terminar tras las rejas con un mensaje directo: “si éste es mi futuro, yo no lo quiero”. Las reacciones han sido variopintas pero, en lo general, se plantea cuál entonces será el destino de la juventud de nuestro país en un entorno cargado de malvados incluso dentro de las instituciones gubernamentales. Tas el el planteo de fondo, además de subrayar que con ello pareciera quererse adoctrinar a los infantes a seguir la senda de los bandoleros.
Cuando, en 1985, estalló el escándalo sobre las muertes del agente de la DEA, Enrique “Kike” Camarena Salazar y su piloto mexicano, lográndose meses más tarde la aprehensión de Rafael Caro Quintero, las autoridades se sorprendieron ante el fenómeno de la automática “popularidad” del capo y las deformaciones adyacentes, más visibles en quienes estaban entonces en proceso de formación y no dudaban en subrayar sus propósitos de seguir la senda del mal por donde les aguardaba, sobre todo, fortuna, mujeres y fama. Fue entonces cuando se motivó a los informativos para que no exaltaran a los criminales ni contaran sus historias con el objetivo de evitar imitadores dispuestos a seguir sus pasos a la primera oportunidad.
No han cambiado mucho las cosas desde entonces. No son pocos los niños que prefieren ser “capos” de la mafia a intentar erigirse como Presidente de México, antigua ambición de los infantes cuando este cargo era visto como la cúspide social y política, la cima casi inalcanzable que endiosaba a los hombres y los convertía en sujetos con impunidad eterna; y además, claro, multimillonarios y socios de algunas de las empresas de mayores rentabilidades, incluso transnacionales. Así se blindó, por ejemplo, Ernesto Zedillo cuando fue alcanzado por los duros señalamientos de que se había prestado a una parodia, la de la alternancia, traicionando al PRI y no por defender la democracia sino por seguir un trazado dictado desde fuera con la única finalidad de llevar a una derecha, complaciente con los intereses estadounidenses, al poder presidencial aunque no supiera gobernar; tanto mejor para los operarios de los Estados Unidos dispuestos siempre4 a las invasiones silenciosas y camufladas.
El antecedente es por demás interesante porque así parece querer proceder la familia Calderón, en busca de un refugio en el exterior, asegurándose las espaldas con el apoyo de las multinacionales a las que ha servido, sobre todo a los intereses españoles en México –vitales ahora luego de las abiertas amenazas de Argentina y Venezuela sobre las inversiones hispanas, específicamente las relacionadas con REPSOL, la petrolera de allá-. Por ello no sería difícil que, como han hecho otros políticos de renombre –por ejemplo Arturo Montiel que adquirió un palacete marbellí-, los Calderón cruzaran una vez más el océano, sin detenerse en la crisis europea, para instalarse en Barcelona, al lado de los catalanes a quienes tanto han servido en su enriquecimiento espectacular y casi automático. Lo deben querer mucho, como si se tratara de una especie de Messi político capaz de golear a favor de los consorcios ibéricos… con ciertos traspiés que podrían no perdonarle como cuando, a la muerte de Juan Camilo Mouriño, dejó precisamente a Repsol colgada del alambre y posibilitó el ingreso, subterráneo claro, de algunas compañías estadounidenses, la Shell entre ellas.
También en los Estados Unidos, los Calderón serían muy bien recibidos, como lo ha sido el doctor Zedillo, al que tanto admiran, sobre todo, por considerarlo un garante de la democracia por haber sido él quien estableciera las condiciones en México –depauperación y conatos de rebeldía-, para hacer posible la victoria, sin impugnaciones, de la derecha en 2000. Luego vendrían las elecciones de 2006 en donde el continuismo se impuso de la mano de los temores de los grandes capitales por una radicalización de la política. La democracia sólo es bienvenida, claro, cuando triunfan las facciones afines; de otra manera será controvertida y maltrecha. Así de contaminadas están las mentes por los fanatismos políticos.
De ello derivan, igualmente, las líneas generales de la propaganda proselitista con cruzamientos de descalificaciones –sobre todo contra y desde el PRI-, y escasez de responsabilidad para plantear, seriamente, cómo se enfrentarían los abanderados con alguna posibilidad de vencer en las urnas a los desafíos que heredarán de Calderón en fuga ya desde ahora: si le pusieran en una nave espacial sería bastante mejor para él aunque se quedara girando alrededor de la tierra hasta el fin de sus días. Porque, si de algo tenemos la seguridad, es de que a él, pese a cuanto haga estos meses para asegurarse, la impunidad tradicional no le será suficiente; ni siquiera si Josefina Vázquez Mota, la aspirante panista, llega a remontar los más de veinte puntos que le separan de Peña Nieto en sólo dos meses, una hazaña sin antecedentes y sólo posible con la alquimista acción del equipo de Antonio Solá Recher, millonario ya, quien se presenta como el gran “hacedor” de presidentes. Visiten, para confirmarlo, su página WEB bajo la firma Solá&Ostos.
Y todo ello con la complacencia inaudita de un gobierno entreguista hacia distintas direcciones, el norte y el mar océano. Acaso por eso los mensajes publicitarios sobre cuanto sucede en México están de moda en sendos horizontes. En España, las televisoras han pasado íntegros los mensajes infantiles que sólo niegan el futuro de nuestros niños sin esbozar siquiera alguna solución factible, alguna alternativa, como si ya la condena fuese irreversible por el caos general. Y entonces, ¿cómo es que no hay desconfianza entre los futuros inversionistas foráneos? Al contrario, la estrategia es abaratar a nuestro país lo suficiente como para hincarle el diente a precios de oferta… luego dispondrán de las plusvalías mientras desechan a los empresarios nacionales que son motivo de acecho por parte del fisco o de espionaje si no son aliados del mal llamado “nuevo régimen”.
¿Tiene sentido hacer recuento de cuantas promesas no cumplió Peña Nieto cuando es obvio que en ellas basó su escalada porque fue contando, una a una, sus realizaciones materiales?¿Por qué no se debate sobre la excesiva tolerancia del mismo ante el fenómeno d la violencia y los refugios mexiquenses de los narcos y secuestradores? Pero, más que nada, ¿por qué las confrontaciones son tan ligeras como la argumentación de las supuestas fallas en la ejecución de obras, y no involucran a la esencia misma, la ideología y las diferencias en el quehacer y actuar de uno y otros partidos, para que la ciudadanía pueda trazarse el rumbo que mejor le parezca? Esta debiera ser la cuestión medular y no el empeño de ensuciarlo todo… siguiendo la agenda de Los Pinos.
Debate
Las televisoras son las grandes ganadoras, económicamente hablando, de las campañas. Más del ochenta por ciento de las disponibilidades de los partidos –la mayor tajada es la del PRI porque se sigue la ruta de hace tres años cuando obtuvo mayoría en el Congreso-, para hacerle publicidad a sus ponentes. Y en año olímpico además, lo que les garantiza los suficientes dividendos como para no padecer de recesión ni crisis alguna. Salvaguardamos, digo, lo importante: la garantía de que no dejaremos las telenovelas para regocijo de las damas del ocio.
Otra cosa son los criterios editoriales. Es evidente que las tendencias las marcan los intereses y los números, no la disposición de los candidatos ni la alegoría feliz sobre la “república amorosa” que bien podría haberse lanzado a través de una serie telenovelada. ¡Cómo no se les ocurrió a los sabios venezolanos y cubanos que compiten con los catalanes en marketing político en pleno dominio territorial sobre México!¿No habrá mexicanos capaces para desarrollar tales tareas sin necesidad d desembolsar euros y dólares a satisfacción de los gobiernos que apoyan una u otra causa? Según los indicios, la respuesta es evidente.
Leopoldo Gómez González-Blanco, vicepresidente de Noticieros de Televisa, me aseguró, hace poco más de dos años, que no habría criterios selectivos. No ha sido así, ni allí ni en Televisión Azteca, en donde, claro, dominan otra clase de intereses y propósitos. Y éstos no salen de las apuestas personales –las de los dueños de sendas empresas- sobre el futuro de un país avasallado por los acuerdos soterrados de los grandes consorcios y de las mafias dominantes. No confundamos a unos y otros aunque se parezcan mucho.
El caso es que el despilfarro aumenta cada año a pesar de las “restricciones” del órgano electoral en ejercicio de una autonomía en la que nadie cree.
La Anécdota
Por cierto, en materia de debates entre aspirantes presidenciales –ahora, según parece, serán dos cuando menos-, llevamos treinta y cinco años de retraso respecto a la democracia de los poderosos vecinos del norte que nos exportan hasta sus modelos políticos. Fue en 1959 cuando Kennedy y Nixon intercambiaron puntos de vista y la imagen televisiva determinó al ganador; pese a ello, muchos escucharon, por radio, ganar a Nixon porque este medio no recogió los sudores del republicano ni el temblor de sus labios cuando hablaba. Ahora, todo es más sofisticado.
En México estrenamos la tradición en 1994, sobre la sangre política de Colosio derramada. Fue entonces cuando todos dijeron que Ernesto Zedillo había perdido el debate pero ganado la controversia porque se igualó, en fama pública, a dos líderes experimentados en una sola emisión. Ahora, el handicap está en contra de Josefina, la dama decente, que no tiene las tablas ni el arrastre de sus adversarios para dialogar en conjunto. Con tantas décadas de retraso no hemos podido superar los cartabones.

























