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La trama es vieja pero vuelve a cobrar actualidad. En Venezuela, que comienza a colapsarse por la enfermedad, en apariencia irreversible, de Hugo Chávez, salen a relucir, cada vez con mayor intensidad, las interrelaciones non santas entre el gobierno y los grandes capos de las mafias cuyos arreglos multimillonarios posibilitan al jefe del Estado a una capacidad de maniobra excepcional, con o sin petróleo de por medio –la otra gran fuente de divisas para el país sudamericano-. Mientras Chávez revienta de furia, sin aportar datos duros sobre su presunta inocencia, las sospechas llegan a la cúpula militar, encabezada por Henry Rangel, también la presidencia de la Asamblea Legislativa, cuyo titular es Diosdado Cabello, y, desde luego, al presidente de la nación cuyos periplos por Cuba podrían deberse a algo más que a los tratamientos por cáncer ya conocidos y publicitados con exceso. (Recuérdese que sobre el régimen cubano también existen similares sospechas cuyos rastros derivan de algunos elementos eliminados a mansalva por oponerse a los resolutivos de los Castro al respecto).
México, por desgracia, no es la excepción. Desde hace varios lustros se señalan las infiltraciones de algunas altas jerarquías militares con los “cárteles” con creciente territorialidad sobre entidades, además, que suelen aportar importantes porcentajes de votos al PRI, esto es como si se tratase de una suerte de conspiración, desde dentro, con el apoyo de una gama de traidores muy vinculados a los regímenes priístas anteriores al 2000 y dolidos por haber sido segregados de la carrera por la sucesión presidencial. Más claro, ni el agua.

Lo curioso del asunto es que, con esta base, la dirigencia panista acusa a la priísta de estar usado “dinero sucio” y exige una investigación sobre los fondos usados para la campaña del priísta Enrique Peña Nieto cuyos temores se reflejan, sin remedio, en los cambios de última hora en una agenda rebosante de tachaduras y enmendaduras. Por eso quizá algunos de sus actos programados no han contado con la asistencia esperada o, de plano, han debido ser evadidos ante los rumores sobre la presencia de provocadores que pudieran ser algo más. No se olviden las amenazas de Joaquín Guzmán Loera a Peña Nieto cuando éste era gobernador del Estado de México y pretendió dar un golpe contra “Nacho” Coronel, ahora integrante célebre de los “muertos vivientes” –lo que he dado en llamar “el cártel del Paraíso”, encabezado, claro, por Amado Carrillo Fuentes o, más bien, el personaje inventado por la DEA para camuflarlo-, en Metepec:

–¡No llegarás a la Presidencia! –le dijo el capo al mandatario, por teléfono naturalmente, evidenciando los controles… de la mafia-.

¿Hasta qué punto los grandes capos están detrás de uno o varios postulantes a la Presidencia?¿Está libre de sospecha la señora Josefina Vázquez Nava, convertida en un triste remedo de marioneta en manos de los sabios catalanes que la conducen?¿O Andrés Manuel quien, pese a los debates insulsos en horarios estelares, no explica cómo le hizo para no tropezar con los violentos de Oaxaca y Chiapas durante sus largos periplos, hasta el último rincón dijo, por estas entidades a través de ocho meses?¿Y no hablar respecto a Enrique Peña Nieto a quien le llueve por partida doble: primero, desde dentro con las mafias que dicen protegerlo; y segundo, por fuera, esto es por aquellos interesados en volarle la cabeza ahorrándose la pólvora?

De cualquier manera recalamos en el mismo punto: poco se hizo para evitar el uso del dinero sucio en las campañas políticas por más que el IFE se considere preparado para detectarlo. Hasta ahora, no ha sido así… ni siquiera mediante el espionaje orquestado desde la Secretaría de Seguridad Pública e incluso denunciado –esto es de lo más relevante-, por la propia abanderada del PAN en su pulso, nada discreto, contra Calderón y el refugio consiguiente de los Fox.

En la misma línea, jamás se indagaron las denuncias, bastante concretas, que comprometían a algunos de quienes han fungido como secretarios de la Defensa Nacional, en concreto dos de ellos –por encima de los demás, también señalaqdos-: el general Juan Arévalo Gardoqui, durante el ominoso sexenio delo ya desaparecido Miguel de la Madrid –a quien jamás alcanzó la justicia-, y el general Enrique Cervantes Aguirre, perteneciente al régimen de Ernesto Zedillo Ponce de León, venerado por los panistas de hoy por haber propiciado una “transición serena” en el 2000… incluida la lealtad excepcional del ejército formado históricamente contra la “reacción” y que no se sacudió siquiera tras la victoria del PAN y la asunción de los Fox, atrapados en su propia madriguera. ¿Vamos atando cabos, amables lectores?

En el caso singular del general Cerantes, hay denuncias concretas que no tuvieron seguimiento, sobre todo las que dictó, desde la prisión de alta seguridad de Almoloya, el defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, con quien dialogué en marzo de 2002, asegurando que una de las razones de su encierro había sido el haber descubierto a una patrulla de la Federal de Caminos, al servicio de la residencia oficial de Los Pinos, trasladando millones de dólares en apariencia para propiciar, sin molestias oficiales, una reunión entre Carrillo Fuentes y los Arellano Félix. Finalmente quien quedó detrás de las rejas fue Gutiérrez Rebollo mientras Ernesto Zedillo, y Cervantes, ganaban la protección de la impunidad como parte de las cuotas de la tersa transición. ¿Lo sabría el señor Fox? Sería bastante peor pensar que no.

Temo que en este álgido punto estén concentradas las verdaderas razones del “boom” del narcotráfico en nuestro país, el segundo de ellos –el primero se dio bajo el mando del señor De la Madrid quien dudamos descanse en paz-, con una importante sección del ejército evidentemente infiltrado. No es difícil pensar, a estas alturas y tras doce años de supremas negligencias desde la casa presidencial, en acuerdos soterrados y en negociaciones ocultas para posibilitar las interrelaciones entre algunos mandos militares –no todos… porque no son pocos los altos generales indignados por las bajezas de sus compañeros de armas-, y las mafias con extendida territorialidad. Por eso no nos sacudes las informaciones sobre las tramas venezolanas –y la de otras naciones, Argentina entre ellas, con todo y el joven artífice de la expropiación de la petrolera YPF, filial de la española Repsol, Axel Kicillof-, porque en México llevamos una muy importante delantera en materia de impunidad e infiltraciones de los cuadros militares.

Y no sólo eso: también, en materia de violencia –y especialmente contra los periodistas e informadores- formamos el podio con naciones como Pakistán e Irak, en medio de ellas y dentro de los bloques de alerta en todos los noticiarios del primer mundo. Y ni así bajan las inversiones: comprar lo que se abarata oficiosamente siempre ha resultado un gran negocio. Carlos Slim sabe mucho al respecto.

Debate

Cuando de México se habla en los medios internacionales es para sumar víctimas a la ya larga lista que será el gran baldón del sexenio de Calderón, no el del “empleo” sino el de la violencia. Otra colega periodista, asesinada en Xalapa, Regina Martínez, asesinada en su casa, tiene visos de haber sido parte de una trama desestabilizadora como cuando comenzaron a aparecer cadáveres en los bulevares del puerto de Veracruz posiblemente recogidos en otras regiones. El caso es que no puede dudarse de la existencia de un plan, en toda forma, para complicar el proceso electoral, poco a poco, como van las encuestas, hasta sus detonantes en junio, tal y como ocurrió, por desgracia, en Tamaulipas en 2010 y en vísperas de las elecciones para gobernador.

El problema de fondo es que ya no existen garantías, en nuestro país, para el ejercicio de la libertad de expresión. Los riesgos son tan altos y los resultados tan pobres que, la verdad, cualquiera –incluyendo este columnista quien también tiene días a la baja-, se pregunta si vale la pena seguir siendo carnada de los grandes tiburones camuflados dentro y fuera de la política actuante. Repito: a los “capos” no les interesa matar periodistas porque, para ellos, la celebridad es parte de la perentoria gloria terrena que buscan; a quienes sí les afectan las denuncias son a cuantos medran a dos bandas, en la política y por sus nexos con las mafias, sintiéndose todopoderosos e inalcanzables. Cuando menos, han tenido razón hasta el momento… y dudo que cambien las cosas antes de la próxima sucesión presidencial. ¿Y después? Sigo dudando cualquiera que fuese el resultado

El hecho indiscutible es que, en este renglón –el de asesinatos y persecuciones contra periodistas- alcanzamos ya un deplorable segundo lugar mundial, sólo debajo de Pakistán y arriba de Irak, dos naciones en guerra en donde la vida pende del hilo de la autocracia y los rencores. En nuestro país, se habla de democracia mientras se sigue asesinando a quienes tratan de actuar, simplemente, como seres libres.

La Anécdota

Recuerdo una sentencia de quien fuera regente de la ciudad de México, Ramón Aguirre Velásquez, guanajuatense y a quien reconozco como amigo luego de muchos años de conocernos –ya puedo decirlo por cuanto le hemos señalado pros y contras-, durante la gestión presidencial del extinto Miguel de la Madrid:

–No se preocupe por el gobierno; de aquí no saldrá nada contra usted. Mejor cuídese de quienes, por hacernos un favor supuestamente, pretendan hacerle algo a usted.

Es decir, cualquiera que transite por la calle y me vea como cartel de recompensa. Y, por desgracia, la nómina de asesinatos fue subiendo hasta situarnos en el deplorable punto actual.